jueves, 21 de junio de 2018

HOMOFOBIA, SOBRE EL HORROR Y SUS CAMINOS



 “Simplemente nos olvidamos de que tal conflicto era el resultado de una elaboración a nivel intelectual que venía desarrollándose desde hace mucho tiempo. Antes de que haya habido muertos en las batallas y torturados en los campos de prisioneros, se había destruido al enemigo en libros, panfletos, y numerosas reuniones en las universidades y academias. Debemos mirar de frente esta terrible verdad: la intolerancia tiene, casi por principio, raíces intelectuales”
Wolf Lepenies





I PARTE:                                DEL HORROR Y OTROS RELATOS

Hace ya 6 años que conocimos con horror el crimen de Daniel Zamudio([1]). Torturado y asesinado sólo por su condición de homosexual, parte de esas acciones son así descritas por uno de los participantes: “Va el Raúl, se sienta encima del pecho del Daniel, le pesca la cabeza de las orejas y la comienza a azotar en el suelo y empieza a pegarle combos, demorándose sólo en eso unos 15 minutos. El Raúl se para y comienza a pegarle una patada en la cabeza. Alejandro orina nuevamente a Daniel y dice: tengo ganas de cagarlo encima. Luego el Pato da vuelta a Daniel y le quiebra otra botella de ron en la cabeza, pesca el gollete y le hace dos esvásticas en la espalda, diciéndole al Alejandro: aprende, así se hacen los cortes'"([2]).

A fines de junio de 2016, Gabriel Figueira Lima, de 21 años, fue acuchillado en el cuello en una ciudad en Amazonas, y abandonado mientras se le dejaba morir. Días antes, los profesores Edivaldo Silva de Oliveira y Jeovan Bandeira, también fueron asesinados y sus restos aparecieron calcinados en el portamaletas de un auto en llamas. En esos mismos días, Wellington Júlio de Castro Mendonça, fue masacrado y apedreado hasta la muerte cerca de una carretera en una ciudad al noroeste de Río([3]). A ninguna de esas víctimas les robaron nada y todas tenía algo en común, eran LGTB([4]). El título del New York Time en español que da cuenta de estas noticias es clarificador: “Brasil enfrenta una epidemia de violencia contra las personas homosexuales”
En diciembre de 2017 conocimos por las redes sociales la agresión a Jonathan Castellari, fotógrafo y diseñador multimedial en Buenos Aires, que así cuenta parte de la historia “Estábamos esperando el pedido cuando entró un grupo de ocho pibes. Primero empezaron a insultarme, después comenzó la pesadilla. Me vi en el piso, bañado en sangre, completamente indefenso. Me pegaban piñas y patadas, mientras me decían “comé por puto”, “tomá, puto de mierda”. Hay un grito que nunca voy a olvidar: “Hay que matarlo por puto”([5]).

¿Qué hace que conductas de esta naturaleza se repitan a menudo y en distintos países? ¿Qué puede hacer que madres  o padres rechacen a sus hijos, por su condición sexual?([6]) ¿O que miles de personas se manifiesten contra la igualdad de derechos? Más aún, ¿Qué puede hacer que desconocidos asesinen a alguien por su condición sexual? . En definitiva, ¿Qué hace que la condición de LGBT sea tan terrible de vivirse, que quienes tienen esa condición tengan una mayor probabilidad de abandonar los estudios, tengan una mayor tasa de suicidios , problemas mentales o que hayan sido agredidos físicamente mucho más que el resto?

Como en toda conducta humana, incluyendo la delictiva, existen múltiples factores que se asocian de manera significativa a la génesis de esas conductas, y que ayudan a comprenderlas, que no necesariamente a justificarlas. Así por ejemplo, en el caso de Daniel Zamudio probablemente hay factores predisponentes asociados a los agresores, (personalidad agresiva, percepción de impunidad, consumo abusivo de alcohol al momento de los hechos, …) factores de vulnerabilidad de la víctima, (homosexualidad explícita] , imposibilidad de oponer resistencia), circunstancias desencadenantes específicas del momento (nocturnidad, ventaja numérica, etc.). En los crímenes de odio (racismo, homofobia, xenofobia…) sin embargo, hay un sustrato común a todos ellos, que ayuda a entender la conducta de quienes han dado lugar al horror, la desvalorización, el desprecio, en definitiva, la deshumanización del otro.

Durante más de 17 siglos, la conducta homosexual ha sido calificada bajo diferentes etiquetas, entre ellas, “pecado nefando[7]”, “pecado contra natura”([8]), “delito”, “enfermedad”, “degeneramiento”, “depravación”, “vicio”, etc., todas expresiones absolutamente descalificadoras de quienes tiene esa condición, todas ellas justificadoras, en mayor o menor grado de una cultura del dolor, del terror, del horror. Porque horror no es sólo la muerte, la tortura o la cárcel de quien teniendo la condición de homosexual ha sufrido directamente esas situaciones. No, el horror es más generalizado. Horror es también lo que han sufrido quienes teniendo la condición de homosexuales, han pasado días, meses, años, la vida entera escondiéndose, temiendo que se les identifique y se les haga pasar esos horrores. Horror es también lo que han pasado quiénes sin ser homosexuales, por alguna razón han sido acusados, o han temido serlo, de tal situación. Horror es haber pasado la vida escondidos, ocultando su condición, viviendo a medias, ocultos en el closet, para no ser tratados como parias. Horror es haber sido tratados como parias, como enfermos, como motivos de burla; horror es haber tenido que soportar “tratamientos”, para una condición que no es enfermedad, que no se cura. Horror es sentir culpa por ser como se es. Horror es también haber sido madre, padre, hermano, hijo, amigo de aquel a quien están quemando, torturando, encarcelando o persiguiendo.


Ahora bien, ante un mundo capaz de crear y difundir esto horror necesariamente surgen preguntas relevantes ¿Cómo y quién ha construido esa realidad social que permite que en muy diferentes ciudades de esta cultura americana, se puedan cometer estos crímenes de odio que poseen ese común denominador? ¿Quién o quiénes son responsables de esa cultura del dolor, del terror, del horror?

Si decimos “todos”, en verdad decimos nadie. Pero además no es efectivo.  Si es que fuera posible encontrar una responsabilidad compartida, ella sería mínima. Porque claramente no todos tenemos el mismo nivel de responsabilidad. Hay verdaderos responsables de esta situación.

La realidad colectiva se construye a partir de la acumulación de información (verdadera o falsa) que se va integrando de forma más o menos coherente en la conciencia social, a través de diferentes procesos, que terminan por legitimarla. De este modo, esa información, se transforma en verdad no cuestionada, en realidad indiscutible, que se repite a través de múltiples elementos de la propia realidad, ya sea a nivel de lenguaje o de acción.

A nivel de discurso, en la enseñanza familiar, escolar, religiosa, universitaria incluso; pero no sólo en ellas, también en los medios de comunicación masivos, en la prensa, en las revistas, en la conversación cotidiana, en el chiste escuchado a un cercano o a un profesional de hacer reír en la radio o la televisión. Pero no sólo en el discurso verbal o escrito, también en la acción. Así, la homofobia que lleva al horror es resultado de este proceso de deshumanización del otro, en el discurso y en los hechos.

