martes, 21 de agosto de 2018

LOS BIENES CULTURALES COMO OBJETOS DE INVERSIÓN A modo de Respuesta al artículo “Inversión de arte en Chile”



“Sr. García nosotros pensamos que la industria artística es como cualquier otra. Tratamos en este artículo de describir un proceso y de señalar el cómo funciona el mercado del arte. Saludos”
Galería VALA
(En respuesta a comentarios míos sobre artículo “Inversión de arte en Chile”)

Hace poco más de una semana, el galerista de arte Marcelo Aravena, de Galería Vala, exponía en El Mostrador (12.08.2018) una serie de ideas sobre la “Inversión de arte en Chile”.  En dicho artículo, interesante por lo demás, hacía hincapié en las características que debía poseer una obra para que fuera una buena inversión, destacando artistas, períodos, tipos de obras, rentabilidad y otros datos. Se trataba, como el autor lo declaraba desde el comienzo, de explicar “…por qué y cómo se puede invertir en arte en forma informada y segura”. Ese artículo fue ampliamente promocionado al menos por una plataforma digital. En ella hice un comentario crítico de la situación, y recibí, como respuesta, “… nosotros pensamos que la industria artística es como cualquier otra…” que cito completa más arriba. Y en mi opinión, ese es precisamente el problema, creer que el arte (y en definitiva todos los bienes culturales) puede ser tratado como una empresa más.
El autor centra su trabajo en uno de los temas principales de la “economía del arte”, la comparación de la inversión en obras de arte, entre si o con otros productos financieros, en cuanto a rendimientos económicos. El tema por lo demás es antiguo incluso en Chile. “Para los entendidos en la Bolsa, que se desesperan al ver el IPSA y/o el IGPA con signo negativo, y luego para los partidarios de los fondos mutuos, de los pagarés, de comprar propiedades y luego revenderlas; en fin, para todo quien tiene dinero y duda donde invertir, existe una alternativa diferente”([1]), señalaba hace 26 años, en septiembre de 1992 la revista Economía y Negocios” del diario El Mercurio, en un artículo cuyo título “Arte, otra buena alternativa”, no dejaba lugar a dudas. La “Corporación Amigos del Arte”, entregará por años, desde 1993, el “Índice Santander-Amigos del Arte”, indicador encargado de evaluar la evolución que en el mercado experimenta la pintura chilena, contemporánea y tradicional. “El arte es, después de la Bolsa, la forma de inversión más rentable” ([2]), decía la prensa el año 95, refiriéndose a este indicador([3]). Y el 2001 se señalaba “Inversión en pintura tradicional rentó 20,8%([4]). En noviembre del mismo año se explicaba que “El Índice Santander-Amigos del Arte surgió con la intención de comparar la pintura chilena con otras opciones de inversión a nivel nacional e internacional”([5]). Así las cosas, no puede extrañar “comentarios sobre arte” del tenor siguiente “De acuerdo con los datos expuestos por Méndez, las acciones de empresas industriales de EE.UU. cayeron un 2,6% promedio, bastante menos que las tecnológicas, que bajaron un 27%. En Chile, el IPSA –que mide las 40 acciones más transadas- mostró el primer semestre un alza del 7,5, la inflación fue de apenas un 1,5%, el oro un 9,9% y el dólar informal aumentó un 10,1%. En una perspectiva de más largo plazo y tomando como base el 1 de enero de 1993, la pintura chilena actual aparece detrás del Dow Jones y de la Bolsa de Santiago, pero sobre la unidad de fomento, el oro y el precio del dólar”([6]).
El arte, desde siempre, ha constituido una manifestación humana determinada en gran medida por los procesos históricos y sociales en que se crea y se difunde. Desde esa perspectiva, no puede resultarnos una novedad lo que señalaba el autor. Por el contrario, sabemos que al menos una parte del arte ha estado desde hace milenios ligada a los sectores sociales económicamente más poderosos (que son obviamente los que pueden “invertir” en arte”), y, en una sociedad de extremo liberalismo, como la nuestra, no puede extrañar que también transformemos el arte en objeto de especulación.
Lo que hoy queremos destacar es más bien otra cosa, el tremendo daño que al mundo de la cultura y el patrimonio cultural significa el consolidar esta visión especuladora del arte (y que en verdad, por un lado no se limita al “arte”, sino cubre diferentes tipos de objetos culturales, como los bienes arqueológicos, o las antigüedades, por ejemplo, y por otra, no se refiere a “todo” el arte, sino a aquel que permite la especulación financiera).
Si bien el origen del mercado del arte podríamos trasladarlo al Renacimiento, con el especial auge del coleccionismo, si quisiéramos fijar una partida de nacimiento de la visión actual, cargada de especulación y centrada en las utilidades, probablemente debiéramos remontarnos a mayo de 1952, y particularmente al remate de la colección de Gabriel Coqnacq, en la Galería Charpantier. Aquel fue un remate especial, como no había habido otro probablemente en la historia del arte, y por diferentes razones. De partida, el dueño de las piezas, conocido mecenas francés, había sido acusado de colaboracionista con el régimen nazi. (Después de todo, durante el gobierno colaboracionista de Petain había sido Presidente del Consejo Superior de Museos de Francia, y en 1944 había sido condecorado por el fascismo español con la “Orden de Isabel la Católica”, en grado de Gran Cruz). Él sin embargo rechazaba esas imputaciones, señalando que su única preocupación había sido velar por los tesoros artísticos de su patria. Expulsado de su cargo, Gabriel Cognac, aduciendo dolor y amargura por ello, modificó su antiguo testamento, desheredando al Estado francés y entregando todas sus valiosas colecciones a una entidad filantrópica.
