martes, 27 de agosto de 2024

CONTRA EL ANTICOMUNISMO II PARTE

 

Como hemos señalado, el anticomunismo puede tener un costo político altísimo, incluso en vidas humanas en los casos más extremos, para el Partido Comunista, pero también para todo el movimiento popular y aún para el sistema democrático nacional.

                         Contra el anticomunismo I Parte 

De este modo y en estricto rigor, debieran luchar contra el, los comunistas, quienes se identifiquen con el movimiento popular y aún todos los demócratas. Así lo han entendido en diversos momentos una larga lista de personas, que sin ser comunistas, y organizaciones, que sin ser dependientes del PC, han expresado de diferentes maneras su rechazo al anticomunismo. En esta línea podemos ubicar, entre otros, a Salvador Allende y Gabriel Boric, entre quienes han alcanzado el sillón presidencial, a intelectuales y premios nacionales como Gabriel Salazar y Tomás Moulian, a escritores como Isabel Allende. Instituciones, como la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, y otras federaciones estudiantiles, que han defendido históricamente la diversidad ideológica y han rechazado el anticomunismo. En un sentido parecido se han pronunciado organizaciones nacionales de derechos humanos, como la Vicaría de la Solidaridad, la Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU), o internacionales como Amnistía Internacional, entre otras.

 

No cabe duda sin embargo que quienes deben tener el mayor interés en combatir el anticomunismo debemos ser los propios comunistas. Atendido lo anterior, en nuestra opinión el enfrentamiento al anticomunismo desde el Partido Comunista, debiera considerar, tal como lo señalaban Marx y Engels hace casi 180 años, dos cosas. En primer lugar, tomar conciencia de que el comunismo para muchos es un verdadero fantasma, y en segundo, que ya es tiempo que los propios comunistas combatan a ese fantasma exponiendo sus propias ideas.

Ahora bien. Ninguna de estas dos líneas fundamentales es tan sencilla como pareciera desprenderse de la simpleza con que los propios autores del Manifiesto lo señalan.

Algunos podrían estimar que esa toma de conciencia ya existe. Y una prueba de ello la daría la propia y reciente Convocatoria al XXVII Congreso del Partido, que en estos momentos se está celebrando. En ella, entre otras cosas, se lee

“Por ello, en las actuales condiciones, las manifestaciones de anticomunismo, tan presentes no solo en las fuerzas de extrema derecha, constituyen no solo una severa y grave amenaza para nuestro partido. Develan una profunda disputa cultural y de masas, entre quienes aspiran a la emancipación plena del ser humano, versus quienes buscan profundizar la dominación del capital. Pero también son una amenaza para el proyecto de transformaciones que represente al pueblo de Chile. Por ello, es un imperativo político combatir toda manifestación de anticomunismo en todo frente social, político y en la construcción de opinión pública, puesto que cuando este se consolida, se daña la democracia y la profundización de la misma.”

Sin duda que se trata de una declaración importante, pero dadas las actuales condiciones necesitamos más que eso. Es un buen punto de partida, pero tenemos que avanzar mucho más. Y lo primero, volvemos a repetirlo, es tomar conciencia del problema. Y hacerlo significa de inmediato varias cosas.

Tomar conciencia es, por un lado, asumir seriamente que para algunos, sin que exista mala intención de su parte, el comunismo es exactamente un fantasma (o un espectro como se le suele traducir también ahora), que evoca miedo. Pero de modo paralelo a esto, hay que tomar conciencia también que esa realidad que viven muchos de quienes tiene miedo al comunismo, ha sido creada, desarrollada y fomentada conscientemente por fuerzas políticas interesadas en ello.

Por otro lado, ello también implica asumir que el fenómeno del anticomunismo es una realidad especial de la lucha ideológica, que, tal como lo vimos, no es la simple crítica a las posiciones PC.

Del mismo modo, es imprescindible asumir que se trata de un fenómeno importante, que su desarrollo puede traer consecuencias nefastas, funestas en verdad tanto para el Partido como para el pueblo chileno.

Por último, es imprescindible considerar que esta toma de conciencia debe ir desde todos y cada uno de los miembros del Comité Central, hasta todos y cada uno de los militantes de todas las células.

Sólo así podremos decir que existe conciencia en nuestro partido de lo que significa el anticomunismo.

Pero si hasta aquí la propuesta ya es compleja, sin duda lo que viene es mucho más. ¿Qué ideas debemos exponer? ¿Cómo las debemos exponer? ¿Quiénes las deben exponer? ¿Dónde las debemos exponer? Son algunas de las preguntas que nos surgen de inmediato respecto a esta propuesta.

Desde lo formal, lo primero que nos parece obvio es que ya no basta con un texto como el Manifiesto (Además de que por cierto no tenemos a los genios que lo escribieron).

Una segunda cuestión a considerar es que la respuesta que sea, no puede ser resultado de la improvisación o la espontaneidad, sino por el contrario, debe ser la consecuencia lógica de un trabajo pensado, meditado, destinado explícitamente a combatir el AC.

Este enfrentamiento debe hacerse en todos los planos posibles, internos, externos, ideológicos, políticos, orgánicos, propagandísticos, así como en todas las instancias del partido, desde la célula más recientemente creada, hasta la Comisión Política y el Comité Central.

En la actualidad el PC vive su XXVII Congreso, lo que constituye sin duda un momento político propicio para abordar un tema como este. Si bien ya es posible que todas y cada una de las células debieran haber terminado o estar terminando su análisis de la Convocatoria y de los distintos temas que ellos se hubieren planteado, aún quedan instancias comunales, regionales, centrales, etc., en donde abordar y relevar el tema.

En nuestra opinión, sería altamente deseable que el Congreso:

·         Identifique y defina la lucha contra el anticomunismo como uno de los objetivos centrales de la lucha ideológica, para todos los militantes del partido.

·         Que se cree una comisión encargada, por un lado de estudiar, analizar e identificar los principales aspectos explotados por el anticomunismo (política internacional, democracia, libertad, etc.), detectar elementos objetivos de nuestro propio que hacer, que, aunque sea parcialmente, faciliten el desarrollo del AC., y los mecanismos de difusión masiva que emplea para ello, y proponga actividades de enfrentamiento del problema, para las distintas instancias partidistas, ya sea a nivel de Comité Central, estructuras intermedias y particularmente de las células.

·         Que se elaboren mecanismos de capacitación de nuestros militantes, cartillas, textos, videos, cursos, etc., centrados en entregar argumentos para que nuestros militantes puedan identificar y combatir el anticomunismo en todas sus expresiones.

·         Que dicha capacitación tenga muy presente que dado el alto nivel de irracionalidad que puede tener en algunas personas el discurso anticomunismo, se entreguen también elementos que vayan más allá de los argumentos racionales, que desmienten las aseveraciones anticomunistas formuladas, y nos ayuden a abordar aspectos como el miedo o la propia irracionalidad.