Desde la perspectiva individual, el origen de la homofobia generalmente se remonta a los primeros años de la infancia, cuando los niños, sin capacidad alguna de crítica de lo que reciben, empiezan a internalizar el mundo que perciben no como uno entre los múltiples posibles, sino como el único real, el único legítimo.

Estas etiquetas que degradan y estas conductas, que en definitiva significan la deshumanización del otro y que en nuestro país fueron el principal sustrato ideológico de la tortura durante la dictadura([9]), son también la principal fuente de justificación ideológica de las conductas criminales contra las comunidades LGBT.

Wolf Lepenies, probablemente uno de los sociólogos que más ha estudiado el influjo de la cultura en la vida política y en la vida cotidiana, da cuenta con claridad meridiana de un aspecto muy poco destacado por el mundo intelectual, precisamente el rol de los intelectuales en la entrega de un sustrato ideológico que justifica las peores atrocidades contra el “otro”, cualquiera que éste sea. Como dice este autor, “Antes de que haya habido muertos en las batallas y torturados en los campos de prisioneros, se había destruido al enemigo en libros, panfletos, y numerosas reuniones en las universidades y academias”.

Surge de este modo la pregunta sobre quién o quiénes son aquellos intelectuales que más incidencia han tenido en la formación moral e ideológica de la sociedad occidental, que en parte importante ha llegado a identificarse con el llamado “sentido común”.

Y frente a esta pregunta, no hay dos respuestas. En nuestra cultura occidental, los “intelectuales” colectivos por excelencia, aquellos que desde hace más de 1700 años¸ han sido quienes han dictado las pautas más generalizadas de conducta y la justificación de ellas, y ante millones de personas aún lo siguen siendo, son las iglesias cristianas. Son ellas, primero como Iglesia Católica y luego en conjunto con las iglesias protestantes, las que han modelado los patrones de conducta de millones de seres humanos, que han buscado, o simplemente recibido de ellas los parámetros sobre lo está bien y lo que está mal, sobre lo que es legítimo y lo que es ilegítimo.  Directamente, a través del catecismo, de la enseñanza en los colegios, de la prédica en las misas y en general de las distintas manifestaciones pedagógicas de la Iglesia, o indirectamente, a través de leyes promulgadas por la autoridad civil, pero que se inspiran o directamente obedecen los mandatos de la Iglesia. Y si de lo que se trata es de “moral sexual”, ello es más relevante aún, pues ésta ha sido una preocupación permanente de la Iglesia Católica, que adquiere dimensiones de obsesión desde los tiempos de Agustín de Hipona, San Agustín (354 – 430). 

Y de ahí sale precisamente nuestro planteamiento, son precisamente esos “intelectuales colectivos” las iglesias cristianas, los principales responsables del horror, de la cultura de la muerte que históricamente se ha levantado en torno a las comunidades LGBT y que se mantiene hasta el día de hoy en las mentes de millones de personas, y en los discursos de odio que, con menor fuerza por cierto que hace algunos siglos, siguen promoviendo distintos representantes de dichas iglesias.

A nuestro entender, dos son las líneas probatorias que nos permiten verificar el origen de la homofobia actual en el seno de la cultura occidental, la comprobación del desarrollo histórico de las conductas homofóbicas de connotación social, y el análisis de los fundamentos ideológicos de los planteamientos homofóbicos.





II PARTE:                               RAÍCES Y CAMINOS DEL HORROR (pendiente)

III PARTE:                             SALIDAS DEL HORROR (pendiente)



En recuerdo de Daniel Zamudio, a quien particulares le quitaron su vida, inspirados en el discurso del horror.


En homenaje a mi ex profesor Sergio Monje Solar, artista y educador, a quien el Estado le malogró su vida, inspirado también en el discurso del horror.

Santiago, marzo de 2018



[1] Daniel Zamudio fue agredido la noche del 2 de marzo de 2012; internado esa misma noche en la Posta Central con múltiples lesiones, y sin recuperar la conciencia, falleció el 27 de marzo del mismo año

[3]  JACOBS, ANDREW “Brasil enfrenta una epidemia de violencia contra las personas homosexuales” En New York time en español, 5 de julio 2016. Disponible en https://www.nytimes.com/es/2016/07/05/brasil-enfrenta-una-epidemia-de-violencia-contra-las-personas-homosexuales/

[4] En un comienzo la expresión LGBT representó a lesbianas, gay, bisexuales y transexuales. Con el tiempo algunos grupos diferentes, asexuales, transgéneros, etc., quisieron que se agregaran más letras a la expresión. A fin de evitar que la sigla fuera variando en el tiempo, algunos prefirieron agregar el signo más (LGBT+). En la actualidad la expresión LGBT ha adquirido un amplio sentido, que incluye también a quienes se sienten pertenecientes a comunidades no incluidas en esas cuatro letras, que es precisamente el sentido que le damos aquí.

[6] “http://www2.latercera.com/noticia/hija-vocera-bus-la-libertad-progenitora-no-familia/

[7] Nefando “Que causa repugnancia u horror hablar de ella”.

[8]  Sodomía: Del lat. tardío  sodomīa, y este der. de Sodŏma, ´Sodoma´ciudad que según la Biblia fue destruida por Dios a causa de la depravación de sus habitantes (Dicc. Real Academia).

[9] Un alcohólico almirante, integrante de la Junta de Gobierno de la dictadura diría en un momento “Hay dos tipos de seres humanos: Unos que los llamo humanos y otros, humanoides. Los humanoides pertenecen al Partido Comunista”.







miércoles, 20 de junio de 2018

MUNDIALES DE FÚTBOL, CAMINO DE GLOBALIZACIÓN






“El objetivo es que la globalización no sea sólo del gran capital, sino que beneficie a todos los habitantes del planeta, que la mundialización sea ciudadana, solidaria y justa, que favorezca al ser humano y no sólo al gran capital”

Víctor Hugo de la Fuente


Hacia 1818, hace exactamente 200 años, el futbol era todavía una simple entretención de la que participaban especialmente algunos británicos, sin que hubiera reglas claras y menos aceptadas por los diferentes equipos. A mediados de ese siglo se establecen las primeras reglas, entre ellas la prohibición del uso de las manos para desplazar la pelota, y en la década siguiente se establecen otras, referidas a saques de esquina, saques de banda y otras materias.  Pero va a ser en 1863, en la Taberna Freemason’s, en donde reunidos una serie de equipos se separan definitivamente del rugby, y al crear la The Football Association, (FA), dan estructura a la organización inglesa que más importancia tendría en la difusión y consolidación de este deporte.