El día del remate más de 5.000 personas se congregaron, según la prensa de la época([7]), incluyendo a los directores de los museos de Bruselas y Hamburgo, a representante del Museo Británico, a los coleccionistas y “marchads” de arte más famosos, y a celebridades como Greta Garbo. La subasta comenzó con pintura antigua, que empezó con precios prudentes, que fueron rápidamente subiendo. La locura se produjo con la pintura moderna. Por un pastel de Degas se pagaron 5.700.000 francos, por un Van Gogh “Les Chardons”, 16.500.000 francos, por un Renoir, “Les deux seurs”, 19.000.000, y la locura misma, por un Cezanne “Les pommes y les biscuits”, 33.000.000. Todos parecen coincidir en que en este momento se produce “el nacimiento de un mercado”([8]), el del moderno mercado del arte. Y es que desde ese momento, el mercado del arte nunca más volvió a ser el mismo. En años posteriores se incorporarán los bienes arqueológicos y las antigüedades a este nuevo mundo.
En los años siguientes se inicia una escalada de precios que permite que entre 1952 y 1956 al menos 12 cuadros consiguieran sobrepasar la frontera de las 10.000 libras, pero que explota nuevamente en 1957, cuando sólo en una subasta, que duró sólo 93 minutos, Sotheby’s de Londres remata la colección Weinberg, de Nueva York, y 9 cuadros de artistas impresionistas y post impresionistas superan esa cifra con holgura([9])([10]). Destacaron también los precios alcanzados más tarde en las subastas de la colección de Goldshidt en Londres y de Lurcy en Nueva York; pero va a ser la subasta en la casa de remates Parke- Bernet, en 1961, del cuadro “Aristóteles contemplando el busto de Homero”, de Rembrandt, rematado en 2,3 millones de dólares, lo que hará explotar los titulares de la prensa, y marcará la tendencia al alza creciente que hasta hoy, con leves caídas, caracterizarán al mercado del arte. (El Museo de Arte Metropolitano de Nueva York, (Met) adquirente del cuadro, dará también mucho que hablar cuando en 1972 adquiere, por un millón de dólares, una crátera de Eufronio, que el 2006 deberá devolver a Italia, pues la obra era producto de un saqueo arqueológico).
El arte latinoamericano contemporáneo irrumpe, a nivel internacional recién en la década de los años 80, ubicando la imagen de lo latinoamericano como parte del “otro”. Frente a una Europa y un Estados Unidos que representan lo cristiano, lo europeo, lo civilizado, lo masculino, en definitiva lo humano, esta América del sur del Río Bravo sigue formado parte de “lo otro”, simbolizando lo pagano, lo indio, lo salvaje, lo femenino, lo animal, y de este modo, privilegiándose una pintura que de algún modo refleje principalmente “lo otro”, más que “lo universal”. A principios de los años 90 encontramos obras de autores latinoamericanos cuyo precio, por primera vez, superan la simbólica barrera del millón de dólares, siendo probablemente el primer cuadro que lo hace “Diego y yo”, de Frida Kahlo, por la que en un remate en Sotheby’s, el 2 de mayo de 1990, se pagó 1,3 millones de dólares.
El mercado del arte sigue creciendo hasta nuestros días, preocupando cada vez más al mundo de las finanzas y al mundo de la cultura, sólo que por diferentes razones. Quizás el fenómeno más relevante de los últimos años ha sido la irrupción de China en él, lo que por lo demás ocurre de manera coherente con los cambios de la economía mundial. Durante el año 2011, China, con un 30% de cuota, desplazó por primera vez a Estados Unidos, con un 29%. Durante el año 2010 China había desplazado del segundo lugar al Reino Unido, que de este modo, quedaba en un tercer lugar, con el 22%. La emergencia China tiene un significado no sólo desde el punto de vista de los dineros que en arte se invierten. También lo tiene desde la perspectiva de los objetos y artistas con mayor presencia en el mercado. Así, durante el año 2011 no fue Picasso el artista con mayor ventas acumuladas en remates durante el año, como había ocurrido durante los 13 años anteriores, sino Zhanh Daquian (1899 – 1983), artista chino, y el segundo, Qi Baishi, (1864 – 1957) de la misma nacionalidad.
La condición de objetos de inversión que ha adquirido el arte, y especialmente la pintura, como los objetos arqueológicos y ciertas antigüedades en las últimas décadas, ha traído cambios sustanciales al mundo del arte y la cultura. Desde luego ha permitido que algunos artistas, aquellos a quienes el mercado ha transformado en modernos reyes Midas, ganen grandes cantidades de dinero. Aunque en estricto rigor quienes verdaderamente han ganado mucho, mucho, mucho dinero, han sido los comerciantes de arte, y dentro de ellos, en primer lugar, Sothesby’s y Christie en segundo.
Pero eso no es lo relevante. 
Lo verdaderamente importante y más bien trágico, es que el asumir los objetos culturales como simples mercancías, cuya importancia está dada por el precio que el mercado está dispuesto a pagar, no sólo se pierde la esencia misma del objeto patrimonial, por definición un bien que posee un “valor excepcional desde el punto de vista de la historia, del arte o de la ciencia”, (no del mercado), en la clásica exposición de UNESCO([11]), sino que se distorsiona el sentido de la creación artística por un lado, y se estimula la destrucción, el saqueo y la falsificación por otro. 