·         Que cada célula y cada organismo del partido se avoque al estudio del tema, considerando especialmente dos cuestiones, por un lado, la identificación de las expresiones y conductas anticomunistas con las que ellos se encuentran más a menudo en el trabajo político regular, y por otro, las maneras específicas de enfrentar dichas manifestaciones, lo que entre otras cosas debiera considerar, los argumentos para rebatirlos así como las instancias y momentos donde expresarlos.

En el combate permanente al anticomunismo, nos parece que un papel relevante consiste en identificar los principales contenidos ideológicos que éste difunde y masifica y desde allí elaborar las principales respuestas ideológicas a esas ideas.

De este tema trata la tercera parte de este trabajo.

 

Continuará III Parte “ALGUNOS CONTENIDOS ESENCIALES DEL RELATO CONTRA EL ANTICO”

 

domingo, 18 de agosto de 2024

CONTRA EL ANTICOMUNISMO (I parte)

 

                                I parte Sobre el Anticomunismo




Desde hace ya algunos años, y particularmente desde el estallido social (octubre de 2019) y con mayor fuerza aún desde que se empezara a perfilar Daniel Jadue como eventual candidato a presidente de un conglomerado de izquierda, el anticomunismo fue adquiriendo cada vez dimensiones más elevadas, hasta alcanzar, este año, niveles pocas veces vistos. En estos días, las elecciones en Venezuela han servido para que toda la derecha y la ultraderecha, pero además esta vez acompañada de militantes del auto llamado “socialismo democrático” y la Democracia Cristiana, se unan en coro a pontificar sobre lo terrible y antidemocrático que son los comunistas.

No fue casualidad que hace unos meses atrás el propio Presidente de la República, Gabriel Boric, en una actitud absolutamente inusual, denunciara lo que el llamó “anticomunismo visceral” de la derecha hacia el PC. “El anticomunismo visceral de algunos sectores políticos y sus medios afines en nuestro país es demasiado evidente”, señaló en ese momento. En lo que va de este año hemos visto, entre otras múltiples manifestaciones, intentos por responsabilizar al PC del crimen del teniente venezolano Ojeda, esfuerzos por descalificar a Karol Cariola como posible presidenta de la Cámara de Diputados, impedimentos a Daniel Jadue para viajar fuera del país, cuando aun no estaba formalizado, operaba la presunción de inocencia y por sobre todo, ningún tribunal la había aplicado ninguna medida cautelar, luego su absoluta y desproporcionada prisión preventiva, y ahora, intentos por excluir al PC de la coalición de gobierno.

El Partido Comunista, como toda obra humana, está sujeta al análisis y la crítica de sus ideas o sus prácticas. Como frente a cualquier otra, la crítica despiadada de la historia puede poner en evidencia sus debilidades, sus errores, sus contradicciones. Disciplinas como la sociología, la antropología, la filosofía. aún la psicología y por supuesto la política, pueden inmiscuirse en el seno mismo de éste, y entregar sus opiniones, que pueden ser muy severas. Más aún, como hijo legítimo del siglo del racionalismo, el marxismo estimula la crítica y el análisis de sus propuestas.

Desde una perspectiva ideológica, las principales críticas a las ideas y prácticas del PC vienen del conservadurismo católico, el fascismo, el liberalismo económico y el nacionalismo. Desde una perspectiva política, las principales críticas vienen desde la derecha y la ultraderecha. Y frente a ellas no le queda más que presentar sus argumentos y en el enfrentamiento democrático de las ideas, esperar que triunfen las del PC.

Pero no es a la crítica fundada en la razón, basada en argumentos legítimos a la que se refería el Presidente Boric, sino al “anticomunismo visceral” como él lo bautizó.

En verdad el anticomunismo corresponde en su desarrollo histórico a una reacción, con altos grados de irracionalidad, en contra de cualquier proyecto que desde sus primeras manifestaciones, se proponga cambiar radicalmente ciertas condiciones sociales y en particular las basadas en la explotación de los seres humanos.

Por anticomunismo no nos estamos refiriéndonos a las ideas contrarias al comunismo, sino a ese verdadero sentimiento de rechazo o repugnancia hacia todo lo que se relacione o identifique con el marxismo, los partidos comunistas o incluso los países que se asocian o en algún momento se identificaron con ese pensamiento. Más aún, a menudo se manifiesta contra toda perspectiva de cambio social profundo, más allá de si es defendido o no por corrientes marxistas. (Después de todo, en nuestra historia los socialistas, los radicales, y hasta los democratacristianos han sido tildados de comunistas antaño, y hoy por cierto el Frente Amplio, y el propio Boric).

El anticomunismo es un fenómeno global y local, que en cuanto idea busca construir opinión pública, y se explica principalmente por la defensa que hace un sector político de un sistema social en crisis, que explota a millones de seres humanos, y que los comunistas, y muchos otros, quieren cambiar. Por ello, en gran medida el anticomunismo es hoy dirigido desde Estados Unidos, se presenta cuando hay un Partido Comunista con incidencia en el mundo político y se acentúa aún más cuando se aproximan decisiones políticas relevantes, (elección, votación parlamentaria, conmemoración, etc.), o se temen situaciones de esa envergadura (como un nuevo estallido) en la que los comunistas puedan llegar a jugar un rol destacado.

El anticomunismo se remonta, en la historia, a la primera mitad del siglo XIX, cuando el “comunismo” carecía de toda relación con el marxismo, y se vincula en sus orígenes con las reacciones contra la modernidad. El Manifiesto Comunista, de Marx y Engels, (febrero de 1848), da cuenta de ello en su primera frase: “Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo”.

En nuestro país el anticomunismo ha constituido un elemento estructural de la historia política de nuestro país en los últimos 100 años. Es decir, no sólo ha influido directamente durante este tiempo, sino que en muchas oportunidades ha condicionado totalmente el debate político.

Sus primeras expresiones son también previas a la llegada de las ideas marxistas y por supuesto de la fundación del Partido Obrero Socialista, (1912), más tarde Partido Comunista, (1922). Ellas dicen relación primero con las propuestas de Bilbao y Arcos, pero más fuertemente con las noticias difundidas ante los hechos conocidos como “la Comuna de París”(1871), y se refuerzan con la divulgación de la encíclica “Rerum Novarum” (De las cosas nuevas), (15.05.1891), primera encíclica social de la Iglesia Católica, sacada precisamente para criticar ideológicamente a todos quienes frente a la llamada en ese entonces “cuestión social”, criticaban severamente el modelo económico, político y social, y proponían cambios relevantes en estos ámbitos. Es sin embargo el triunfo de la Revolución Bolchevique primero y la constitución de un “Partido Comunista” en 1922, lo que aceleran profundamente el anticomunismo.