En la actualidad, el Campeonato Mundial de Fútbol es entretención, deporte, pasión, negocio y, corrupción mediante, uno de los mejores ejemplos de la globalización. Después de todo, el fútbol es el deporte más popular del mundo, con más de 270 millones de personas que lo practican y varios cientos de millones que lo valoran como espectáculo.
La globalización –mundialización para algunos-, es un proceso social complejo, que, partiendo desde la actividad económica, integra, a escala planetaria, mercados, sociedades y culturas, haciéndolas interdependientes. En estricto rigor, el proceso de integrar cada vez a nuevos territorios, estableciendo patrones de interdependencia, es propio del ser humano y lo encontramos ya en el Imperio Romano en la antigüedad europea, en el Tahuantinsuyo, en la América precolombina, y con mayor razón con la circunnavegación de África y la conquista y colonización de nuestro continente. Este proceso por lo demás es también natural en el desarrollo del capitalismo, y fue descrito con maestría hace ya más de 170 años “Espoleada por la necesidad de un mercado más extenso, la burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes, crear vínculos en todas partes… Gracias al rápido perfeccionamiento de los instrumentos de producción y al constante progreso de los medios de comunicación, la burguesía lleva la civilización hasta todas las naciones, hasta las más salvajes…. (Marx, Engels, Manifiesto del Partido Comunista, febrero, 1848).

Como fenómeno social, no había tenido nunca las características actuales, dadas entre otras razones, por las posibilidades de comunicación instantánea con prácticamente todo el planeta, el desplazamiento de gigantescos capitales a través de todo el mundo, y la existencia de mercados abiertos en todos los continentes. Acelerado a partir del término de la Guerra Fría, y por tanto del término de la división en bloques opuestos, se ha ido concretando con la difusión del capitalismo como única alternativa, en un proceso de imposición del modelo neoliberal en sus diversas manifestaciones. Desde esa perspectiva, más que “mundialización”, en términos de “integración” de las diversas zonas y culturas, aparece como una verdadera “occidentalización” del planeta, en cuanto para lograr la integración de los diferentes mercados, se imponen valores y visiones propias del mundo occidental. Y ello se hace de las más variadas formas. Y aquí, el fútbol es instrumento y resultado de la globalización, mecanismo para profundizar en ella, pero también consecuencia de ese proceso. Y los Campeonatos Mundiales, la mejor expresión, dentro del fenómeno social llamado fútbol, de cómo la globalización alcanza todos los ámbitos de la vida en sociedad.

Surgido el fútbol en Inglaterra y extendido esencialmente a Europa y América Latina, no sólo es un deporte exclusivamente de la cultura occidental, sino incluso sólo de parte de ella. Dentro de esta, ni Estados Unidos, ni Canadá, ni Australia manifiestan algún interés significativo por ese deporte. Los Campeonatos “Mundiales”, iniciados en 1930, durante décadas, son en verdad meramente “locales”, extendiéndose poquísimo más allá de esos dos continentes. El Campeonato Mundial de 1970, relevante desde el punto vista deportivo, en cuanto pone fin a la competencia por la Copa Jules Rimet, de enorme valor simbólico (y también comercial), que se juega en México en 1970, cuenta con la participación de apenas 16 selecciones, es decir, representantes de poco más del 10% de los países existentes a la fecha, y de una mínima población, de los 3.700 millones de habitantes que aproximadamente hay en el planeta, en esa fecha.

Es decir, ni desde el número de países, ni desde la población, tiene significación alguna “mundial”. Y tampoco desde lo geográfico, toda vez que, de esas 16 selecciones, 8 corresponden a países europeos, (Italia, Alemania Federal, Inglaterra, Suecia, Bélgica, Rumania, Bulgaria, Checoslovaquia, Unión Soviética), 5 a países latinoamericanos (Brasil, Uruguay, México, Perú, El Salvador), y los dos restantes, a países de la esfera del Mediterráneo (Israel, Marruecos).