(Es interesante destacar aquí que nuestra propia legislación hoy le otorga una naturaleza diferente a los bienes patrimoniales. Así, la Ley N°. 21.045, que crea el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, establece, en el artículo 1, N°6, a nivel de “principios” que se debe “Reconocer que el patrimonio cultural, en toda su diversidad y pluralidad, es un bien público que constituye un espacio de reflexión, reconocimiento, construcción y reconstrucción de las identidades y de la identidad nacional”)
En primer lugar está el obvio efecto de terminar siendo los compradores de más recursos quienes deciden, en gran medida, hacia donde marcha el arte. En verdad este efecto ha estado presente desde siempre. No es casualidad que desde Constantino hacia adelante los artistas más destacados hayan estado al servicio de la Iglesia, y más tarde de ésta y de las Monarquías. El que esto ocurra en la actualidad sin embargo, tiene otras connotaciones sociales. Y es que en un período de auge político de la democracia, de proclamación de la igualdad de los hombres, como del derecho universal a gozar del patrimonio cultural, violenta las conciencias, por un lado el que sigan siendo los grandes amos del dinero quienes imponen que debe y que no debe valorarse en el arte, y por otro, que dicha valoración se reduzca a lo que el propio mercado está dispuesto a pagar por él.
El segundo gran efecto que detectamos, es que al insertarse el mundo del arte y la cultura en el mundo de la economía, se terminan aplicando los patrones morales imperantes en él, que claramente se encuentran muy alejados de aquellos que, según UNESCO, deben guiar el desarrollo de la cultura y el arte. Probablemente uno de los mejores ejemplos de este maridaje necesariamente mal avenido, que es considerar el arte como simple negocio se refleje en las “Reglas a seguir para una acertada inversión”, de Jennifer Hill, que conocimos hace años en la página web española de “Arte y Mercado”. En di chas reglas se señala, entre otras cosas, que “Se recomienda tener cuidado con las obras producto de saqueos de guerra” o “Se recomienda tener cuidado con el arte exportado ilegalmente. Tales obras podrían resultar ser difíciles de revender y otros países podrían tratar de recuperarlas. Usted podría encontrarse al final de una demanda judicial” o “No se recomienda invertir en ejemplares robados”([12])([13]). Como se puede apreciar de su simple lectura, ninguna de esas recomendaciones es capaz de aprobar las mínimas exigencias que sobre la materia ha ido elaborando la UNESCO, y que se concretaron especialmente en la Convención sobre las Medidas que deben Adoptarse para Prohibir e Impedir la Importación, la Exportación y la Transferencia de Propiedad Ilícita de Bienes Culturales, de 1970. 
Por último, y respecto de este efecto no parece haber dos opiniones, las artificiales cifras que la especulación financiera termina pagando por algunos bienes culturales, como ninguna otra causa, han estimulado, de manera exponencial, el robo de museos, iglesias, galerías o colecciones, el saqueo de sitios arqueológicos y paleontológicos, las falsificaciones de ellos, el tráfico ilícito hacia países donde se obtienen mayores precios por dichos objetos, y la destrucción y el daño de miles de objetos por los cuales el mercado no está dispuesto a pagar esas cifras. Karl Meyer, en su ya clásica obra sobre “El saqueo del pasado”, señalaba en 1973 “Más que cualquier otro elemento único, el incremento de los precios del arte ha sido responsable por el robo, mutilación y destrucción totales de obras de arte en todas partes del mundo…”([14]). Fernando Baez, 36 años después señalaba “El saqueo de bienes culturales también es fomentado, ante todo, por razones estrictamente económicas, que movilizan bandas dedicadas a la expoliación sistemática de yacimientos arqueológicos, paleontológicos, subacuáticos y pintura rupestre en cuevas protegidas”([15]). Por otro lado, después que el MET pagara un millón de dólares por la crátera de Eufronio, se desarrolló en Italia un sistema de excavaciones ilícitas más agresivo y sofisticado”([16]). Ratificando lo anterior, y mostrando una de sus aristas más dramáticas, la prensa mundial informaba, a mediados del mes de junio del 2012, que la crisis económica que afectaba a Grecia causaba estragos en materia de patrimonio cultural, no sólo porque las exploraciones arqueológicas y las investigaciones se abandonaban por falta de recursos, sino porque aumentaron los saqueos a sitios arqueológicos y los museos habían visto aumentar los asaltos, según aseguraba la revista Nature([17]). El criterio mercantilista afecta también, pero esta vez dañando de manera más directa, especialmente a los sitios arqueológicos y a los bienes arquitectónicos. La construcción de caminos, así como de nuevos edificios, incluso el montaje de espectáculos como el rally “Dakar”, se ha manifestado como uno de los motivos más directos de destrucción de sitios arqueológicos en algunos lugares. El alto valor del terreno ha sido la causa de la destrucción de gran parte de los centros históricos de las ciudades de origen colonial en América Latina, incluyendo Santiago.
Por último, y no hay espacio para exponerlo con detalle, pero no resulta difícil entenderlo, las falsificaciones de todo tipo de bienes culturales, incluyendo y destacando en primer lugar la de pintura de caballete, se realizan sobre autores altamente valorados económicamente, estimulándose dichas falsificaciones, precisamente con la especulación en el arte.
El enfoque mercantilista del artículo mencionado al comienzo, que como hemos dicho por lo demás corresponde a un enfoque compartido por muchos, nos trae a la memoria una frase de Jeremy Rifkin, economista y prospectista norteamericano, quien en marzo de 2001 decía "La gran lucha del siglo XXI será entre la cultura y el comercio"([18]).