El anticomunismo se manifiesta históricamente como una verdadera corriente política, cultural, pero sobre todo emocional, que se ha mantenido gracias al permanente desarrollo que la derecha ha hecho de él (aunque también ha habido anticomunismo de centro, laico, religioso, socialista y también ultraizquierdista) que ha tenido un fuerte impacto en la historia política del país, y siempre con un alto contenido antidemocrático y frecuentemente ha sido la justificación de groseras violaciones a los derechos humanos. Ya estaba presente en los tiempos de la dictadura de Ibáñez,(1927-1931) cuando éste persigue y encarcela a muchos de sus dirigentes, enviando incluso a algunos, como Elías Laferte, a la Isla de Juan Fernández, en la campaña del Frente Popular, posteriormente es el sustento de la ley maldita, en 1948, promovida por González Videla, elegido con los votos y el trabajo electoral de los comunistas, alcanza dimensiones increíbles en la “campaña del terror” de 1964, que posibilita la elección de E. Frei en 1964, más tarde está en la campaña de Alessandri contra Allende en 1970, durante todo el gobierno de la Unidad Popular y constituye el único elemento ideológico común de las diferentes fuerzas que respaldaron la dictadura de Pinochet, (básicamente conservadurismo católico, nacionalismo fascistoide y neoliberalismo brutal), constituyéndose durante ésta en verdadera “política de estado”.

Lo particular del anticomunismo es que las más de las veces carece de fundamento lógico, racional, se sustenta esencialmente sobre la base de mentiras. Pero una mentira, que con infinitos recursos es repetidas miles de veces por los medios de comunicación de masas, todos en poder de las clases dominantes, va formando realidad.

Uno de los mecanismos más comunes del anticomunismo es el uso de noticias falsas. Ya se trate de atribuirle a una persona declaraciones falsas, de la utilización de fotografías manipuladas o de echar a correr rumores sobre la vida particular o de algún familiar de líderes del PC. En este sentido, lo que se ha dicho sobre Camila Vallejo puede estimarse ejemplificador. Así, se ha difundido que era dueña de un Audi A9, que defendía el “derecho a la pedofilia”, que su padre era un falso “detenido desaparecido” y mil mentiras más. Un tipo especial de mentiras lo constituye la llamada “propaganda negra”, esto es, un mensaje que se presenta como proveniente del mundo marxista, cuando en realidad está creado por el anticomunismo, con el fin de desacreditar, engañar o manipular a la audiencia.

El discurso anticomunista con frecuencia utiliza también argumentos contradictorios de manera oportunista. El más obvio es sostener que el comunismo es prácticamente el causante de todos los males (en el país, en el mundo, donde sea) y a continuación señalar que es una ideología obsoleta que ya no tiene fuerza en ninguna parte.

Por regla general, no apela a la razón del interlocutor, sino a la emoción. Busca generar una fuerte carga emocional negativa, en donde los aspectos racionales de la conducta humana sean desplazados por respuestas impulsivas, fundadas preferentemente en el miedo, el “miedo al comunismo”. No por nada se suele hablar, como ocurrió en 1964, de “campaña del terror”.

Su carácter de “discurso de odio” y peligroso no es sólo para los comunistas, sino para todo el movimiento popular y en general para quien valore la democracia. El mejor ejemplo de ello sigue siendo la dictadura.

El anticomunismo afecta a todo el sistema político nacional. Desde luego nos dificulta llegar a gente que no debería estar en contra nuestra, limitando o disminuyendo la influencia del Partido Comunista, promueve su aislamiento respecto de las otras fuerzas políticas posibles de constituir alianzas con él y claramente justifica la represión de sus militantes. Pero además, afecta en su totalidad al movimiento popular, pues inhibe el desarrollo de éste, de una conciencia de clases, frena las luchas obreras y populares y divide a las fuerzas sociales y políticas populares y democráticas. Por último, el anticomunismo afecta también a todo el sistema democrático, tergiversa la voluntad popular haciendo que mucho voten en base al miedo que provoca la mentira, excluye la presencia comunista de espacios ganados democráticamente, promueve y justifica la persecución, tortura y eliminación de militantes comunistas y no comunistas.

En síntesis, en nuestra opinión, el anticomunismo es, en el ámbito ideológico el principal enemigo que tenemos, su existencia ha significado un altísimo costo, político, social y no pocas veces, de vidas humanas.

 

Como Partido, debiéramos prepararnos adecuadamente para enfrentarlo.

 

 

                                 II Parte “Contra el  Anticomunismo”






jueves, 25 de julio de 2024

MACAYA, LARRAIN Y DANIEL JADUE. O la Ley del Embudo

 Desde diversos lugares de Chile, y aún del mundo, un sinnúmero de personas ha pedido que se deje en libertad a Daniel Jadue, por tratarse su encarcelamiento de una conducta discriminatoria, de una verdadera persecución política. Así lo han hecho, entre otros, miles de personas a nivel nacional([1]) y cientos a nivel internacional([2]).

En nuestro país la derecha se ha escandalizado por una afirmación semejante. No les parece posible que alguien sospeche siquiera que el sistema judicial pueda tener un sesgo político y sumarse al anticomunismo que el propio presidente de la república había denunciado hace algunos meses. En una posición paralela, “estamos en plena democracia”, “dejemos que las instituciones funcionen”, el “Poder Judicial es independiente”, etc., distintas autoridades de gobierno y representantes de partidos del oficialismo han salido a defender la conducta de los tribunales, afirmando la imparcialidad del Poder Judicial.

Desde luego no deja de sorprender la amplitud del espectro nacional que se ha mostrado en “santa cruzada”. (Algo así como “el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes”([3]).

Pero más allá de esa extraña coincidencia, vale la pena abordar la discusión con un poco de detalles.

Desde el ámbito especulativo, podemos teorizar asumiendo que una persecución política a Daniel Jadue no vendría más que a concretar una faceta más del anticomunismo visceral ya denunciado, más aún, a dejar nuevamente en claro que lejos de ser imparcial,  la justicia responde a los intereses de la clase dominante. Planteamientos de esta naturaleza ha habido en las últimas semanas y no han faltado quienes los han descalificado a priori haciendo presente que se trata del pensamiento marxista (y por tanto propio y exclusivo de los comunistas, con todo el “desprestigio” que eso significa). Más allá de lo absurdo que representa descalificar un planteamiento por el sólo hecho de formar parte de una determinada doctrina, resulta interesante recordar que la idea ni es exclusiva del marxismo ni nace con él.