Pensados aún en esa época como instrumentos adecuados para potenciar el desarrollo del fútbol y de la infraestructura que para ello se necesita, su organización se entrega de manera más o menos intermitente a un país europeo y otro americano. Un buen ejemplo de la falta de interés económico y por el contrario, de la idea de potenciar el deporte y la infraestructura requerida, lo vemos en el Campeonato Mundial de Futbol de 1962, que es entregado para su organización a un país pequeño, subdesarrollado, sin ninguna capacidad especial de promoción del negocio, sino simplemente como una manera de apoyar a “quienes no tenían nada, y querían tenerlo todo”.
En junio 1974 asume la dirección de la FIFA Joao Havelange, y el Campeonato Mundial, que con el anterior director, Stanley Rous, había crecido en prestigio, y era ya el evento deportivo más seguido en el mundo, después de las Olimpíadas, se empieza a transformar en lo que actualmente es, una máquina de fabricar dinero.
La televisión abrió un espacio de negocio para los espectáculos masivos como no había existido nunca. Ahora ya no se obtienen recursos sólo mediante la venta de las entradas al estadio. Es más, incluso se puede prescindir de ellas, pues es la venta de los derechos televisivos, y de la publicidad que acompaña esta masiva difusión del espectáculo lo que verdaderamente aporta los ingresos. Y mientras más televidentes quieran ver el espectáculo, más ingresos entran.
Pero no sólo las transmisiones deportivas son el negocio. En verdad todo lo que gira o puede girar en torno al evento es negocio. Desde lo más obvio, el turismo, las marcas deportivas, los medios de comunicación, las empresas patrocinantes, la “bebida oficial”, (¿adivinen cuál? ¡Si, esa misma! 1978 “Nos convertimos en patrocinadores mundiales oficiales por primera vez. Desde entonces, hemos estado en cada uno de los campeonatos”, dice hoy la página oficial de la Coca Cola), el “auto oficial”, (Corea del Sur no sólo está presente con su selección, sino también con 530 vehículos Hyundai entregados a los organizadores para el traslado de deportistas, autoridades, periodistas), hasta los álbumes “Panini” (el último de los cuales requiere unos 100 dólares para llenarlo). Incluso la prostitución que en torno a estos eventos se desarrolla alcanza también niveles de globalización, con significativas cifras económicas, y la oferta de prostitutas con diversos perfiles genéticos (negras, mulatas, rubias, …), llevadas desde diferentes lugares para un público con requerimientos también muy diversos. Por supuesto no todo es negocio, también hay política, y así, de paso, con el Campeonato Mundial de 1978 en la Argentina de Jorge Rafael Videla, (en 1983 condenado a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad), apoyamos las dictaduras militares de Latinoamérica.
El primer esfuerzo, claramente visible a nivel de Campeonato Mundial por aumentar el negocio y mostrar efectivamente dimensiones mundiales, se alcanza en España, en 1982, cuando el número de selecciones participantes se amplía en un 50%, de 16 a 24, incrementando el número de cupos continentales en la fase clasificatoria, integrándose esta vez países como Kuwait y Nueva Zelanda.
La decisión de ampliar el número de cupos se había tomado por las FIFA de Havelange, en 1978, esto es sólo 4 años antes del campeonato, no obstante que la decisión sobre la sede se había resuelto 18 años antes, en reunión en Tokio en 1964. Pero no se trata sólo de aumentar el número de selecciones participantes, y por esa vía de personas interesadas en ver ese espectáculo. Se trata también que grandes empresas aporten recursos, y pronto Coca Cola, Kodak, y Visa son patrocinantes del Campeonato Mundial. También se apuesta a lograr que sociedades con altos ingresos se interesen por el futbol. Incluso cuando no se interesan. Y esa es claramente la única explicación para que el Campeonato Mundial de 1994 se haya realizado en un país donde a casi nadie le interesaba ese deporte, Estados Unidos. Se trata de ingresar al mercado del fútbol la potencial demanda de los Estados Unidos, cuestión que, si bien no se logró definitivamente, abrió un espacio de penetración que ha continuado ampliándose, curiosamente si, con el fútbol femenino, más que con el masculino.
En 1998 se consagra un nuevo esfuerzo por globalizar los Campeonatos Mundiales de Fútbol, y es así como el que se desarrolla ese año en Francia cuenta con la participación ahora de 32 países participantes. ¡En 16 años, el número de selecciones que participan de un Campeonato Mundial de Futbol se ha duplicado! Esta vez, junto a los clásicos Alemania, Argentina, Brasil, España, Inglaterra, juegan también Arabia Saudita, Irán, Túnez, Camerún, Nigeria, Sudáfrica, Japón…. El campeonato ya parece efectivamente “mundial”.  
Nuestro fútbol, por su parte, con una larga historia deportiva, -con una Federación de Fútbol fundada en 1895, una de las 10 más antiguas del mundo- el año 2.000 entra directamente en la era del fútbol como negocio, constituyéndose el Club Magallanes en el primero que se transforma en una Sociedad Anónima Deportiva, (SAD). El año 2.002, se decreta la quiebra oficial del Club Social y Deportivo Colo Colo y rápidamente los llamados equipos grandes del fútbol chileno, el propio Colo Colo, la Universidad de Chile y la Universidad Católica, pasan a depender de los grandes grupos económicos de nuestro país. La excusa, cuando la hay, es siempre la misma, esto permitirá una administración excepcional, pondrá a nuestros equipos en las grandes ligas, evitará que los clubes quiebren, que a los jugadores no se les pague oportunamente, que los equipos no cumplan sus compromisos económicos. En fin, todo funcionará perfecto, como perfecto es el mercado. Y así ha sido, perfecto. Salvo claro, algunos detalles, las barras bravas, la violencia brutal en los estadios, las crisis económicas permanentes en muchos equipos, el desprecio absoluto hacia la hinchada, que por lo demás tampoco interesa, pues económicamente no es rentable que vaya público a los estadios, dado el alto costo que adquiere la seguridad que hay que mantener, hoy en gran medida privada, y el canal del futbol sigue siendo el mejor negocio ¿o alguien cree que efectivamente ha habido voluntad por mejorar la “experiencia” de ir a los estadios?, la corrupción de Jadue, …
Ese mismo año, el 2002, en un nuevo esfuerzo por incorporar nuevos mercados, esta vez el de Asia, el Campeonato Mundial de Fútbol se juega en Corea del Sur y Japón, con una tradición futbolística… de algunos meses. Y veinte años después, ahora buscando los dólares que el petróleo puede aportar, y que por cierto no son pocos, la sede del nuevos Campeonato Mundial será Catar, país al que millones de aficionados al fútbol oyen nombrar por primera vez, precisamente a raíz de su determinación como futura sede de dicho campeonato. Y ya se acordó un mundial con 48 equipos, el 2026, con sede en Canadá, Estados Unidos y México. ¿Más globalización dónde?
Un detalle. No todo es globalización. El triunfo no se ha globalizado en los últimos 48 años. En los 12 campeonatos mundiales de este período, entre los tres primeros lugares ha habido 26 equipos europeos, (72%), 9 latinoamericanos (25%), y uno intercontinental, (Europa y Asia), (3%), Turquía, que en el Campeonato del 2002, obtuvo un increíble tercer lugar, luego de derrotar a Corea del Sur.
La globalización del fútbol no sólo se ha dado con la integración a los Campeonatos Mundiales a cada vez selecciones, y de espacios geográficos antes prácticamente no representados, como Asia u Oceanía, o claramente subrepresentados, como África. También se ha manifestado en una mayor presencia de futbolistas de características fenotípicas diferentes al blanco europeo. Y no sólo porque nuevos países han ingresado a los Campeonatos Mundiales, sino porque algunos países europeos han incorporado jugadores cuyos antepasados provienen de muy variadas latitudes. Probablemente el ejemplo más paradigmático lo represente Francia, cuya selección, en 1970, estaba compuesta por puros hombres blancos europeos, y ya la de Sudáfrica 2010, contaba con 11 afrodescendientes, de un total de 17([1]). La “globalización” de jugadores, esto es, la presencia de jugadores extranjeros en diferentes mercados nacionales es también una nueva realidad. Y por supuesto ella se refiere preferentemente a los países en que el negocio futbolístico mueve mayores capitales. Al igual como ocurre con las materias primas, (incluyendo las drogas de origen vegetal), cuando son notoriamente buenos, nuestros jugadores emigran desde países pobres a países ricos, aunque en ellos casi no se juegue fútbol. Ya lo sabemos los chilenos, con jugadores nuestros que jugaron o están jugando en Alemania, Andorra, Argentina, Azerbaiyán, Australia, Austria,  Bélgica, Bolivia, Brasil, Canadá, Croacia, Dinamarca, Ecuador, Emiratos Árabes, España, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Grecia, Guatemala, Holanda Indonesia, Inglaterra, Italia, Kasajistan, Malasia, Malta, México, Noruega, Nueva Zelanda, Palestina, Perú, Polonia, Portugal, Puerto Rico, Rumania, Rusia, Suecia, Suiza, Tahíti, Tailandia, Turquía, Uruguay, Vaticano y Venezuela([2]), sin contar a unos cuantos técnicos nacionales, también repartidos por el globalizado planeta.
El 27 de mayo del año 2015, y dos días antes de una nueva elección de la presidencia de la FIFA, que se anunciaba como compleja, las autoridades suizas arrestan en el Hotel Baur au Lac, en Zúrich, a 7 altos funcionarios de esa organización, y luego 7 más son arrestados en diferentes lugares, y poco más adelante la cifra de involucrados asciende a más de 20. Estados Unidos les acusaba de soborno, fraude y lavado de dinero.
¡La globalización del neoliberalismop en todo su esplendor!
El proceso se inicia en Estados Unidos, los primeros arrestos son en Suiza, los implicados son de Islas Caimán, Costa Rica, Trinidad y Tobago, Nicaragua, Uruguay, Estados Unidos, Venezuela, Paraguay, Honduras, Guatemala, Argentina, Brasil, Bolivia, Suiza, Francia, y también Chile, por supuesto.
¿La globalización del capitalismo en todo su esplendor?
La verdad parece que todavía no. Tres años después de iniciado el proceso, aún queda el juicio, en donde algunos, mediante suculentas fianzas, -después de todo viene recibiendo sobornos millonarios desde hace años-, salen en libertad, y otros, también en libertad, como nuestro inefable Sergio Jadue, postergan y postergan un juicio que ya pocos creemos que lo pueda llevar a la cárcel, sino más bien que, al impedir su extradición, logrará salvarlo de nuestra propia justicia.

Nota:
Se agraden los aportes de futbolísticos de Francisco Marchant González y Javiera García Lizama.