Agosto de 2018


Fernando García Díaz
Abogado
Profesor Post titulo Restauración de Bienes Culturales Muebles
Facultad de Arte, Universidad de Chile




[1]  Revista Economía y Negocios, “Arte, otra buena alternativa”, Diario El mercurio, 2 de septiembre de 1992, pág.4
[2] GAJARDO, ALEJANDRA “El arte es, después de la Bolsa, la forma de inversión más rentable. Así lo establece el Índice de Precios de la Pintura Chilena”,
[3] Otros titulares de la prensa nacional de esos años muestran ya una situación consolidada:  “Resurge mercado del arte” (Estrategia, 31.08.95), “El arte de invertir en ARTE (La Segunda 22.03.996), “Mercado del arte sigue bajo “efecto tequila” (La Época, 18.05.96).
[4] El MERCURIO, jueves 21 de junio de 2001
[5] El MERCURIO, viernes, 30 de noviembre de 2001
[6] El MERCURIO, viernes, 30 de noviembre de 2001
[7] Véase “Una sensacional subasta de pinturas”, en “La Vanguardia Española”, domingo 18 de mayo de 1952, pág. 11, disponible en http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/1952/05/18/pagina-11/32804177/pdf.html
[8] JIMÉNEZ, PABLO, “El nacimiento de un mercado”, ABC, Madrid 23-12-1990, pág. 60.
[9] LA VANGUARDIA ESPAÑOLA”, “Un Van Gogh alcanza las 31.000. Una importante subasta de arte en Londres. En 93 minutos se liquida la colección en 326.520 libras”  jueves 11 de julio de 1957, pág. 10,
[10] ABC,”Subasta de Obras de Arte en Londres. Esculturas, bronces y pinturas de impresionistas franceses, vendidas en 326.520 libras esterlinas, jueves 11 de julio de 1957. Edición de la mañana, pág. 37, disponible en http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1957/07/11/037.html

[11] UNESCO “Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural”,  1972
[12] HILL, JENNIFER, “Reglas a seguir para una acertada inversión” en Arte y Mercado,  http://www.arteymercado.com/decalogo.html Véase hoy https://lta.reuters.com/article/topNews/idLTAN2232794120080622 (revisado 20.08.2018)

[13] En todo caso tenemos que reconocer que dichas reglas no fueron elaboradas por el sitio en cuestión sino difundidas por la agencia Reuters, al parecer en junio del 2008. Véase https://lta.reuters.com/article/topNews/idLTAN2232794120080622 (revisado 20.08.2018)
[14] MEYER, KARL E.  “El saqueo del pasado. Historia del tráfico ilegal de obras de arte”, F.C.E., México, agosto de 1990, pág. 23
[15] BAEZ, FERNANDO “El saqueo Cultural de América Latina. De la Conquista a la globalización. Editorial debate. Primera edición en la Argentina bajo este sello, julio 2009, pág. 238.
[16] WAXMAN, SHARON “Saqueo. El arte de robar arte”, Turner Publicaciones S.L., Madrid, 2011, pág. 219.
[18] RIFKIN, JEREMY Revista Fuentes, UNESCO, 18 de abril 2001, pág. 18. Citado em www.fuentesunesco.org/news/archivestory.php/aid/221/siglo_xxi_:_%BFCultura_contra_comercio_.htm

jueves, 26 de julio de 2018

¿SON ANTI ABORTO LOS GRUPOS PRO-VIDA?



Pues sí, qué duda cabe. ¿O hay dudas?

Un elemento común a todos los grupos que se identifican como pro-vida, es la supuesta defensa de la vida humana desde el momento de la concepción y por ello se oponen radicalmente al aborto en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia.

La verdad es que una vez producido el embarazo, todos los grupos pro-vida se oponen al aborto. Es más, esa posición es el elemento identificatorio como “pro-vida”. ¿Pero significa eso ser antiaborto?  Si, y no.

Un viejo aforismo jurídico, que nos enseñaran en los primeros años de la universidad, es que en derecho las cosas son lo que son, y no lo que se dice que son, es plenamente aplicable a esta situación.

Desde luego, y ya lo hemos dicho, todos los grupos pro-vida tienen un discurso anti aborto, y probablemente si no lo tuvieran, no podrían catalogarse como tales. Pero ese no es el verdadero problema. De lo que se trata es de dilucidar si objetivamente su discurso y su actuar propenden a la reducción del número de abortos que día a día se practican en las diferentes sociedades.

Frente a esto, hay al menos dos situaciones complejas, que ponen en duda el carácter efectivamente anti abortista de los grupos pro-vida.

En primer lugar el tema penal. El principal discurso ideológico de los grupos pro-vida, en referencia al aborto, es la oposición a la despenalización del aborto en donde todavía es delito, o la petición de que vuelva a considerarse como tal, en aquellos países en donde ya no lo es, o sólo lo es parcialmente. Ahora bien, la creencia en la eficacia de la amenaza penal para la disminución o eliminación de ciertas conductas se encuentra ampliamente difundida. Así suele ocurrir con el tema de la pena de muerte o con el aumento de la pena. Con demasiada frecuencia y sin datos de la realidad, se afirma la existencia de un efecto intimidatorio en la pena de muerte que la justificaría, como también el hecho que a mayor sanción, mayor es el efecto disuasivo. En materia de abortos, se sostiene lo mismo. Una vez más sin embargo, la realidad parece distinta. Como señalan Faúndes y Barzelato, “Muchos dirigentes políticos y religiosos, así como las personas que se identifican con el movimiento pro vida, parecen creer que la prohibición legal y moral es el medio más eficaz para reducir la cantidad de abortos. De ese modo, ignoran de manera sistemática las pruebas recogidas en todo el mundo, que muestran la ineficacia de esa prohibición en reducir la incidencia del aborto”. Pero más aún, sabiendo que la cantidad de abortos realizados anualmente es cientos de veces superior a la que se condena en tribunales, nada hacen porque ello mejore. No hay proposiciones de más recursos para perseguir el delito, ni la creación de brigadas especializadas, ni nada que busque efectivamente disminuir la cifra negra de casos no conocidos ni menos condenados. Sólo les basta el discurso antiaborto referido a la penalización de la conducta. No les preocupa que sólo tenga efectos simbólicos, pero no reales.