En verdad ya Platón, en “La República” y a través de su personaje Transímaco, había presentado la tesis de que los gobiernos crean leyes que benefician sus propios intereses y la justicia es simplemente lo que es ventajoso para el más fuerte. Y así como él, son cientos los intelectuales que desde diferentes perspectivas han planteado, de una u otra forma, algo similar. Ya en el siglo XIX el filósofo liberal Rudolf von Ihering nos enseñaba que todo derecho era resultado de “La lucha por el derecho”, (1872), o dicho de otro modo, que la norma jurídica, lejos de ser resultado de un acuerdo sobre el “bien común” o algo así, es resultado de quien gana la lucha. Durante el siglo XX son numerosísimos quienes, con diferentes matices insisten en que el derecho no es neutro. Sólo por mencionar a algunos,  , Pierre Bourdieu señala que las leyes y normas reflejan las relaciones de poder existentes y sirven para legitimarlas y perpetuarlas, M. Foucault, que las instituciones legales y penales funcionan como mecanismos de control social al servicio de los poderosos. Hoy, movimientos académicos e intelectuales, cercanos al marxismo, como el de “Criminología crítica” en América Latina o contrarios a él, como el de los Estudios Jurídicos Críticos (Critical Legal Studies, CLS) en Estados Unidos, han dejado en claro que el derecho y el sistema penal particularmente lejos de ser neutrales, objetivos o apolíticos, reflejan y perpetúan las desigualdades sociales, económicas y políticas existentes. Anatol France con una fina ironía nos recordaba que “La Ley, en su magnífica ecuanimidad, prohíbe, tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar por las calles y robar pan para comer”.

Desde la perspectiva popular, los sectores más pobres lo han sabido desde siempre.  Unos versos rescatados de un muro de la cárcel pública de Santiago a fines del siglo XIX, describían, hace unos 130 años, con gran ingenuidad, pero sabiamente esa situación:

 “En este lugar maldito,

donde reina la tristeza,

no se sanciona el delito,

se sanciona la pobreza.”

 

Pero más allá de los aspectos meramente teóricos, que por cierto son fundamentales al momento de realizar un análisis doctrinario del problema, una mirada a nuestra historia reciente puede ayudarnos a tener una idea más concreta de la situación.

Desde luego pocos se atreverán a negar que el Poder Judicial en general, y particularmente la Corte Suprema, actuaron como verdaderos cómplices de los crímenes de la dictadura, desde el momento mismo del golpe de estado. Sólo por recordar algunos hechos, los máximos representantes de la CS acudieron poco después del golpe de estado a saludar y darle su respaldo a la recién instalada Junta de Gobierno, más tarde expulsaron del Poder Judicial a decenas de miembros que eran percibidos como simpatizantes del gobierno de Allende, paralelamente dieron legitimidad a los absolutamente ilegítimos decretos leyes, y durante los 17 años se negaron a acoger los recursos de amparo que se interponían ante las detenciones ilegales, etc., otorgando impunidad absoluta a torturadores y asesinos.

Asumiendo entonces que alguna vez, tal vez, quizás, pudo existir la posibilidad, por remota que haya sido, que nuestro sistema judicial no fuera del todo equilibrado, demos una mirada a algunos casos de los últimos años a ver si de ellos podemos sacar alguna enseñanza.

Recordemos para empezar que Daniel Jadue está recién “formalizado”, esto es que el Ministerio Público (fiscalía) ha presentado ante un juez antecedentes que les permiten sostener que existe una sospecha fundada de que esa persona ha cometido un delito y que se encuentra en prisión, en una determinada celda,

Por el contrario, recordemos que el “señor” Macaya, que ha sido juzgado y condenado a 6 años, por delitos de abusos sexuales a menores, y se encuentra en su casa.

Aclarado lo anterior consideremos lo siguiente.

El bien jurídico protegido con las figuras que se le imputan a Jadue es básicamente el “patrimonio fiscal”. Por el contrario, en el caso de Macaya es la “indemnidad sexual de los menores”. Tenemos aquí de partida una diferencia sideral. Mientras uno se refiere a aspectos económicos, reparables por la misma vía si fuere pertinente, la indemnidad sexual de los menores implica un atentado que prácticamente no tiene reparación directa, que puede perturbar definitivamente la personalidad de los afectados, y por sobre todo que afecta a un tipo de personas que la humanidad entera ha reconocido como dignas de una protección especial, los menores en la Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1989, que precisamente tiene como objetivo esencial garantizar la protección integral y el desarrollo de los niños y niñas del mundo.

Un segundo elemento a considerar es que en el caso de Jadue estamos ante una persona contra quien recién se inicia un juicio, en el de Macaya contra un individuo condenado en primera instancia, y a una pena que sólo se puede cumplir privado de libertad.

Otro elemento a considerar es el trato recibido. Mientras Daniel Jadue ha sido exhibido esposado, trasladado por gendarmería, ocupando una determinada celda y sujeto a el sistema regular de visitas limitadas, Macaya, no ha sido exhibido esposado, y durante el poquísimo tiempo que ha estado sometido a la custodia de gendarmería fue llevado al recinto carcelario en vehículo privado, no ha estado en ninguna celda común, sino en la enfermería (sin estar enfermo) y luego en una celda especial para mujeres, con baño privado y sin restricciones de visita.

En verdad como ha señalado la diputada Carmen Hertz “todo lo hecho por el sistema judicial en relación al abusador sexual reiterado de menores Eduardo Macaya es descarado, violento, impúdico”.

Alguien podría sostener que lo de Macaya es sólo una excepción, y nuestros tribunales son ecuánimes. Pero las excepciones parecen ser demasiadas. Y para muestra, algunos botones. A Carlos Délano y Carlos Lavin por los delitos tributarios cometidos e investigados en el llamado caso Penta, el año 2018, los condenaros a seguir clases de ética, mientras el año anterior, el 2017, “…3 mil 92 personas inocentes estuvieron privadas libertad para luego ser absueltas.., a Martín Larraín, hijo del senador Carlos Larraín, presidente del P. Nacional, que manejando en estado de ebriedad atropelló y dio muerte a Hernán Canales Canales y luego se fugó, ¡¡lo absolvieron!!!, a la ex alcaldesa UDI de Antofagasta, Karen Rojo, condenada a cinco años y un día por delitos de fraude al fisco, ni siquiera la sometieron a la medida cautelar de prohibición de salir del país, y pudo fugarse tranquilamente por el aeropuerto de Pudahuel. Y mientras tanto, tenemos 18 exuniformados prófugos de la justicia, condenados por diversos delitos de lesa humanidad, algunos involucrados en el crimen de Víctor Jara y Littré Quiroga, en la ejecución de 38 campesinos en el Caso Paine principal, el asesinato del diplomático español Carmelo Soria, Operación Cóndor, Caravana de la Muerte y Caso Quemados, entre otras investigaciones.

La ley del embudo en su máxima expresión.