Fernando García Díaz
Junio de 2018



[1] Ambas comparaciones, según apariencias de las fotografías, registradas en el Album, “Panini”, de dichos campeonatos.
[2] Lista de países obtenida de “Futbolistas chilenos en el mundo”, disponible en


sábado, 16 de junio de 2018

CONSUMO DE DROGAS EN LOS PUEBLOS PRECOLOMBINOS



Como se ha señalado, “es aparentemente en la América indígena donde se concentra el mayor número de sustancias psicoactivas utilizadas en el mundo, bajo la forma de una diversidad de plantas (e incluso ciertas secreciones animales) que se inhalan, comen, beben o se aplican en enemas”([1]).
La práctica del consumo de este tipo de drogas alcanza tales niveles de difusión, que ha motivado particulares preguntas antropológicas. Entre ellas, destaca la llamada “interrogante estadística”, que se planteara hace ya algunas décadas el etnobotánico Richard E. Schults, y que Peter T. Furst describe en los siguientes términos “¿Cómo va uno a explicarse la notable anomalía entre el gran número de plantas psicoactivas conocidas por los primeros americanos, que habían descubierto y utilizado de ochenta a cien especies diferentes y el número mucho menor -no más de ocho o diez- que como es sabido fueron empleadas en el Viejo Mundo?”([2]). La principal respuesta a esta inquietud fue entregada, hacia 1970, por La Barre, -erudito en antropología y religión- quien sostuvo que, considerando que la humanidad en el Viejo Mundo ha vivido cientos de miles de años, y no sólo algunos miles como en América, que la flora era al menos tan rica y variada y potencialmente poseedora de la misma cantidad de plantas alucinógenas, la respuesta no podía ser botánica, sino cultural. La tesis de este autor, es que “el interés de los indígenas americanos por las plantas alucinógenas está ligado directamente a la supervivencia en el Nuevo Mundo de un chamanismo esencialmente paleo mesolítico, eurasiático que los antiguos cazadores de grandes animales llevaron consigo del Asia nororiental, y que resultó ser la base religiosa de los indios americanos”([3]).
El chamanismo, como fenómeno socio cultural encuentra su cuna en Siberia, desarrollándose en Asia Central y septentrional, extendiéndose a Corea y Japón y alcanzando los pueblos fronterizos de Tíbet, China e India, y llegando a Indochina y América([4]). En lo esencial se caracteriza por constituir un marco cultural “…donde ciertas percepciones básicas de la realidad se construyen en base a estados modificados de conciencia…”([5]), cuyos conocimientos suelen “encarnarse en algún individuo que actúa el papel de Chamán”([6]). Este personaje, central en las culturas aborígenes americanas ha sido conceptualizado como “…el individuo visionario, inspirado y entrenado en decodificar su imaginería mental que, en nombre de la colectividad a la que sirve y con la ayuda de lo que concibe como sus espíritus aliados, entra en estados de catarsis profunda sin perder la consciencia despierta de lo que está percibiendo”([7]).
Esta orientación chamánica, común a Europa y Asia en los comienzos, se pierde durante el Neolítico, produciéndose diferencias substanciales entre las viejas religiones euroasiáticas y las prácticas del Nuevo Mundo, que permanecen fieles a las tradiciones del Chamán. Hoy sin embargo resulta interesante destacar que dentro del amplísimo mercado de espiritualidad que se ofrece en occidente, y dentro del cual América emerge como continente de origen y destino, algunas encuentran su sustrato práctico y conceptual en “…los intrincados sistemas de creencias, símbolos y prácticas chamánicas supervivientes de los pueblos indígenas americanos”([8]).
Es decir, si hemos de dar crédito a esta teoría, y considerando que las primeras migraciones hacia el Nuevo Mundo por el “puente de tierra” que conectaba Siberia y Alaska pudieran datar de unos 20 a 40 mil años y las más recientes de unos 12 mil, los orígenes del consumo de sustancias psicoactivas en este continente se remontan a más de 10 mil años. Comparten esta hipótesis algunos antropólogos chilenos expertos en el tema, que han señalado que el uso de alucinógenos en nuestro continente “está en la base misma de la tradición indígena americana, la que tendría sus antecedentes en pueblos del occidente asiático”([9]), desde donde habría llegado.
Por otro lado, confluyen como argumentos que refuerzan esta idea, el conocimiento que se tiene de las plantas con poder psicoactivo, de los mecanismos para extraer mejor dichas sustancias, la cantidad necesaria para el consumo, así como los diversos métodos de incorporación al organismo humano, pues todo ello requiere de largos procesos de aprendizaje y experimentación.
Sea cual sea la antigüedad del consumo de drogas a la llegada de Colón, se encuentra difundido en prácticamente todos los pueblos y culturas de la América precolombina. En aquella época, las sustancias psicoactivas tuvieron un origen esencialmente vegetal y sólo muy esporádicamente animal. En este último caso, se trata casi siempre de las secreciones venenosas de algún sapo o rana, siendo el más conocido el caso del Bufo marinus, un sapo del que se extraía un poderoso veneno en las regiones de Centroamérica y El Caribe ([10]).
En la América precolombina las sustancias psicoactivas provenían esencialmente de hongos, cactus, semillas, flores y en menor medida de árboles y arbustos. Sus efectos corresponden mayoritariamente a lo que hoy podemos llamar alucinógenos, (también conocidos como “enteógenos” ([11])) aun cuando también se utilizan estimulantes, como la coca, la nicotina o el cacao, y depresores como el alcohol.
En América Central, el Caribe y Sudamérica se encuentra extendido el uso de polvos psicoactivos, que Ott llama “rapé enteogénico” y que ubica en yacimientos arqueológicos descubiertos en “Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, la República Dominicana, Haití, Perú y Puerto Rico”([12]).
En las tierras amazónicas, el psicoactivo más difundido proviene de las ramas de la Banisteriopsis sp, una enredadera de la selva. El producto obtenido mediante diferentes procesos, es conocido en un extenso territorio con una gran variedad de nombres, “como yajé, caapi, ayahuasca, natema o pinde”([13]). También se utiliza en esta zona polvos obtenidas de la molienda de la semilla del árbol llamado Vilca (Anadenanthera peregrina)([14]), cuya presencia se extiende hasta pueblos de nuestro territorio.
En la llamada actualmente cultura San Pedro, correspondiente a un pueblo que vivió en los oasis del desierto de Atacama entre el 200 y el 900 de nuestra era, es posible encontrar un conjunto de pequeños artefactos, algunos de gran riqueza artística, que eran utilizados en el consumo de sustancias psicoactivas. En más del 10 % de las 5.000 tumbas excavadas, se han encontrado restos de estos implementos, así como bolsitas de cuero con polvo de Vilca, rico en diversos alcaloides “todos de rápido efecto y que provocan una modificación radical de los estados de conciencia y de los patrones cognitivos y perceptuales”([15]). Los estudios arqueológicos efectuados, que constatan la presencia de gran cantidad de estos objetos, “más el hecho que la mayor parte de ellos parecen haber sido muy usados antes de ser depositados en las tumbas, permiten concluir que la ingestión de estas sustancias fue habitual entre los miembros de la cultura San Pedro”([16]).
Otra sustancia conocida en Chile es aquella “que los indios la llaman Miaya y los españoles chamico”([17]). De sus efectos ya da cuenta el jesuita Diego de Rosales en su “Historia General del Reino de Chile, Flandes Indiano”, escrita aproximadamente entre 1652 y 1673. Allí, junto a la geografía, fauna, vida y costumbres indígenas, se describe también las bondades medicinales de una extensa gama de plantas, entre  las que destaca el chamico. “Dadas a beber en bino, o en agua, entorpecen de tal suerte los sentidos que los delinquentes, si las beben, antes de darles los tormentos, no sienten dolor alguno, por mas que les aprieten los cordeles. Si aumentan la cantidad, quedan dormidos por un dia natural con los ojos aviertos, y para despertarlos, les ponen vinagre en las narices, o ceniza caliente en la frente. Si es mucha la bebida, se quedan dormidos, y riendo, y se mueren sin agonía ninguna”([18]).
Es en las zonas al sur del Río Bravo en donde más se ha estudiado el tema del consumo de sustancias psicoactivas. Allí, en lo que hoy es México, vivieron una gran cantidad de tribus -Kiowa, Comanche, Shawnee, Kickapoo, Osage, Quapaw, Seminola, Sheyene, Ponca y muchas más, y por cierto otras más conocidas como las olmecas, toltecas, mayas o aztecas- y se desarrollaron decenas de culturas. En general, en todas ellas se utilizaron productos vegetales capaces de producir algún estado de alteración de la conciencia.
De aquellas sustancias, las más difundidas en la actualidad corresponden a dos estimulantes que en algún momento tuvieron un carácter sagrado; pero que hoy se han tornado profanas y circulan como simples mercancías.
El chocolate, originario de México central es una de estas sustancias. A la llegada de los españoles, según cuentan cronistas de la época, lo traían de las tierras bajas de Veracruz, y con él se preparaba una espumosa bebida, que incluía miel y especies aromáticas y que sólo los nobles podían consumir. “Se le conocía como “corazón sangre” y era un alimento asociado a la felicidad. Su bebida embriagaba a los señores, a los protegidos por Quetzalcóatl y Xiuhtecuhtli, a los destinados a gobernar. Su poder era visionario…”([19]).
El tabaco, hoy de difusión universal y también de origen americano es la segunda sustancia. “Desde el valle del Mississippi hasta Tierra del Fuego toda América bebía, comía o fumaba esta hierba, la más sagrada del continente”([20]). En la actualidad se ha acentuado su condición de droga perniciosa, luego de siglos de ser mayoritariamente  considerado un inofensivo elemento de placer, de uso preferentemente masculino y símbolo de elegancia cuando se consumía bajo ciertas condiciones (boquillas, pipas, cachimbas, etc.).