En segundo lugar, la gran mayoría de los abortos consentidos, y sólo a ellos nos referimos aquí, son resultado de un embarazo no deseado, aunque dicha situación sea resultado de la presión de terceros. Por ello, no puede extrañar que lo que efectivamente disminuye el número de abortos, es precisamente la reducción de los embarazos no deseados. De este modo, el primer objetivo a tener en cuenta en una política contraria al aborto debiera ser la disminución de dichos embarazos. Y aquí nuevamente surgen problemas frente a los grupos pro-vida.

La experiencia y la investigación internacional demuestran, sin ninguna duda, que entre los factores que más ayudan a disminuir los embarazos no deseados se encuentran:
  • Educación sexual
  • Planificación familiar
  • Servicios anticonceptivos al alcance de quienes tienen una vida sexual activa.
  • Aumento del poder de las mujeres en la capacidad para tomar decisiones sobre aspectos sexuales y reproductivos.
Y la verdad, es que a todas estas medidas los movimientos pro-vida, como regla general, se oponen. Podríamos largamente argumentar demostrando su oposición a estas medidas, pero basta con transcribir lo que ellos mismos dicen. Respecto de la primera de ellas, la educación sexual, la Red Provida Chile dice textualmente La escuela no es el lugar para impartir educación sexual. La educación sexual adecuada para un niño depende de su particular madurez mental. Los Programas de educación sexual pueden muchas veces deformar la conciencia de un niño. Muchos psicólogos y psiquiatras se han pronunciado en contra de la educación sexual en las escuelas, destacando su efecto dañino en los niños. Los Programas de educación sexual desde pre-kinder hasta la escuela secundaria menosprecian continuamente la naturaleza íntimamente afectuosa y monógama de la sexualidad humana”. Y respecto de la planificación familiar, la misma red señala “Los programas de planificación familiar promueven abiertamente el aborto, la homosexualidad, la inseminación artificial y el control de la población. Por otra parte, suelen rechazar los valores morales, afirmando que el bien y el mal deben ser decididos por cada individuo”. Y agrega “Respecto a la educación de los niños, estos programas niegan la verdad y el significado de la sexualidad humana. Esta educación pervertida rompe las inhibiciones naturales. Como resultado, se observa un aumento de la demanda juvenil por métodos para el control artificial de la natalidad y el aborto.

Y si no están por disminuir las causas de los abortos, ni por una persecución penal efectiva de dichas conductas, ¿puede estimarse seriamente que están contra el aborto?

No. Los grupos “pro vida” no son “pro vida”, no son anti aborto, son pro moral conservadora, homofóbicos, anti matrimonio igualitario, anti mecanismos anticonceptivos, anti divorcio, anti eutanasia, anti igualdad de género. En definitiva, son uno de los eslabones ideológicos de una mentalidad conservadora que se niega a morir, pero a la que le queda aún fuerzas para seguir subsistiendo, aunque sea a costa del sufrimiento de miles de hombres y mujeres que no sólo no comparten su ideología, sino que la sufren.


jueves, 19 de julio de 2018

SOBRE EL “CONFLICTO MAPUCHE” (A 50 años de la masacre de My Lai)





Las guerras tradicionales suelen ganarse en función de alguno de los siguientes tres elementos: mayor cantidad de población capaz de ir a la guerra, mayor tecnología bélica, un sistema de administración civil que funcione decentemente (Hobsbawn). Pero la confianza en esos tres elementos como potenciales desequilibrantes en los casos de conflicto armado se perdió definitivamente en Viet Nam, en donde una mayor capacidad bélica muy lejana a la del enemigo, se estrelló dramáticamente, (y con resultados vergonzosos para quienes teóricamente debían vencer) con un pueblo digno, que luchaba por su independencia, contra un invasor extranjero.

La zona mapuche está en un espacio geográfico, político, social y cultural absolutamente distinto a la guerra de Viet Nam. Y sin embargo hay allí, en esa guerra, elementos que bien pueden servir de ejemplos sobre lo que no sólo no garantiza el éxito del Estado chileno, sino que probablemente garantice el fracaso, la creencia que más tecnología bélica asegurará ciertos resultados.

