miércoles, 20 de junio de 2018

MUNDIALES DE FÚTBOL, CAMINO DE GLOBALIZACIÓN






“El objetivo es que la globalización no sea sólo del gran capital, sino que beneficie a todos los habitantes del planeta, que la mundialización sea ciudadana, solidaria y justa, que favorezca al ser humano y no sólo al gran capital”

Víctor Hugo de la Fuente


Hacia 1818, hace exactamente 200 años, el futbol era todavía una simple entretención de la que participaban especialmente algunos británicos, sin que hubiera reglas claras y menos aceptadas por los diferentes equipos. A mediados de ese siglo se establecen las primeras reglas, entre ellas la prohibición del uso de las manos para desplazar la pelota, y en la década siguiente se establecen otras, referidas a saques de esquina, saques de banda y otras materias.  Pero va a ser en 1863, en la Taberna Freemason’s, en donde reunidos una serie de equipos se separan definitivamente del rugby, y al crear la The Football Association, (FA), dan estructura a la organización inglesa que más importancia tendría en la difusión y consolidación de este deporte.

En la actualidad, el Campeonato Mundial de Fútbol es entretención, deporte, pasión, negocio y, corrupción mediante, uno de los mejores ejemplos de la globalización. Después de todo, el fútbol es el deporte más popular del mundo, con más de 270 millones de personas que lo practican y varios cientos de millones que lo valoran como espectáculo.
La globalización –mundialización para algunos-, es un proceso social complejo, que, partiendo desde la actividad económica, integra, a escala planetaria, mercados, sociedades y culturas, haciéndolas interdependientes. En estricto rigor, el proceso de integrar cada vez a nuevos territorios, estableciendo patrones de interdependencia, es propio del ser humano y lo encontramos ya en el Imperio Romano en la antigüedad europea, en el Tahuantinsuyo, en la América precolombina, y con mayor razón con la circunnavegación de África y la conquista y colonización de nuestro continente. Este proceso por lo demás es también natural en el desarrollo del capitalismo, y fue descrito con maestría hace ya más de 170 años “Espoleada por la necesidad de un mercado más extenso, la burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes, crear vínculos en todas partes… Gracias al rápido perfeccionamiento de los instrumentos de producción y al constante progreso de los medios de comunicación, la burguesía lleva la civilización hasta todas las naciones, hasta las más salvajes…. (Marx, Engels, Manifiesto del Partido Comunista, febrero, 1848).

Como fenómeno social, no había tenido nunca las características actuales, dadas entre otras razones, por las posibilidades de comunicación instantánea con prácticamente todo el planeta, el desplazamiento de gigantescos capitales a través de todo el mundo, y la existencia de mercados abiertos en todos los continentes. Acelerado a partir del término de la Guerra Fría, y por tanto del término de la división en bloques opuestos, se ha ido concretando con la difusión del capitalismo como única alternativa, en un proceso de imposición del modelo neoliberal en sus diversas manifestaciones. Desde esa perspectiva, más que “mundialización”, en términos de “integración” de las diversas zonas y culturas, aparece como una verdadera “occidentalización” del planeta, en cuanto para lograr la integración de los diferentes mercados, se imponen valores y visiones propias del mundo occidental. Y ello se hace de las más variadas formas. Y aquí, el fútbol es instrumento y resultado de la globalización, mecanismo para profundizar en ella, pero también consecuencia de ese proceso. Y los Campeonatos Mundiales, la mejor expresión, dentro del fenómeno social llamado fútbol, de cómo la globalización alcanza todos los ámbitos de la vida en sociedad.

Surgido el fútbol en Inglaterra y extendido esencialmente a Europa y América Latina, no sólo es un deporte exclusivamente de la cultura occidental, sino incluso sólo de parte de ella. Dentro de esta, ni Estados Unidos, ni Canadá, ni Australia manifiestan algún interés significativo por ese deporte. Los Campeonatos “Mundiales”, iniciados en 1930, durante décadas, son en verdad meramente “locales”, extendiéndose poquísimo más allá de esos dos continentes. El Campeonato Mundial de 1970, relevante desde el punto vista deportivo, en cuanto pone fin a la competencia por la Copa Jules Rimet, de enorme valor simbólico (y también comercial), que se juega en México en 1970, cuenta con la participación de apenas 16 selecciones, es decir, representantes de poco más del 10% de los países existentes a la fecha, y de una mínima población, de los 3.700 millones de habitantes que aproximadamente hay en el planeta, en esa fecha.

