jueves, 12 de octubre de 2017

LA DESTRUCCIÓN DE LAS IDEAS EN AMÉRICA


Desde la perspectiva directa de lo que puede ser el patrimonio cultural, esta vez entendido como conjunto de bienes materiales de naturaleza cultural, la colonización americana constituye también una tragedia. El robo de los bienes sirvió dos finalidades diferentes. La primera, y más obvia, fue llenar las alforjas de los conquistadores, que veían así la posibilidad de enriquecerse rápidamente. La segunda, de naturaleza ideológico política, fortalecer el discurso cultural hegemónico que el poder precisaba para dar sostenibilidad y permanencia al esfuerzo conquistador, que exigía mostrar la superioridad del europeo sobre el aborigen. Por ello, un  esfuerzo especial se hizo para destruir sus ideas, así como sus creencias y prácticas religiosas, para lo cual se utilizaron todos los mecanismos, incluyendo el robo de imágenes, objetos, artefactos, para su posterior destrucción.
“Desde la época de Juan de Zumárraga, primer Obispo de México y gran destructor de antigüedades religiosas, se realizó un intento sistemático de borrar todo rastro de los cultos precristianos. En 1531, afirmó en sus escritos que personalmente había arrasado 500 templos y destruido 20.000 ídolos”([34]), según dice Paul Johnson en la obra ya citada. Se trata, como señala Fernando Baez, de borrar la memoria del adversario, para insertar la propia, para reconfigurar una identidad sumisa([35]).(¡Y pensar que faltaban siglos para que naciera Gramsci, y más todavía para que la UDI descubriera su perfil siniestro!)
En esta misma línea debe entenderse una situación especial ocurrida con el pueblo inca. Configurado ya el imperio, la alta productividad alcanzada por su tecnología alimentaria permitió que miles de personas dedicaran su capacidad laboral a otras actividades, como construir caminos, desviar ríos, vaciar pantanos, allanar colinas, y en algunas oportunidades, construir verdaderos palacios para el rey, con parques, campos, jardines, palomares, cotos de caza, etc. Dentro de estos últimos Quispiguanca, propiedad de Huayna Capac, fue uno de los más destacados. Lo más curioso quizás es que Huayna Capac siguió siendo dueño de ese palacio y sus tierras circundantes, incluso muchos años después de su muerte, en Ecuador, hacia 1527. Y es que los reyes, momificados, perduraban con gran poder detrás del trono. El culto a los antepasados es una práctica generalizada en todo el continente americano a la llegada del invasor europeo, y en el Imperio Inca, respecto de sus reyes, después de todo eran hijos del Sol, adquiría una dimensión excepcional. De hecho, el Inca reinante visitaba con cierta frecuencia las momias de los reyes anteriores, a quienes pedía consejos sobre decisiones trascendentales que debía tomar. Las momias, que permanentemente estaban acompañadas de varios servidores que las atendían, respondían a través de oráculos  que hablaban por ellas.
A medida que el Imperio iba desapareciendo, los incas realizaron ingentes esfuerzos por mantener los símbolos de la autoridad, entre los cuales las momias, como hemos señalado, tenían una especial significancia. “Grupos de siervos recogieron los sagrados cuerpos de sus reyes para ocultarlos en las inmediaciones de Cuzco, donde los veneraban en secreto desafiando a los sacerdotes españoles” ([36]). Los españoles por su parte, hicieron todo tipo de esfuerzos destinados a hacer desaparecer las religiones ancestrales de indígenas, y una de ellas fue precisamente, eliminar la adoración que a los restos de los hijos del sol practicaban los incas. En esa línea, en 1559,  Juan Polo de Ondegardo, recién nombrado corregidor del Cuzco y decidido a poner término a la “idolatría” que manifestaban los aborígenes, descubrió y confiscó probablemente todas las momias de reyes existentes. Al sur del Cuzco, en una casa en la aldea Wimpillay, incautó las momias de los reyes del Bajo Cuzco, y en distintos lugares, las momias de los reyes del Alto Cuzco, hasta completar 11 momias. Según señalan algunas fuentes, varias de esas momias fueron enviadas a Lima, en donde se exhibieron, como curiosidades, en el Hospital de San Andrés, lugar al que por cierto, sólo llegaban pacientes europeos. Allí estuvieron las momias varias décadas, para la curiosidad y el morbo de quienes las querían ver, hasta que el clima, más cálido y más húmedo que el del Cuzco, las empezó a deteriorar. Atendido esto, fueron enterradas ocultamente, para evitar las manifestaciones de amor y reverencia que el pueblo les brindaba. En 1876, José Toribio Polo, (1841- ) uno de los más destacados historiadores y hombre público del Perú, en la segunda mitad del siglo XIX, abrió una cripta en el Hospital de San Andrés buscando precisamente las momias de los reyes incas; en 1937, José de la Riva Agüero (1885-1944), escritor, político e historiador peruano que desde las filas del nacionalismo terminara incorporándose a las corrientes fascistas de la época, efectuó excavaciones dentro del Hospital con la misma finalidad. El 2001, más de 400 años después que Polo de Ondegarlo  privara al pueblo inca de las momias de sus antepasados, Brian Bauer, arqueólogo, Teodoro Hampe Martínez, historiador, y Antonio Coello Rodriguez, también arqueólogo, intentaron una vez más recuperar esas momias, reparar en parte el agravio que se había infligido y devolver al pueblo peruano parte importante de su herencia, sin conseguirlo. Hasta hoy, nadie sabe donde reposan los restos de los más grandes reyes que tuvo el imperio Inca.