                                                                                                   Santiago 25 de julio de 2024

 



[1] A nivel local, entre ellos, Raúl Zurita, poeta, escritor y Premio Nacional de Literatura; Hugo Fazio, economista y exvicepresidente del Banco Central; Diamela Eltit, escritora y Premio Nacional de Literatura; Mauricio Redolés, poeta y músico; Jorge Arrate, economista, exministro y excandidato a la presidencia; Carlos Insunza, consejero nacional de la Central Unitaria de Trabajadores; Ana Lamas, presidenta de la Confederación de Trabajadores del Cobre; Tania Melnick, vocera de la organización Judíos Antisionistas y de la Coordinadora de Palestina; Carmen Hertz, Lorena Pizarro y Luis Cuello en representación de diputadas y diputados comunistas; Claudio Narea, músico; Manuel Riesco, economista; Francisco Villa, cantautor; Pablo Slachevsky, director de LOM Ediciones; Cristian Cuevas, presidente Partido Popular; Gabby Rivera, presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos.

[2] Entre ellos, Enrique Santiago, secretario general del Partido Comunista de España y diputado de Sumar; Pablo Iglesias, exvicepresidente segundo del Gobierno español; Maite Mola, secretaria de Relaciones Internacionales del Partido de la Izquierda Europea (que agrupa a más de 40 partidos de ese continente); Susan Borenstein, activista social de Estados Unidos, quien obtuvo la Medalla Bernardo O’Higgins del Estado de Chile por su acción solidaria durante la dictadura; Mónica Valente, secretaria ejecutiva del Foro de São Paulo, Brasil; Roger Waters, integrante del grupo musical inglés Pink Floyd; Rita Segato, antropóloga argentina; Inna Afinogenova, periodista rusa; Federica Matta, artista plástica; Emir Sader, filósofo brasileño; Jorge Magasich, historiador; Nelson Mandela Forum; el sociólogo argentino Atilio Borón, el presidente de Colombia Gustavo Petro.

[3] “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a este fantasma: el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes”. MARX Y ENGELS, Manifiesto del Partido Comunista, 1848.

viernes, 19 de julio de 2024

CRÍMENES CONTRA MENORES

 

En uno de los fines de semana más marcado por la violencia homicida, el asesinato de 4 menores de edad en la comuna de Qulicura, causó gran conmoción en la ciudadanía. La noche del sábado 13 al domingo 14, durante la celebración de un cumpleaños familiar, un grupo de menores salió a continuar la fiesta a una plaza cercana y mientras hacían una fogata para calentarse pues la noche estaba muy fría, desde un vehículo que momentos después apareció incendiado en las inmediaciones, se bajó un número indeterminado de personas, que disparó indiscriminadamente contra el grupo.

Los medios de comunicación no escatimaron esfuerzos por informar y opinar sobre la noticia. El Mercurio, junto con destacar la noticia en primera página, y luego en su cuerpo nacional, aprovechó la oportunidad -¡como no!- para atacar al gobierno.

Las muertes de menores, ya sea por “balas locas”, enfrentamientos entre bandas, o asesinatos directos, han aumentado sustancialmente en los últimos años. El 2022 tuvimos 54 casos de niños fallecidos por homicidios, el 2023 pasamos a 66. Probablemente dos circunstancias expliquen, al menos en parte el fenómeno, la masiva presencia de armas de fuego entre las bandas criminales, y la creciente incorporación de menores a las actividades de estas.

El delito descrito posee todas las características necesarias para ser especialmente censurable, uso de armas de fuego de repetición o adaptadas para ello, planificación del atentado, actuación cobarde y sobre seguro de los victimarios, masividad de las víctimas, etc.

Pero sin duda lo que provoca el mayor impacto emocional lo constituye la condición de menores de edad de las víctimas. La calidad de “niños” de las víctimas desata, en la inmensa mayoría de la población, sentimientos de afecto, ternura, preocupación. Es verdad que no en todos y no siempre fue así. El capitalismo, especialmente durante la revolución industrial, en fábricas y minas, explotó brutalmente el trabajo infantil. La literatura ha dejado huellas imborrables de esa explotación. Obras como “Oliver Twist”, o David Copperfield de Charles Dickens, o “Germinal” de Émile Zola, dan cuenta de las miserables condiciones de vida, de abuso y explotación de los niños. En nuestro país la explotación laboral en las minas de carbón durante el siglo XIX quedó plasmada en obras como “Sub-terra”, de Baldomero Lillo. Y dentro de ese texto, quien haya leído “La compuerta número 12”, difícilmente podrá olvidar a Pablo, menor de unos 12 años, quien aterrado ante la perspectiva de trabajar en la oscuridad y peligrosidad de la mina, se ve obligado, a hacerlo, por las condiciones de miseria en que vive su familia, abriendo y cerrando una compuerta para permitir la pasada de los carritos de carbón. (Y de paso, el enriquecimiento brutal de los dueños de la mina).

En la actualidad, si bien el trabajo infantil se encuentra reducido en gran parte del mundo, no ha desaparecido. Y miles de niños viven en la miseria cada día, o mueren de hambre o enfermedades curables por falta de medicamentos. Y más aún, otros tantos miles mueren víctimas de las balas y las bombas que el genocidio sionista desata en Gaza y el medio oriente.

La preocupación que hoy siente la mayoría de la población hacia los menores se ha traducido también en normas nacionales e internacionales que buscan su protección. Entre las internacionales destacan, la Declaración de Ginebra, 1924, adoptada por la Liga de las Naciones, que reconoce ya, hace 100 años, la necesidad de proteger los derechos de los niños y la responsabilidad de los adultos en asegurar su bienestar. Más tarde, y con mayor detalle lo hará la Declaración de los derechos del Niño (1959) y 30 años después, la Convención sobre los Derechos del Niño, ambas proclamadas por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Esta última, el documento más completo sobre la materia, reconoce a los niños como sujetos de derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, que los estados partes deben respetar y garantizar. Nuestro país firmó esta convención el 26 de enero de 1990 y la ratificó el 13 de agosto del mismo año.

Como suscriptor de la mencionada convención, nuestro país está obligado a reconocer como principios guías del actuar gubernamental el “interés superior del niño”, la “no discriminación”, el derecho a la “supervivencia y desarrollo”, así como a que los niños expresen sus opiniones, y sean es cuchados en todos los asuntos que les afectan.

De este modo, los crímenes contra menores no sólo impactan en nuestros sentimientos personales de piedad, ternura o afecto, sino que además importan un rotundo fracaso de un estado que fue incapaz de garantizar el más elemental de los derechos, la vida. Ocurrido el crimen, sólo le queda al Estado perseguir, ubicar a los culpables, detenerlos y sancionarlos con las penas altas que el ordenamiento jurídico permita.