Es decir, ni desde el número de países, ni desde la población, tiene significación alguna “mundial”. Y tampoco desde lo geográfico, toda vez que, de esas 16 selecciones, 8 corresponden a países europeos, (Italia, Alemania Federal, Inglaterra, Suecia, Bélgica, Rumania, Bulgaria, Checoslovaquia, Unión Soviética), 5 a países latinoamericanos (Brasil, Uruguay, México, Perú, El Salvador), y los dos restantes, a países de la esfera del Mediterráneo (Israel, Marruecos).

Pensados aún en esa época como instrumentos adecuados para potenciar el desarrollo del fútbol y de la infraestructura que para ello se necesita, su organización se entrega de manera más o menos intermitente a un país europeo y otro americano. Un buen ejemplo de la falta de interés económico y por el contrario, de la idea de potenciar el deporte y la infraestructura requerida, lo vemos en el Campeonato Mundial de Futbol de 1962, que es entregado para su organización a un país pequeño, subdesarrollado, sin ninguna capacidad especial de promoción del negocio, sino simplemente como una manera de apoyar a “quienes no tenían nada, y querían tenerlo todo”.
En junio 1974 asume la dirección de la FIFA Joao Havelange, y el Campeonato Mundial, que con el anterior director, Stanley Rous, había crecido en prestigio, y era ya el evento deportivo más seguido en el mundo, después de las Olimpíadas, se empieza a transformar en lo que actualmente es, una máquina de fabricar dinero.
La televisión abrió un espacio de negocio para los espectáculos masivos como no había existido nunca. Ahora ya no se obtienen recursos sólo mediante la venta de las entradas al estadio. Es más, incluso se puede prescindir de ellas, pues es la venta de los derechos televisivos, y de la publicidad que acompaña esta masiva difusión del espectáculo lo que verdaderamente aporta los ingresos. Y mientras más televidentes quieran ver el espectáculo, más ingresos entran.
Pero no sólo las transmisiones deportivas son el negocio. En verdad todo lo que gira o puede girar en torno al evento es negocio. Desde lo más obvio, el turismo, las marcas deportivas, los medios de comunicación, las empresas patrocinantes, la “bebida oficial”, (¿adivinen cuál? ¡Si, esa misma! 1978 “Nos convertimos en patrocinadores mundiales oficiales por primera vez. Desde entonces, hemos estado en cada uno de los campeonatos”, dice hoy la página oficial de la Coca Cola), el “auto oficial”, (Corea del Sur no sólo está presente con su selección, sino también con 530 vehículos Hyundai entregados a los organizadores para el traslado de deportistas, autoridades, periodistas), hasta los álbumes “Panini” (el último de los cuales requiere unos 100 dólares para llenarlo). Incluso la prostitución que en torno a estos eventos se desarrolla alcanza también niveles de globalización, con significativas cifras económicas, y la oferta de prostitutas con diversos perfiles genéticos (negras, mulatas, rubias, …), llevadas desde diferentes lugares para un público con requerimientos también muy diversos. Por supuesto no todo es negocio, también hay política, y así, de paso, con el Campeonato Mundial de 1978 en la Argentina de Jorge Rafael Videla, (en 1983 condenado a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad), apoyamos las dictaduras militares de Latinoamérica.
El primer esfuerzo, claramente visible a nivel de Campeonato Mundial por aumentar el negocio y mostrar efectivamente dimensiones mundiales, se alcanza en España, en 1982, cuando el número de selecciones participantes se amplía en un 50%, de 16 a 24, incrementando el número de cupos continentales en la fase clasificatoria, integrándose esta vez países como Kuwait y Nueva Zelanda.