Para el candidato Piñera, el término de la violencia contra las empresas en territorio mapuche era una de sus promesas de campaña, un texto de un discurso aprendido y repetido con la misma simpleza con que ocho años atrás ofreció terminar con la delincuencia. Para el presidente Piñera hoy el tema es apremiante. Hay muchas expectativas creadas en torno a su discurso populista y demagógico como candidato, pero también y especialmente a ese discurso que como presidente, y al mejor estilo de las película viejas de Hollywood, -aquellas en que los buenos, los soldados, siempre vencían a los malos, los indios- fue a exponer hace algunas semanas.
Eludir el debate de fondo, abordar sólo las consecuencias, responsabilizar siempre al eslabón más débil, y sobre todo, trasmitir la idea de firmeza, que siempre ha formado parte del discurso de la derecha, parecen ser los elementos claves de una política que si bien no es nueva, hoy parece alcanzar dimensiones verdaderamente bélicas. Recordemos que, hace menos de tres semanas, rodeado de tanquetas y de cientos de policías vestidos cual furibundas tortugas ninjas dispuestas al ataque, se nos contó de la instalación, en territorio mapuche del “Grupo Multidisciplinario de Operaciones Especiales”, de Carabineros, preparado nada menos que por el Comando Jungla, de Colombia, uno de los grupos policiales más letales del mundo (y más desprestigiados en materia de derechos humanos).
Pero las cosas no han salido como se esperaba. Por el contrario, las actividades violentas no sólo han aumentado en los últimos meses, sino que se han expandido “… a zonas que nunca habían sido atacadas desde que este sector se convirtió en blanco de atentados en 2014…” decía a El Mercurio (18.07.2018, pág. C-4) René Muñoz, el Gerente de la Asociación de Contratistas Forestales, luego de un fin de semana en que en 72 horas hubo cinco atentados.
Es cierto que han pasado pocos meses desde que empezara el presidente Piñera su gobierno, y pocos días desde la instalación de la versión chilena del Comando Jungla, pero también es cierto que uno de los lugares que sufrieron atentados, el ocurrido en el fundo Palihue, de Vilcún, contaba con medidas de protección policial, que resultaron absolutamente inútiles, y por sobre todo, que se ofrecieron resultados fáciles y prontos. Sólo así se explica que a tan temprana fecha ya haya expresiones como “Si a 50 metros de donde está la vigilancia del predio de la familia Cooper en Vilcún queman maquinaria, quiere decir que esto está desbordado” (Diputado RN Miguel Mellado), o que el propio Mercurio subtitule la noticia “Gremio considera que el Gobierno “se ha visto sobrepasado por los grupos terroristas” (idem).
Y volviendo al tema del inicio ¿Qué hizo que el pueblo vietnamita ganara la batalla?
Desde luego, no fue una, sino varias circunstancias las que se fueron sumando. En lo estrictamente militar, dos son los elementos que parecen relevantes, la negativa vietnamita a combatir en condiciones más favorables para los enemigos y la calidad de “población local” de las propias fuerzas guerrilleras. Esto último les otorgaba enormes ventajas frente al ocupante extranjero. De partida, un acabado conocimiento del terreno de operaciones, y como consecuencia de ello, una gran movilidad, pero también cohesión, disciplina, alta motivación y la simpatía y el apoyo de la población civil. En lo estrictamente político, no fue menor la barbarie con que actuó el ejército invasor, las bombas, el napalm, el agente naranja, las violaciones, la tortura y los asesinatos de la población civil, (En la aldea de My lai, el 16 de marzo de 1968, en 4 horas, los soldados norteamericanos al mando de William Laws Calley violaron a mujeres y niñas, mataron el ganado, prendieron fuego a todo el poblado. Para concluir, reunieron a los ancianos, mujeres y niños que quedaban y los ametrallaron. La investigación posterior del propio ejército norteamericano, aunque “insuficiente” para determinar con precisión los muertos indica que fueron entre 374 y 504 los civiles asesinados. En toda la operación se incautaron 3 armas del ejército norvietnamia.) no sólo mataron hombres, mujeres y niños vietnamitas, también voluntades norteamericanas de seguir combatiendo y seguir financiando el pozo sin fondos que era esa guerra. Y al contrario, favorecieron un constante flujo de nuevos combatientes vietnamitas, y una solidaridad internacional como sólo se había dado con España durante la guerra civil, (y más tarde se daría con Chile durante la dictadura). Las fuerzas invasoras hicieron todo lo que tenían a su alcance para vencer, incluyendo el mentirle a su propio pueblo sobre los supuestos éxitos alcanzados. Pero al final, a un costo enorme, es cierto, el pueblo vietnamita expulsó definitivamente al invasor norteamericano, como antes lo había hecho con los franceses
En la Araucanía, las fuerzas invasoras han hecho todo lo posible por vencer. Y en los últimos meses, el presidente Piñera ha apostado por un triunfo militar, rápido y rotundo, ante un problema que a todas luces, y para todo el mundo, trasciende los actos de violencia que puedan estar dándose. Yo apuesto a que el pueblo mapuche, una vez más, saldrá vencedor. Sólo lamento la cantidad de sufrimiento que ese triunfo le seguirá costando.


Santiago, julio 2018

Si compartes, comparte y opina. 
Si discrepas, opina.




jueves, 21 de junio de 2018

HOMOFOBIA, SOBRE EL HORROR Y SUS CAMINOS



 “Simplemente nos olvidamos de que tal conflicto era el resultado de una elaboración a nivel intelectual que venía desarrollándose desde hace mucho tiempo. Antes de que haya habido muertos en las batallas y torturados en los campos de prisioneros, se había destruido al enemigo en libros, panfletos, y numerosas reuniones en las universidades y academias. Debemos mirar de frente esta terrible verdad: la intolerancia tiene, casi por principio, raíces intelectuales”
Wolf Lepenies





I PARTE:                                DEL HORROR Y OTROS RELATOS

Hace ya 6 años que conocimos con horror el crimen de Daniel Zamudio([1]). Torturado y asesinado sólo por su condición de homosexual, parte de esas acciones son así descritas por uno de los participantes: “Va el Raúl, se sienta encima del pecho del Daniel, le pesca la cabeza de las orejas y la comienza a azotar en el suelo y empieza a pegarle combos, demorándose sólo en eso unos 15 minutos. El Raúl se para y comienza a pegarle una patada en la cabeza. Alejandro orina nuevamente a Daniel y dice: tengo ganas de cagarlo encima. Luego el Pato da vuelta a Daniel y le quiebra otra botella de ron en la cabeza, pesca el gollete y le hace dos esvásticas en la espalda, diciéndole al Alejandro: aprende, así se hacen los cortes'"([2]).