Pero si estos crímenes contra la vida resultan horrorosos, no debemos olvidar que hay otros, mucho más frecuentes, que también lo son. Hay unos, cuyo impacto en la víctima, inmenso y multifacético, puede desestructurar profundamente la personalidad de ella y marcar su existencia durante toda su vida. Trastornos de Estrés Postraumático, ansiedad y depresión, baja autoestima y autoimagen negativa, problemas de confianza, de salud sexual y reproductiva,  trastornos psicosomáticos, sentimientos de miedo y vulnerabilidad, rabia, frustración, aislamiento, soledad, son algunos de los posibles efectos que la agresión puede provocar, dependiendo del tipo de ataque, de las características de la víctima, la reiteración o no de los delitos, así como de la forma en que el menor experimenta en su psiquismo esa vivencia.

La situación es especialmente grave cuando el abuso sexual es prolongado, sistemático, y se da en el contexto de una relación de sometimiento, subordinación y permanente manipulación de la psiquis de la víctima, no sólo desde el poder que otorga el ser adulto sobre un menor, si no a menudo también una autoridad adicional sobre ella, que puede estar dada por la condición de guía espiritual, familiar cercano, dependencia económica, etc.

Este tipo de delitos son tan graves, que nuestra legislación ha estimado necesario declararlos imprescriptibles, en consideración a que sus efectos pueden hacer que las víctimas se sientan con capacidad de denunciarlos recién décadas después de que ellos ocurrieron.

         Delitos sexuales contra menores. ¿Delitos imprescriptibles? Si!!!

        En el día de hoy hemos conocido la sentencia que el Poder Judicial de nuestro país, una de las instituciones más representativas del poder estatal, sujeto como el que más al cumplimiento de las obligaciones que emanan de la Convención de los Derechos del Niño, dictó en contra de Eduardo Macaya Zentilli, padre del senador y presidente de la UDI Javier Macaya, condenado por abuso sexuales reiterados contra dos menores, de los cuatro casos que originalmente se le imputaron. Fue condenado a seis años.  El proceso se llevó adelante con prohibición de informar públicamente sobre aquello que permitiera individualizar a las víctimas, lo que se tradujo en que no tenemos un conocimiento detallado de los hechos. De todas maneras llama la atención la sanción efectiva, seis años. A esos seis, se le debe imputar el tiempo que estuvo sometido a medidas cautelares, un mes recluido en el hospital y el resto en su casa con arresto domiciliario. Esto es más de un año sin conocer una celda.

¡En menos de dos años más puede estar en libertad! Saque Ud. las conclusiones. 


Santiago 19 de julio de 2024

 



viernes, 12 de julio de 2024

LA DERECHA Y EL SECRETO BANCARIO

 


          

Y si no se trata de defender el narcotráfico, ni tampoco la intimidad, pero la derecha se opone de manera tenaz y obstinada al alzamiento del secreto bancario ¿qué está verdaderamente detrás?


De los fenómenos delictivos que más preocupan hoy, el crimen organizado es lejos el más significativo. Entre las múltiples respuestas que el actual gobierno ha ido elaborando para enfrentarlo, una de las que en las últimas semanas ha generado más noticias, es la petición del levantamiento del secreto bancario.

La discusión adquirió más fuerza cuando la candidata presidencial de la derecha Evelyn Matthei aseguró que había políticos que “se financian con platas de narcos”.  Ante eso, distintas personalidades del oficialismo salieron a señalar que era importante levantar el secreto bancario para perseguir la ruta del dinero.

Basto eso para que la derecha en bloque, desde sus diferentes trincheras saliera a manifestarse en contra. Bernardo Fontaine intentó ridiculizar la situación “otro ingenuo que cree que el narcotráfico opera con transferencias bancarias”. En el mismo sentido se expresó la presidenta de los Republicanos, Ruth Hurtado “El narco no hace transferencias bancarias. Hay que ser bastante ingenuo”. Y el inefable Diego Schalper ponía el argumento más político “Es una manera de desviar la atención de su fracaso evidente en el combate al delito”.

En verdad nadie que conozca un poco de cómo opera hoy el narcotráfico en el mundo, y Chile claramente no es la excepción, pone en duda la importancia del sistema bancario para lavar dinero. Y esto se sabe desde hace ya muchas décadas. La historia internacional, la experiencia judicial nacional y la simple lógica nos lo enseñan.

La historia nos recuerda que con frecuencia la banca no sólo fue “utilizada” para lavar dinero de actividades ilícitas, sino que en muchas oportunidades participó conscientemente de ellas, porque le producían ganancias excepcionales. Probablemente el caso más escandaloso fue el del Bank of Credit and Commerce (BCCI), que llegó a tener unos 14.000 empleados, más de 420 sucursales, negocios en más de 70 países, ser el mayor banco privado del Reino Unido y el sexto mayor del mundo en su categoría, que según un informe de Naciones Unidas (1993), llegó a lavar unos 20 mil millones de dólares. 

El año 1990, Jean Ziegler, a esa fecha profesor de sociología de la Universidad de Ginebra (y más tarde de La Sorbona) y consejero nacional (diputado) en el Parlamento Suizo, publicaba la que sería una de sus obras más conocidas “Suiza lava más blanco”. Allí señalaba, entre otras cosas, que los dineros que movía la banca Suiza eran de tres tipos, el “dinero propio", fruto de transacciones normales y lícitas, el “dinero gris”, producto de la evasión fiscal de las clases dirigentes de diferentes países europeos o distorsiones fraudulentas de dirigentes del tercer mundo, y “…el dinero negro o dinero sucio, desde lejos el más importante”, correspondiente a miles de millones de dólares, que la banca camuflaba, lavaba y reinvertía, y que provenía del “…botín de las redes internacionales del tráfico de drogas, de armamento y otras actividades criminales”. En el texto, señalando fechas, nombres y detalles, daba cuenta de cómo y hasta que nivel, la banca suiza sabía y participaba del blanqueo de esos fondos de origen criminal y particularmente de dineros proveniente del narcotráfico.

Sólo meses después de la aparición  de este texto, en enero de 1991, el periodista colombiano Fabio Castillo, famoso ya por su trabajo anterior  “Los jinetes de la cocaína”,  que denunciaba como muchos hablaban de las “mulas” del narcotráfico, pero nunca de los “jinetes”, publicaba el libro “La Coca Nostra”, cuyo objetivo era “…desentrañar la compleja  trama internacional que se ha urdido en torno al tráfico de cocaína .. que se inicia en Bolivia y Perú, pasa por algunas familias en Colombia….cuenta con el apoyo implícito de laboratorios químicos de Holanda y Alemania Federal, empresas de transporte marítimas y aéreas y una treintena de bancos internacionales diseminados a lo largo de todo el mundo…”.

El año 92, el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas señalaba que “La enorme cuantía de las ganancias ilícitas que entran en juego atrae a los bancos, las instituciones financieras y las administraciones corruptas”.