La decisión de ampliar el número de cupos se había tomado por las FIFA de Havelange, en 1978, esto es sólo 4 años antes del campeonato, no obstante que la decisión sobre la sede se había resuelto 18 años antes, en reunión en Tokio en 1964. Pero no se trata sólo de aumentar el número de selecciones participantes, y por esa vía de personas interesadas en ver ese espectáculo. Se trata también que grandes empresas aporten recursos, y pronto Coca Cola, Kodak, y Visa son patrocinantes del Campeonato Mundial. También se apuesta a lograr que sociedades con altos ingresos se interesen por el futbol. Incluso cuando no se interesan. Y esa es claramente la única explicación para que el Campeonato Mundial de 1994 se haya realizado en un país donde a casi nadie le interesaba ese deporte, Estados Unidos. Se trata de ingresar al mercado del fútbol la potencial demanda de los Estados Unidos, cuestión que, si bien no se logró definitivamente, abrió un espacio de penetración que ha continuado ampliándose, curiosamente si, con el fútbol femenino, más que con el masculino.
En 1998 se consagra un nuevo esfuerzo por globalizar los Campeonatos Mundiales de Fútbol, y es así como el que se desarrolla ese año en Francia cuenta con la participación ahora de 32 países participantes. ¡En 16 años, el número de selecciones que participan de un Campeonato Mundial de Futbol se ha duplicado! Esta vez, junto a los clásicos Alemania, Argentina, Brasil, España, Inglaterra, juegan también Arabia Saudita, Irán, Túnez, Camerún, Nigeria, Sudáfrica, Japón…. El campeonato ya parece efectivamente “mundial”.  
Nuestro fútbol, por su parte, con una larga historia deportiva, -con una Federación de Fútbol fundada en 1895, una de las 10 más antiguas del mundo- el año 2.000 entra directamente en la era del fútbol como negocio, constituyéndose el Club Magallanes en el primero que se transforma en una Sociedad Anónima Deportiva, (SAD). El año 2.002, se decreta la quiebra oficial del Club Social y Deportivo Colo Colo y rápidamente los llamados equipos grandes del fútbol chileno, el propio Colo Colo, la Universidad de Chile y la Universidad Católica, pasan a depender de los grandes grupos económicos de nuestro país. La excusa, cuando la hay, es siempre la misma, esto permitirá una administración excepcional, pondrá a nuestros equipos en las grandes ligas, evitará que los clubes quiebren, que a los jugadores no se les pague oportunamente, que los equipos no cumplan sus compromisos económicos. En fin, todo funcionará perfecto, como perfecto es el mercado. Y así ha sido, perfecto. Salvo claro, algunos detalles, las barras bravas, la violencia brutal en los estadios, las crisis económicas permanentes en muchos equipos, el desprecio absoluto hacia la hinchada, que por lo demás tampoco interesa, pues económicamente no es rentable que vaya público a los estadios, dado el alto costo que adquiere la seguridad que hay que mantener, hoy en gran medida privada, y el canal del futbol sigue siendo el mejor negocio ¿o alguien cree que efectivamente ha habido voluntad por mejorar la “experiencia” de ir a los estadios?, la corrupción de Jadue, …
Ese mismo año, el 2002, en un nuevo esfuerzo por incorporar nuevos mercados, esta vez el de Asia, el Campeonato Mundial de Fútbol se juega en Corea del Sur y Japón, con una tradición futbolística… de algunos meses. Y veinte años después, ahora buscando los dólares que el petróleo puede aportar, y que por cierto no son pocos, la sede del nuevos Campeonato Mundial será Catar, país al que millones de aficionados al fútbol oyen nombrar por primera vez, precisamente a raíz de su determinación como futura sede de dicho campeonato. Y ya se acordó un mundial con 48 equipos, el 2026, con sede en Canadá, Estados Unidos y México. ¿Más globalización dónde?