Uno de los crímenes culturales más relevantes ocurridos durante este período corresponde a la destrucción masiva de los textos aztecas. Fueron probablemente miles los textos existentes en el imperio, a la llegada de los españoles, que daban cuenta de las más variadas actividades y creencias de los aborígenes. Motolinía, en un texto conocido como “Epístola Proemial”, publicado al comienzo de su conocida Historia nos aproxima a esta realidad. “Había entre estos naturales cinco libros, como dije, de figuras y caracteres. El primero habla de los años y tiempos. El segundo de los días y fiestas que tenían todo el año. El tercero de los sueños, embaimientos, vanidades y agüeros en que creían. El cuarto era el del bautismo y nombres que daban a los niños. El quinto de los ritos y ceremonias y agüeros que tenían en los matrimonios”([37]). Pero el autor no se queda ahí, y no obstante estimar que dichos textos contienen los errores propios de pueblos paganos, reconoce el manejo que esta cultura tiene del calendario, por lo demás bastante superior al utilizado en Europa en esa época. Y así señala “De todos estos, al uno, que es el primero, se puede dar crédito, porque habla la verdad, que aunque bárbaros y sin letras, mucha orden tenían en contar los tiempos, días semanas, meses y años y fiestas como adelante parecerá. Y así mismo contaban las hazañas y historias de vencimientos y guerras y el suceso de los señores principales; los temporales y notables señales del cielo y pestilencias generales; en qué tiempo y de que señor acontecían y todos los señores que principalmente sujetaron esta Nueva España hasta que los españoles vinieron a ella”( ([38]).) Sobre el destino de dichos textos, Fray Diego Landa, de quien ya hemos hecho referencia, lo describe así: <“Usaba también esta gente ciertos caracteres o letras con las cuales escribían en sus libros sus cosas antiguas y sus ciencias, y con estas figuras y algunas señales de las mismas entendían sus cosas y las daban a entender y enseñaban. Hallámosle gran número de libros de estas sus letras, y porque no tenían cosas en que no hubiese superstición y falsedades del demonio, se los quemamos todos, lo cual sintieron a maravilla y les dio mucha pena”([39]).
En una conducta similar, casi en los confines del mundo, en aquellos lugares donde ejercía sus dominios el imperio inca, fueron destruidos miles de “quipus”, sistema de cuerdas integrado por una cuerda principal de la que dependen otras, de diferentes colores y anudadas de diferentes maneras, que en un principio se creyó eran sistemas memotécnicos para recordar cantidades, y hoy, se cree, al menos por algunos científicos, que se trata de un complejo sistema tridimensional de escritura.
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[34] JOHNSON, PAUL “La Historia del Cristianismo”, ediciones B.S.A., 1° edición, Barcelona septiembre de 2010, pag. 536.
35] BAEZ, FERNANDO “El saqueo Cultural de América Latina. De la Conquista a la globalización. Editorial debate. Primera edición en la Argentina bajo este sello, julio 2009, pag. 271
[36]
 PRINGLE, HEATHER, “Las encumbradas ambiciones de los incas”, en National Geographic en Español, abril 2011, vol. 28, Num. 4, pág. 24
[37]
 MOTOLINÍA, TORIBIO DE BENAVENTE “Historia de los Indios de la Nueva España”, disponible en http://www.fundacionaquae.org/sites/default/files/motolinia_indios_de_nueva_espana.pdf
[38]
 MOTOLINÍA, TORIBIO DE BENAVENTE, op. Cit.
[39]
 DE LANDA, DIEGO. “Relación de las cosas de Yucatán”,  capítulo XLI Siglo de los Mayas – Escritura de ellos, en http://www.wayeb.org/download/resources/landa.pdf