Podemos seguir citando expresiones similares hasta nuestros días. Lo que nos interesa destacar aquí es que desde hace ya varias décadas se tiene certeza que la banca juega un rol destacado en el lavado de dinero ilícito. Ya sea como instrumento de los delincuentes para el lavado de activos, o como partícipes directos y conscientes en ese tipo de delitos.

En nuestro país, tenemos al menos la certeza de que el sistema bancario se ha usado para lavar dineros. El ex fiscal Carlos Gajardo, señalaba que según la Unidad de Análisis Financiero, en más de la mitad de los casos de condenas por lavado de activos se usaron los bancos para ello.

Por lo demás si todo el mundo sabe que las cifras que mueve el narcotráfico son de millones y millones de dólares ¿Puede alguien creer que esas cantidades sólo se manejan en dinero efectivo?

En verdad ya sea para pagar la droga que se recibe desde otra organización criminal, o para poder utilizar las enormes utilidades que el narcotráfico reporta (compra de propiedades, autos de alta gama, joyas y relojes de alto valor, etc.), resulta imprescindible el empleo de tarjetas bancarias, cuentas corrientes, vale vista, etc.. Pero también cuando hay inversiones que buscan precisamente aparentar utilidades que justifiquen los altos ingresos de la droga, como la compra venta de bienes raíces, de joyas, relojes, antigüedades, obras de arte, autos de lujo, operaciones de casinos, clubes nocturnos, hoteles, agencias de viajes, etc. En prácticamente todos esos casos hoy resulta imposible manejarlos exclusivamente en efectivo.

Ahora bien, perseguir “la ruta del dinero” en relación con el narcotráfico reporta varias e importantes ventajas, Por un lado permite que la investigación se encause hacia los jefes de las organizaciones criminales, que son en definitiva los que manejan las grandes sumas de dinero, lo que no suele ocurrir cuando se incauta droga, pues estos tiene la precaución de estar normalmente alejados física y orgánicamente de las drogas. Por otro, la investigación cuenta desde el primer momento que se establece la ilegalidad de las operaciones bancarias, con documentación probatoria, lo que facilita seguir las diferentes redes, así como obtener condenas por los delitos. Por último, permite la incautación de importantes recursos monetarios o materiales (adquiridos con esos recursos), privando a las organizaciones criminales de uno de los principales elementos que permite su existencia. Es decir, perseguir el crimen organizado a través de la ruta del dinero es altamente ventajoso, apunta a los líderes, entrega pruebas y priva de recurso a la organización criminal.  

Y si esto es así, y la derecha lo sabe. ¿Por qué entonces se niega al levantamiento del secreto bancario? ¿Para proteger al narcotráfico? No es descartable en alguno que otro caso; pero claramente no parece ser el objetivo más buscado.

Oficialmente la derecha dice defender la “intimidad” de las personas. Y de ahí lo expresado por Macaya sobre la materia “No queremos que un funcionario público, nombrado por el gobierno de turno pueda saber la compra que tú hiciste en el supermercado”. Pero dicha argumentación es desde toda perspectiva absolutamente ridícula. Desde luego porque en la cartola del banco aparece el total de lo pagado, y no lo que compraste. Pero además, porque nadie ha propuesto una cosa similar, sino por el contrario. Se trata de que funcionarios especializados, con antecedentes serios para ello y los debidos resguardos, puedan acceder a la información bancaria de determinadas personas, quienes además podrán recurrir a los tribunales para oponerse a ello. Por lo demás, el argumento de la protección de la intimidad se desploma cuando de empresas se trata. ¿o alguien cree que las empresas también tienen intimidad que defender? Y sin embargo la derecha tampoco está disponible para levantar el secreto bancario respecto de las empresas.

Y si no se trata de defender el narcotráfico, ni tampoco la intimidad, pero la derecha se opone de manera tenaz y obstinada al alzamiento del secreto bancario ¿qué está verdaderamente detrás? No se necesita ser muy perspicaz para descubrirlo. El verdadero temor es que el levantamiento del secreto bancario aumenta considerablemente las posibilidades de descubrir los casos de recepción de dineros provenientes de la corrupción, así como los de evasión y elusión tributaria. Y en estas materias la derecha tiene el tejado de vidrio, y también lo sabe.

La experiencia nos muestra que los dineros provenientes de los grandes casos de corrupción se mueven y blanquean a través de la banca. Bastaría recordar que Torrealba, el corrupto ex alcalde de Vitacura tenía una cuenta en el Banco Chile con cientos de millones, monto acumulado mayoritariamente a partir de depósitos en dinero efectivo; que el llamado “Pacogate”, el más grande fraude al fisco, por más de 35.000 millones se descubrió por movimientos bancarios irregulares en los Bancos del Estado y Banco Falabella. que en el caso Corpesca, la empresa que realizó pagos a políticos a cambio de influencias y favores en la legislación pesquera los canalizó a través de cuentas bancarias y transacciones financieras. Y así podríamos recordar decenas de otros casos, incluyendo por cierto el del dictador Augusto Pinochet, alias Daniel López, alias Juan Manuel Riesco, alias José Ramón Ugarte, que fue descubierto en una investigación del Banco Riggs, y otros más detectados

Por otro lado, la elusión y evasión tributaria en nuestro país resulta a todas luces brutal. Recientemente, en diciembre de 2023,  el exdirector del Servicio de Impuestos Internos Michel Jorrat entregó al Ministerio de Hacienda un informe elaborado junto al equipo técnico del servicio que revelaba que el incumplimiento tributario en materia de IVA es aproximadamente de un 18,4%, lo que es equivalente al 1,8 del PIB y el incumplimiento empresarial es del 51,4% aproximadamente, lo que añade un 4,7 del PIB. Es decir, estamos ante un incumplimiento tributario del 6,5% del valor total de todos los bienes y servicios finales producidos por nuestro país.

Y eso es lo que defiende la derecha. Que sus funcionarios corruptos no sean descubiertos y que los grandes millonarios, dentro de los cuales con frecuencia están ellos mismos, sigan sin pagar impuestos.

 

lunes, 17 de junio de 2024

18 DE JUNIO. DÍA INTERNACIONAL PARA CONTRARRESTAR EL DISCURSO DE ODIO

 

 “Antes de que haya habido muertos en las batallas y torturados en los campos de prisioneros, se había destruido al enemigo en libros, panfletos y numerosas reuniones en las universidades y academia. Debemos mirar de frente esta terrible verdad: la intolerancia tiene, casi por principio, raíces intelectuales”.

Wolf Lepenies

 

Hace sólo dos años, el 2022, Naciones Unidas conmemoró por primera vez el 18 de junio como el Día Internacional para contrarrestar el “discurso de odio”. 