Un detalle. No todo es globalización. El triunfo no se ha globalizado en los últimos 48 años. En los 12 campeonatos mundiales de este período, entre los tres primeros lugares ha habido 26 equipos europeos, (72%), 9 latinoamericanos (25%), y uno intercontinental, (Europa y Asia), (3%), Turquía, que en el Campeonato del 2002, obtuvo un increíble tercer lugar, luego de derrotar a Corea del Sur.
La globalización del fútbol no sólo se ha dado con la integración a los Campeonatos Mundiales a cada vez selecciones, y de espacios geográficos antes prácticamente no representados, como Asia u Oceanía, o claramente subrepresentados, como África. También se ha manifestado en una mayor presencia de futbolistas de características fenotípicas diferentes al blanco europeo. Y no sólo porque nuevos países han ingresado a los Campeonatos Mundiales, sino porque algunos países europeos han incorporado jugadores cuyos antepasados provienen de muy variadas latitudes. Probablemente el ejemplo más paradigmático lo represente Francia, cuya selección, en 1970, estaba compuesta por puros hombres blancos europeos, y ya la de Sudáfrica 2010, contaba con 11 afrodescendientes, de un total de 17([1]). La “globalización” de jugadores, esto es, la presencia de jugadores extranjeros en diferentes mercados nacionales es también una nueva realidad. Y por supuesto ella se refiere preferentemente a los países en que el negocio futbolístico mueve mayores capitales. Al igual como ocurre con las materias primas, (incluyendo las drogas de origen vegetal), cuando son notoriamente buenos, nuestros jugadores emigran desde países pobres a países ricos, aunque en ellos casi no se juegue fútbol. Ya lo sabemos los chilenos, con jugadores nuestros que jugaron o están jugando en Alemania, Andorra, Argentina, Azerbaiyán, Australia, Austria,  Bélgica, Bolivia, Brasil, Canadá, Croacia, Dinamarca, Ecuador, Emiratos Árabes, España, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Grecia, Guatemala, Holanda Indonesia, Inglaterra, Italia, Kasajistan, Malasia, Malta, México, Noruega, Nueva Zelanda, Palestina, Perú, Polonia, Portugal, Puerto Rico, Rumania, Rusia, Suecia, Suiza, Tahíti, Tailandia, Turquía, Uruguay, Vaticano y Venezuela([2]), sin contar a unos cuantos técnicos nacionales, también repartidos por el globalizado planeta.
El 27 de mayo del año 2015, y dos días antes de una nueva elección de la presidencia de la FIFA, que se anunciaba como compleja, las autoridades suizas arrestan en el Hotel Baur au Lac, en Zúrich, a 7 altos funcionarios de esa organización, y luego 7 más son arrestados en diferentes lugares, y poco más adelante la cifra de involucrados asciende a más de 20. Estados Unidos les acusaba de soborno, fraude y lavado de dinero.
¡La globalización del neoliberalismop en todo su esplendor!
El proceso se inicia en Estados Unidos, los primeros arrestos son en Suiza, los implicados son de Islas Caimán, Costa Rica, Trinidad y Tobago, Nicaragua, Uruguay, Estados Unidos, Venezuela, Paraguay, Honduras, Guatemala, Argentina, Brasil, Bolivia, Suiza, Francia, y también Chile, por supuesto.
¿La globalización del capitalismo en todo su esplendor?
La verdad parece que todavía no. Tres años después de iniciado el proceso, aún queda el juicio, en donde algunos, mediante suculentas fianzas, -después de todo viene recibiendo sobornos millonarios desde hace años-, salen en libertad, y otros, también en libertad, como nuestro inefable Sergio Jadue, postergan y postergan un juicio que ya pocos creemos que lo pueda llevar a la cárcel, sino más bien que, al impedir su extradición, logrará salvarlo de nuestra propia justicia.

Nota:
Se agraden los aportes de futbolísticos de Francisco Marchant González y Javiera García Lizama.

Fernando García Díaz
Junio de 2018



[1] Ambas comparaciones, según apariencias de las fotografías, registradas en el Album, “Panini”, de dichos campeonatos.
[2] Lista de países obtenida de “Futbolistas chilenos en el mundo”, disponible en