Entre los múltiples productos psicoactivos consumidos en esa zona, a veces resulta difícil distinguir cuál es uno y cuál el otro. Favorecen esta situación los problemas de idiomas, los nombres diferentes que para un mismo producto se utilizan según las zonas y las condiciones de secreto con que luego de la conquista española se solían preparar e ingerir esas sustancias. Ejemplo claro de esto es el uso de la palabra mezcal, que está lleno de confusiones. En la antigua literatura se utiliza frecuentemente para denominar al peyote; en la actualidad es la denominación de una bebida alcohólica, pero “el verdadero mezcal es el Agave spp”([21]), sin perjuicio que por sus propiedades embriagantes, se describa a otras dos plantas como “frijol de mezcal” (Sophora secundiflora) y “botón de mezcal” (Lophophora williamsii) ([22]).
Numerosas tribus mexicanas consumieron -y consumen-, diversos hongos alucinógenos, siendo el producto llamado “teonanacatl” o “carne de los dioses”, el más conocido en la cultura occidental([23]).
Descrito el uso de estas plantas desde la llegada de Cortés por algunos cronistas de la época, el teonanacatl fue desapareciendo de la práctica y de la literatura, quizás por los efectos represivos que su consumo -asociado directamente a ritos religiosos paganos- suscitaba. W.E. Safford, conocido etnobotánico norteamericano, planteó incluso la idea de que los hongos alucinógenos jamás habían existido. En 1915 postuló que por problemas de idiomas, los españoles habían confundido estos hongos con el peyote o que simplemente los indios los habían engañado ([24]).
En 1938, R. E. Schultes, acompañado de P. Reko en la fase preliminar, recolecta los primeros hongos que él mismo logra identificar ([25]). Con posterioridad, Albert Hofmann, famoso químico suizo que ya había elaborado dietilamida de ácido lisérgico (L.S.D.25), aisló, identificó y sintetizó los constituyentes psicoactivos -alcaloides psilocibina y psilocina- en ejemplares cultivados de Psilocybe mexicana.
En 1957 R. Gordon Wasson, en la revista Life, da a conocer al mundo profano la existencia de estos hongos mágicos.
En la actualidad se encuentra plenamente confirmado que en México se emplearon y se emplean varias decenas de hongos con características alucinógenas. A la luz de estos descubrimientos, hoy resultan más fáciles de explicar diversos dibujos indígenas que muestran a alguno de ellos en posición contemplativa frente a un hongo.
Más conocido aún que los hongos es el caso del peyote. Con dificultades en un principio para su identificación, hoy no cabe duda que se trata de la Lophophora williamsi, un cactus sumamente particular, pequeño, sin espinas y con forma de zanahoria, que crece desde el valle del Río Grande al sur.
Este cactus es generoso en la presencia de alcaloides y en su estado adulto contiene al menos nueve([26]). Estos pueden ser clasificados en dos grandes clases, según el tipo de acción fisiológica que poseen, aquellos que acrecientan la irritabilidad refleja, al estilo de la estricnina y los que poseen una acción sedante-somnífera, de tipo morfina([27]).
En América del Sur es conocida la tradición de consumo de hojas de coca en una amplia zona de la cordillera de Los Andes. A la llegada de los españoles, esta tradición de cultivo y uso de la coca tendría ya unos 6.500 años, si hemos de creer lo que señala el Gobierno Peruano ([28]).
Como se ha dicho, las sustancias psicoactivas han sido usadas en nuestro continente por las más variadas culturas, así las encontramos consumidas por pequeñas tribus de la cuenca del Amazonas en América del Sur, por pueblos cazadores del oeste norteamericano, por habitantes de los imperios Maya, Azteca o Inca, por chamanes mapuches, en definitiva, por todos o casi todos los pueblos originarios de estas tierras.  En torno a esta situación es necesario sí un par de reflexiones.
En primer lugar, el consumo aparece como resultado de un largo y cuidadoso proceso de observación y experimentación, que ha permitido a los antiguos habitantes reconocer aquellas plantas capaces de producir los efectos deseados y precisar los procedimientos más adecuados relativos tanto a la obtención de las sustancias psicoactivas, como al modo de introducirlas al organismo.
En segundo lugar, la existencia de miles de objetos y dibujos relativos al consumo, en cientos de sitios arqueológicos diferentes, dan cuenta de que la ingestión de este tipo de sustancias no constituyó un hecho aislado ni esporádico, sino más bien una práctica relativamente frecuente.
Aquí es necesario destacar que la visión occidental que tenemos del consumo de productos alucinógenos poco o nada expresa acerca de lo que los aborígenes veían en esta actividad. Para ellos, su consumo proporcionaba “sentido a los sentidos, fuerza a los sentimientos y sabiduría al intelecto”([29]).
En síntesis, como dice Fericgla, si “el consumo de enteógenos es una práctica cuasi universal del ser humano, en especial entre los pueblos ágrafos”([30]), el consumo de drogas en un sentido aún más amplio, incluyendo estimulantes y depresores, es definitivamente universal, geográfica y cronológicamente. Más aún, en los pueblos habitantes de nuestra América precolombina, el consumo de drogas constituiría un elemento central al momento de comprender los métodos de subsistencia, las relaciones ayuda y curación, la memoria colectiva y los sistemas de toma de decisiones, rol que con alguna variación se mantendría hasta la actualidad en la población indígena y mestiza americana([31]).
Y no obstante lo anterior, es decir la antigüedad del consumo y la diversidad cultural en donde se daba, no existía el “problema” de la droga. ¿Qué hace hoy que el fenómeno sea diferente?
El advenimiento de un nuevo orden económico y político vino a cambiar radicalmente la situación. En los sistemas económicos no capitalistas, la droga se utiliza asociada siempre a ceremonias o rituales, con funciones medicinales, religiosas, mágicas, afrodisíacas, aún orgiásticas o bélicas. Pero siempre se trata de una sustancia mágica, que otorga conocimiento, fuerza, valor, espiritualidad y que nunca es considerada como producto transable con miras al enriquecimiento. Con posterioridad, la situación varía, transformándose la droga en una mercadería que se utiliza para facilitar la explotación del trabajo, pero sobre todo, para reportar ingentes utilidades, finalidad esta última que constituye el leiv motif del actual tráfico de drogas.
Como hemos señalado, a la llegada de los españoles a América del Sur, los efectos del consumo de hoja de coca eran conocidos entre la población indígena desde hacía miles de años. No existe acuerdo en los autores respecto de su difusión. Para unos, contrario a lo que se cree, era limitada y estrictamente controlada por el soberano, utilizándose en fiestas religiosas y en algunos trabajos pesados. El derecho a mascarla sería concedido por el Inca a quienes desarrollaban ciertas actividades, entre las que es posible reconocer sacerdotes, doctores, guerreros, mensajeros y quienes mantenían las cuentas del imperio.
Para otros, en cambio, ello no concuerda con los datos históricos ni con la información arqueológica, que mostraría una más que milenaria popularidad. “En orden de importancia por la cantidad de consumidores declarados, la segunda gran droga descubierta en América es la hoja de coca” ([32]) dice Escohotado. Y concordante con esto Bustos  indica que “Hoy resulta indudable que a la llegada de los españoles a América, el consumo de la hoja de coca estaba extendido por toda la ruta andina, llegando hasta Centro América y aún extendiéndose al Caribe ([33]).
Cualquiera sea  la realidad, lo cierto es que el consumo de coca se insertaba armónicamente en la cosmovisión del indígena, sin constituir problema alguno para su sistema social.
Los españoles por su parte, mediante prohibición eclesial, que estuvo vigente entre 1551 y 1567, intentaron eliminar su consumo, logrando reducirlo, pero muy pronto alzaron dicha prohibición. “Los motivos eran meramente colonialistas, pues sólo lo hicieron tan pronto comprobaron que los nativos no podían ser sometidos a largas jornadas de trabajo en las minas, como sí sucedía cuando mascaban la coca” ([34]). Asumido esto, el siguiente paso es entregar aún mayores utilidades al sistema. “De este modo, si en 1569 un Real Decreto de Felipe II atribuía sus efectos “a la voluntad del maligno”, en 1573 una Ordenanza del virrey Francisco de Toledo legaliza oficialmente el cultivo y determina que el 10 por 100 del valor de las compraventas con esta sustancia corresponderá al clero; a partir de entonces este diezmo constituirá la fuente singular de ingreso más importante para los obispos y canónigos de Lima y Cuzco”([35]).
Sobre el particular, Galeano escribe “Los españoles estimularon agudamente el consumo de coca. Era un espléndido negocio. En el siglo XVI se gastaba tanto en Potosí en ropa europea para los opresores como en coca para los oprimidos. Cuatrocientos mercaderes españoles vivían, en el Cuzco, del tráfico de coca; en las minas de plata de Potosí entraban anualmente cien mil cestos con un millón de kilos de hojas de coca. La iglesia extraía impuestos a la droga. El Inca Garcilaso de la Vega nos dice en sus “comentarios reales” que la mayor parte de la renta del obispo y de los canónigos y demás ministros de la iglesia del Cuzco provenía de los diezmos sobre la coca y que el transporte y la venta de este producto enriquecían a muchos españoles. Con las escasas monedas que obtenían a cambio de su trabajo, los indios compraban hojas de coca en lugar de comida; masticándolas podían soportar mejor, al precio de abreviar la propia vida, las mortales tareas impuestas”([36]).