A fines de junio de 2016, Gabriel Figueira Lima, de 21 años, fue acuchillado en el cuello en una ciudad en Amazonas, y abandonado mientras se le dejaba morir. Días antes, los profesores Edivaldo Silva de Oliveira y Jeovan Bandeira, también fueron asesinados y sus restos aparecieron calcinados en el portamaletas de un auto en llamas. En esos mismos días, Wellington Júlio de Castro Mendonça, fue masacrado y apedreado hasta la muerte cerca de una carretera en una ciudad al noroeste de Río([3]). A ninguna de esas víctimas les robaron nada y todas tenía algo en común, eran LGTB([4]). El título del New York Time en español que da cuenta de estas noticias es clarificador: “Brasil enfrenta una epidemia de violencia contra las personas homosexuales”
En diciembre de 2017 conocimos por las redes sociales la agresión a Jonathan Castellari, fotógrafo y diseñador multimedial en Buenos Aires, que así cuenta parte de la historia “Estábamos esperando el pedido cuando entró un grupo de ocho pibes. Primero empezaron a insultarme, después comenzó la pesadilla. Me vi en el piso, bañado en sangre, completamente indefenso. Me pegaban piñas y patadas, mientras me decían “comé por puto”, “tomá, puto de mierda”. Hay un grito que nunca voy a olvidar: “Hay que matarlo por puto”([5]).

¿Qué hace que conductas de esta naturaleza se repitan a menudo y en distintos países? ¿Qué puede hacer que madres  o padres rechacen a sus hijos, por su condición sexual?([6]) ¿O que miles de personas se manifiesten contra la igualdad de derechos? Más aún, ¿Qué puede hacer que desconocidos asesinen a alguien por su condición sexual? . En definitiva, ¿Qué hace que la condición de LGBT sea tan terrible de vivirse, que quienes tienen esa condición tengan una mayor probabilidad de abandonar los estudios, tengan una mayor tasa de suicidios , problemas mentales o que hayan sido agredidos físicamente mucho más que el resto?

Como en toda conducta humana, incluyendo la delictiva, existen múltiples factores que se asocian de manera significativa a la génesis de esas conductas, y que ayudan a comprenderlas, que no necesariamente a justificarlas. Así por ejemplo, en el caso de Daniel Zamudio probablemente hay factores predisponentes asociados a los agresores, (personalidad agresiva, percepción de impunidad, consumo abusivo de alcohol al momento de los hechos, …) factores de vulnerabilidad de la víctima, (homosexualidad explícita] , imposibilidad de oponer resistencia), circunstancias desencadenantes específicas del momento (nocturnidad, ventaja numérica, etc.). En los crímenes de odio (racismo, homofobia, xenofobia…) sin embargo, hay un sustrato común a todos ellos, que ayuda a entender la conducta de quienes han dado lugar al horror, la desvalorización, el desprecio, en definitiva, la deshumanización del otro.

Durante más de 17 siglos, la conducta homosexual ha sido calificada bajo diferentes etiquetas, entre ellas, “pecado nefando[7]”, “pecado contra natura”([8]), “delito”, “enfermedad”, “degeneramiento”, “depravación”, “vicio”, etc., todas expresiones absolutamente descalificadoras de quienes tiene esa condición, todas ellas justificadoras, en mayor o menor grado de una cultura del dolor, del terror, del horror. Porque horror no es sólo la muerte, la tortura o la cárcel de quien teniendo la condición de homosexual ha sufrido directamente esas situaciones. No, el horror es más generalizado. Horror es también lo que han sufrido quienes teniendo la condición de homosexuales, han pasado días, meses, años, la vida entera escondiéndose, temiendo que se les identifique y se les haga pasar esos horrores. Horror es también lo que han pasado quiénes sin ser homosexuales, por alguna razón han sido acusados, o han temido serlo, de tal situación. Horror es haber pasado la vida escondidos, ocultando su condición, viviendo a medias, ocultos en el closet, para no ser tratados como parias. Horror es haber sido tratados como parias, como enfermos, como motivos de burla; horror es haber tenido que soportar “tratamientos”, para una condición que no es enfermedad, que no se cura. Horror es sentir culpa por ser como se es. Horror es también haber sido madre, padre, hermano, hijo, amigo de aquel a quien están quemando, torturando, encarcelando o persiguiendo.


Ahora bien, ante un mundo capaz de crear y difundir esto horror necesariamente surgen preguntas relevantes ¿Cómo y quién ha construido esa realidad social que permite que en muy diferentes ciudades de esta cultura americana, se puedan cometer estos crímenes de odio que poseen ese común denominador? ¿Quién o quiénes son responsables de esa cultura del dolor, del terror, del horror?

Si decimos “todos”, en verdad decimos nadie. Pero además no es efectivo.  Si es que fuera posible encontrar una responsabilidad compartida, ella sería mínima. Porque claramente no todos tenemos el mismo nivel de responsabilidad. Hay verdaderos responsables de esta situación.

La realidad colectiva se construye a partir de la acumulación de información (verdadera o falsa) que se va integrando de forma más o menos coherente en la conciencia social, a través de diferentes procesos, que terminan por legitimarla. De este modo, esa información, se transforma en verdad no cuestionada, en realidad indiscutible, que se repite a través de múltiples elementos de la propia realidad, ya sea a nivel de lenguaje o de acción.

A nivel de discurso, en la enseñanza familiar, escolar, religiosa, universitaria incluso; pero no sólo en ellas, también en los medios de comunicación masivos, en la prensa, en las revistas, en la conversación cotidiana, en el chiste escuchado a un cercano o a un profesional de hacer reír en la radio o la televisión. Pero no sólo en el discurso verbal o escrito, también en la acción. Así, la homofobia que lleva al horror es resultado de este proceso de deshumanización del otro, en el discurso y en los hechos.