La expresión “discurso de odio” es relativamente nueva, aunque las comunicaciones destinadas a denigrar a determinados grupos de personas son muy antiguas.

La expresión encuentra sus raíces más cercanas en los tiempos posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando la toma de conciencia de las barbaridades nazis motiva la necesidad de proteger a los grupos cuya destrucción había sido propuesta mediante la incitación al odio y la violencia. Del 2.000 en adelante, con la llegada de internet y con ella de las redes sociales, el tema adquiere una relevancia completamente nueva. La capacidad viral de éstas permite que esas diatribas puedan alcanzar una audiencia muy amplia y diversa en un muy breve tiempo. En la década del 2010 los gobiernos y las propias plataformas tecnológicas empiezan a ver la necesidad de establecer regulaciones y políticas destinadas a combatir este tipo de discursos, en plena concordancia con la mayor conciencia sobre la necesidad de proteger los derechos humanos y luchar contra la discriminación. A comienzos de la década del 20, Naciones Unidas asume un papel más relevante.

Hoy, aún cuando no hay una definición unánimemente aceptada, la Estrategia y Plan de Acción de la ONU para la lucha contra el discurso de odio” lo define como “cualquier tipo de comunicación ya sea oral o escrita, —o también comportamiento— , que ataca o utiliza un lenguaje peyorativo o discriminatorio en referencia a una persona o grupo en función de lo que son, en otras palabras, basándose en su religión, etnia, nacionalidad, raza, color, ascendencia, género u otras formas de identidad".

Si bien ha sido la capacidad de expansión que las redes sociales han dado a estas expresiones la principal razón de su actual preocupación, hay también otras que no deben dejarse de lado. Sin duda hoy existe mayor conciencia y sensibilidad a los problemas que la discriminación, el racismo y la violencia basada en prejuicios son capaces de generar. Especialmente movimientos sociales han puesto de manifiesto las injusticias, los prejuicios que enfrentan diversos grupos discriminados. Estudios científicos y testimonios sociales han difundido los efectos negativos, que en la salud, física y mental -ansiedad, depresión, aislamiento social, tendencia al suicidio, entre otros- son capaces de producir en la vida cotidiana de las personas.

Pero además de esto, es necesario tener en cuenta lo que señalaba Wolf Lepenies, esto es, que los discursos de odio son también las justificaciones ideológicas de la violencia y la muerte sufrida por millones de personas.

Los discursos de odio se caracterizan por deshumanizar a las personas o grupos odiados. No sólo se les estigmatiza, asignándoseles características negativas, cualidades morales reprobables, sino además se les suele presentar como un verdadero peligro para la patria, la moral, la religión, la tradición, la raza, la nación, el país, …etc. Los discursos de odio están a menudo fundados en falsedades o en hechos distorsionados, apelan al miedo y los prejuicios para aumentar la hostilidad hacia esos grupos, y facilitar el uso de la violencia contra ellos. El discurso del odio estigmatiza y denigra. Sus víctimas no lo son por ser determinadas personas, sino simplemente por pertenecer a un colectivo determinado. En ese discurso la víctima es absolutamente intercambiable, basta que pertenezca al colectivo agredido.

Al amparo del aumento de la delincuencia en nuestro país, ha surgido en los últimos años un discurso del odio populista y demagógico, amplificado por la extrema derecha y sus medios de comunicación, contra los extranjeros pobres que han llegado a nuestra patria.  No es xenofobia, como se suele presentar, porque no es “odio al extranjero”, es a los extranjeros pobres. A los extranjeros ricos los llamamos “turistas” o inversionistas”, y no los odiamos, de cualquier manera son bienvenidos.

Pero los discursos de odio en Chile, como en el mundo, también son muy antiguos, Hay algunos que tienen muchas décadas, como los dirigidos contra las mujeres, o los homosexuales, que hoy se extiende contra todos quienes participan de la diversidad sexual, (LGTB+ ), y/o manifiesten postulados feministas. (Casos recientes, como el crimen de Daniel Zamudio, las acciones dirigidas contra Daniela Vega, o la idea de quitar el derecho a voto a las mujeres resultan aún emblemáticos).

En estos discursos del odio, como por lo demás lo reflejan claramente los casos que mencionamos, se descalifica, menosprecia, se desvaloriza. El otro se construye esencialmente sobre la base de mentiras y verdades a medias. En esos discursos por un lado se identifica la moral conservadora tradicional, la de ellos, como propia del orden “natural”, y luego se descalifican las propuestas feministas y de reconocimiento y dignificación de la diversidad sexual, como “anti naturales” y con objetivos propios de perversión, especialmente de los niños, pedofilia, destrucción de la familia, entre otros antivalores.


         Te puede interesar HOMOFOBIA, SOBRE EL HORROR Y SUS ORIGENES


En todo caso, el principal discurso de odio en nuestro país, el más permanente, el más explícito, el que más recursos ha requerido y por cierto el que más víctimas ha provocado, ha sido el discurso anticomunista. Sus manifestaciones más extremas se han dado durante tres periodos de nuestra historia. Durante la dictadura de Ibáñez, (que también persiguió encarceló y asesinó homosexuales) con cientos de militantes perseguidos, torturados, encarcelado y asesinados; durante la aplicación de la Ley Maldita, gobierno de González Videla y casi todo el segundo de Ibáñez y por cierto durante la dictadura de Pinochet. Recordemos que, defendiendo los intereses del imperialismo norteamericano y de la oligarquía nacional, el único elemento ideológico que unía a las distintas corrientes que apoyaron y mantuvieron el golpe de estado, conservadurismo católico, nacionalismo fascista y liberalismo económico, fue el anticomunismo, que en esa época tenía en la Doctrina de la Seguridad Nacional, elaborada -¡cómo no!- en los Estados Unidos, su manifestación más sofisticada. El anticomunismo que llamaba a “extirpar el cáncer marxista”, que distinguía entre “humanos y humanoides”, que buscaba “estrangular la serpiente comunista”, fue la doctrina que justificó miles de ejecutados políticos y de desaparecidos, decenas de miles de torturados y presos políticos, cientos de miles de perseguidos y exiliados. Recordemos además, que la acusación de “comunista” se aplicó indiscriminadamente a muchos que jamás lo fueron, pero que sufrieron las consecuencias del anticomunismo.


                        SOBRE EL "ANTICOMUNISMO VISCERAL"


Hoy, cuando la homofobia sigue rondando nuestra historia, las mujeres siguen sin tener plenos derechos sexuales y reproductivos y el anticomunismo sigue siendo "visceral", se hace más imprescindible que nunca reconocer, concienciar y contrarrestar las narrativas de odio, que, no lo olvidemos, es una manera más de luchar contra las discriminaciones y por los derechos humanos.

 

Santiago 17 de junio de 2024