Epílogo
Del trabajo expuesto es posible establecer algunas conclusiones muy básicas:
·         El consumo de drogas en el mundo y particularmente en nuestra América es varias veces milenarios.
·         El “problema de la droga” es un fenómeno históricamente muy reciente.
·         La represión masiva, a cuya formación parece haber contribuido de manera decisiva una errónea política de guerra, que en nuestro país se sigue aplicando, no ha resultado efectiva.
Han pasado casi 500 años desde que en nuestra América, al menos “una” droga se transformara en mercadería y alterara definitivamente las relaciones entre el hombre y esas sustancias. Hoy día nuestros pueblos, consumidos por el abuso del alcohol, la pasta base o alguna otra droga, perseguidos y estigmatizados por su participación en el circuito internacional de estas sustancias, son víctimas una y otra y vez de un modelo económico y social excluyente, que parece no otorgarles salida. Cuando la experiencia y las ciencias sociales retoman el valor de la historia no sólo para interpretar el presente, sino también para modificarlo parece más aplicable que nunca la sugerencia del profesor de antropología de la Hawaii Pacific University, cuando señala “hay que conceder mayor prioridad al reconocimiento de los recursos de cada cultura para abordar los cambios… “([1]).
El retorno a nuestras raíces, a nuestra historia larga, a aquella varias veces milenaria, puede ayudarnos a comprender mejor nuestra actual realidad, y a buscar instancias imaginativas, creadoras y conforme a nuestros propios intereses. En el ámbito de las relaciones hombre-droga, la tarea aún está pendiente.
Santiago, octubre de 2001.
Publicado en Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología,
Universidad de Granada
año 2002,
Disponible http://criminet.ugr.es/recpc/recpc_04-r3.pdf