Desde la perspectiva individual, el origen de la homofobia generalmente se remonta a los primeros años de la infancia, cuando los niños, sin capacidad alguna de crítica de lo que reciben, empiezan a internalizar el mundo que perciben no como uno entre los múltiples posibles, sino como el único real, el único legítimo.

Estas etiquetas que degradan y estas conductas, que en definitiva significan la deshumanización del otro y que en nuestro país fueron el principal sustrato ideológico de la tortura durante la dictadura([9]), son también la principal fuente de justificación ideológica de las conductas criminales contra las comunidades LGBT.

Wolf Lepenies, probablemente uno de los sociólogos que más ha estudiado el influjo de la cultura en la vida política y en la vida cotidiana, da cuenta con claridad meridiana de un aspecto muy poco destacado por el mundo intelectual, precisamente el rol de los intelectuales en la entrega de un sustrato ideológico que justifica las peores atrocidades contra el “otro”, cualquiera que éste sea. Como dice este autor, “Antes de que haya habido muertos en las batallas y torturados en los campos de prisioneros, se había destruido al enemigo en libros, panfletos, y numerosas reuniones en las universidades y academias”.

Surge de este modo la pregunta sobre quién o quiénes son aquellos intelectuales que más incidencia han tenido en la formación moral e ideológica de la sociedad occidental, que en parte importante ha llegado a identificarse con el llamado “sentido común”.

Y frente a esta pregunta, no hay dos respuestas. En nuestra cultura occidental, los “intelectuales” colectivos por excelencia, aquellos que desde hace más de 1700 años¸ han sido quienes han dictado las pautas más generalizadas de conducta y la justificación de ellas, y ante millones de personas aún lo siguen siendo, son las iglesias cristianas. Son ellas, primero como Iglesia Católica y luego en conjunto con las iglesias protestantes, las que han modelado los patrones de conducta de millones de seres humanos, que han buscado, o simplemente recibido de ellas los parámetros sobre lo está bien y lo que está mal, sobre lo que es legítimo y lo que es ilegítimo.  Directamente, a través del catecismo, de la enseñanza en los colegios, de la prédica en las misas y en general de las distintas manifestaciones pedagógicas de la Iglesia, o indirectamente, a través de leyes promulgadas por la autoridad civil, pero que se inspiran o directamente obedecen los mandatos de la Iglesia. Y si de lo que se trata es de “moral sexual”, ello es más relevante aún, pues ésta ha sido una preocupación permanente de la Iglesia Católica, que adquiere dimensiones de obsesión desde los tiempos de Agustín de Hipona, San Agustín (354 – 430). 

Y de ahí sale precisamente nuestro planteamiento, son precisamente esos “intelectuales colectivos” las iglesias cristianas, los principales responsables del horror, de la cultura de la muerte que históricamente se ha levantado en torno a las comunidades LGBT y que se mantiene hasta el día de hoy en las mentes de millones de personas, y en los discursos de odio que, con menor fuerza por cierto que hace algunos siglos, siguen promoviendo distintos representantes de dichas iglesias.

A nuestro entender, dos son las líneas probatorias que nos permiten verificar el origen de la homofobia actual en el seno de la cultura occidental, la comprobación del desarrollo histórico de las conductas homofóbicas de connotación social, y el análisis de los fundamentos ideológicos de los planteamientos homofóbicos.





II PARTE:                               RAÍCES Y CAMINOS DEL HORROR (pendiente)

III PARTE:                             SALIDAS DEL HORROR (pendiente)



En recuerdo de Daniel Zamudio, a quien particulares le quitaron su vida, inspirados en el discurso del horror.


En homenaje a mi ex profesor Sergio Monje Solar, artista y educador, a quien el Estado le malogró su vida, inspirado también en el discurso del horror.

Santiago, marzo de 2018



[1] Daniel Zamudio fue agredido la noche del 2 de marzo de 2012; internado esa misma noche en la Posta Central con múltiples lesiones, y sin recuperar la conciencia, falleció el 27 de marzo del mismo año

[3]  JACOBS, ANDREW “Brasil enfrenta una epidemia de violencia contra las personas homosexuales” En New York time en español, 5 de julio 2016. Disponible en https://www.nytimes.com/es/2016/07/05/brasil-enfrenta-una-epidemia-de-violencia-contra-las-personas-homosexuales/

[4] En un comienzo la expresión LGBT representó a lesbianas, gay, bisexuales y transexuales. Con el tiempo algunos grupos diferentes, asexuales, transgéneros, etc., quisieron que se agregaran más letras a la expresión. A fin de evitar que la sigla fuera variando en el tiempo, algunos prefirieron agregar el signo más (LGBT+). En la actualidad la expresión LGBT ha adquirido un amplio sentido, que incluye también a quienes se sienten pertenecientes a comunidades no incluidas en esas cuatro letras, que es precisamente el sentido que le damos aquí.

[6] “http://www2.latercera.com/noticia/hija-vocera-bus-la-libertad-progenitora-no-familia/

[7] Nefando “Que causa repugnancia u horror hablar de ella”.

[8]  Sodomía: Del lat. tardío  sodomīa, y este der. de Sodŏma, ´Sodoma´ciudad que según la Biblia fue destruida por Dios a causa de la depravación de sus habitantes (Dicc. Real Academia).

[9] Un alcohólico almirante, integrante de la Junta de Gobierno de la dictadura diría en un momento “Hay dos tipos de seres humanos: Unos que los llamo humanos y otros, humanoides. Los humanoides pertenecen al Partido Comunista”.