[1] CORNEJO, LUIS; GALLARDO, FRANCISCO; MEGE, PEDRO “La carne de los dioses: Psicoactivos en América”, en Revista Universitaria N. 33, segunda entrega, 1991, pág. 33.
[2] FURST, PETER T. “Alucinógenos y cultura”, Fondo de Cultura Económica, 2° reimpresión 1994, pág. 15.
[3] FURST, PETER T., op. cit. pág. 15 y 16.
[4] FERICGLA, JOSEP M. “El Chamanismo como sistema adaptante, http://www.imaginaria.org/chaman.htm, 15.03.2001,
[5] FERICGLA, JOSEP M. op. cit
[6] FERICGLA, JOSEP M. op. cit
[7] FERICGLA, JOSEP M. “El peso central de los enteógenos en la dinámica cultural”, enhttp://www.colciencias.gov.co/seiaal/congreso/Ponen1/FERICGLA.htm
[8] FERICGLA, JOSEP M. “El peyote y la  ayahuasca en las nuevas religiones mistéricas americanas”, enhttp://home.abaconet.com.ar/abraxas/fericgla2.htm
[9] CORNEJO, LUIS; GALLARDO, FRANCISCO; MEGE, PEDRO “La carne de los dioses: Psicoactivos en América”, en Revista Universitaria N. 33, segunda entrega, 1991, pág. 34.
[10] (Un orígen sólo aparentemente animal se encuentra en ciertas prácticas descritas de pueblos siberianos y de Kamtchaka. De esta última zona, Lotina Benguria narra el relato hecho por un miembro de su expedición, que recuerda una experiencia vivida en 1900. Para celebrar la realización de un formidable negocio entre un pescador y un cazador de renos se consumió Amanita muscaria, un conocido hongo psicoactivo. Y añade “Pero como la toxina productora de todas aquellas alucinaciones se elimina por la orina y, por otra parte, la Amanita muscaria se da tan poco por aquellas latitudes que únicamente se usa en las grandes ocasiones, el pastor y el pescador para poder continuar sin más gastos aquella formidable orgía, bebían su propia orina en vasos especialmente preparados para aquel uso, prolongando así la sucesión de bailes y alucinaciones hasta la tarde del día siguiente”. (LOTINA BENGURIA, R., “Les Champignos dans la nature”, en “Hongos Alucinógenos de Europa y América del Norte”, OTT, JONATHAN; BIGWOOD, JEREMY Y BELMONTE, DOLORES, en “Tenanácatl. Extractos de la Segunda Conferencia Internacional sobre Hongos Alucinógenos celebrada cerca de Port Towsend, Washington. 27 -30 de octubre de 1977”, editorial Swan, Madrid, 1985, pág. 92)
[11] Al respecto, Jonathan Ott señala: “El término “enteógeno” fue propuesto por los filósofos Carl A.P. Ruck y Danny Staples, por el pionero en el estudio de los enteógenos, R. Gordon Wasson, por el etnobotánico Jeremy Bigwood y por mí mismo. El neologismo deriva de una antigua palabra griega que significa “dios generado dentro”, término que usaron para describir estados de inspiración poética o profética y para describir un estado enteogénico inducido por plantas sagradas”, OTT, JONATHAN “Pharmacotheon. Drogas enteógenas, sus fuentes vegetales y su historia”, ed. Los libros de la liebre de marzo, 1ª edición, Barcelona,  abril de 1996, pág. 19.
[12] Idem, pág. 161.
[13] CORNEJO, LUIS; GALLARDO, FRANCISCO; MEGE, PEDRO op. cit., pág. 33.
[14] Sobre la composición  “química de los rapés de la Anadenanthera”  y en particular el clorhidrato de N, N-dimetiltriptamina (DMT), véase el capítulo tercero de  OTT, JONATHAN “Pharmacotheon. Drogas enteógenas, sus fuentes vegetales y su historia”, ya citado, págs. 159 y siguientes.
[15] CORNEJO B. LUIS E. “San Pedro de Atacama. Demasiado Mundo Terrenal (DMT)”, en “Mundo Precolombino. Revista del Museo Chileno de Arte Precolombino Nº 1, año 1994”, pág. 19. Nótese la expresa referencia en el título al clorhidrato de N, N-dimetiltriptamina (DMT),  presente en la Anadenanthera peregrina.
[16] Idem, pág. 20
[17] DE ROSALES, DIEGO “Historia General del Reino de Chile, Flandes Indiano”, pág. 222
[18] DE ROSALES, DIEGO, op. cit pág. 222
[19] VILCHES, FLORA, “Chocolate corazón”, en “Mundo Precolombino. Revista del Museo Chileno de Arte Precolombino Nº 1, año 1994”, pág. 27.
[20] ESCOHOTADO, ANTONIO, “Historia de las Drogas”, Alianza Editorial, séptima edición, Madrid 1998, tomo Y, pág. 349.
[21] LA BARRE, WESTON “El culto del peyote”, Premia, editores, México 1987, pág. 95
[22] Idem, pág. 95
[23] CORNEJO, LUIS; GALLARDO, FRANCISCO; MEGE, PEDRO op. cit. pág. 33.
[24] OTT, JONATHAN, “Exordium. Breve historia de los hongos alucinógenos”, en “Tenanácatl. Extractos de la Segunda Conferencia Internacional sobre Hongos Alucinógenos celebrada cerca de Port Towsend, Washington. 27 -30 de octubre de 1977”, editorial Swan, Madrid, 1985, pág. 22
[25] OTT, JONATHAN, “Exordium. Breve historia de los hongos alucinógenos”, en “Tenanácatl. Extractos de la Segunda Conferencia Internacional sobre Hongos Alucinógenos celebrada cerca de Port Towsend, Washington. 27 -30 de octubre de 1977”, editorial Swan, Madrid, 1985, pág. 48.
[26] LA BARRE, WESTON, op. cit.  pág. 125.
[27] LA BARRE, WESTON, op. cit., pág. 125.
[28] GOBERNO PERUANO. “Plan Nacional de Prevención y Control de Drogas 1994-2000”, separata El Peruano, Lima, lunes 3 de octubre de 1994, pág. 119.407.
[29] CORNEJO et at., pág. 35.
[30] FERICGLA, JOSEP M. “El peso central de los enteógenos en la dinámica cultural”, en http://www.colciencias.gov.co/seiaal/congreso/Ponen1/FERICGLA.htm
[31] FERICGLA, JOSEP M. “El peso central de los enteógenos en la dinámica cultural” ya citado.
[32] ESCOHOTADO, ANTONIO, op. cit. pág. 351.
[33] BUSTOS RAMIREZ, “Coca, cocaína. Política criminal de la droga”, Editorial Jurídica Cono Sur Ltda. Santiago, 1995, págs. 11 y 12.
[34] CASTILLO, FABIO “La Coca Nostra”, Editorial Documentos Periodísticos, 1ª edición, Bogotá, enero de 1991 pág. 33
[35] ESCOHOTADO, ANTONIO, op. cit. pág. 352.
[36] GALEANO, EDUARDO  “La Venas Abiertas de América Latina”, siglo XXI editores, cuadragésima edición, Madrid, enero de 1985 (6ª. de España), pág. 72 y 73.
[37]   BOROFSKY, ROBERT “Omnipresencia de la cultura”, artículo del Primer Informe Mundial sobre la Cultura, elaborado por UNESCO en http://www.crim.unam.mx/cultura/informe/defaut.htm 16.08.2001.