martes, 18 de octubre de 2016

FEMICIDIO, UNA TRADICIÓN BÍBLICA

"...  y la adúltera indefectiblemente han de ser muertos.”
Levíticos (20:10)

Los dos nuevos asesinatos brutales de mujeres, el de Vanesa y el de Bernardita, traen nuevamente a la palestra un delito que sólo empezamos a identificar como “femicidio” en diciembre del año 2010. Antes de esa fecha, las conductas descritas se insertaban en un conjunto más amplio, dentro del grupo de figuras penales conocidas como “parricidio”, y se escondían como si se tratara de un fenómeno igualitario. Pero más aún, sólo unas décadas antes ni siquiera se consideraba delito la conducta de “El marido que en el acto de sorprender a su mujer infraganti delito de adulterio, da muerte,  hiere o maltrata a ella i a su cómplice…” (Código Penal, 1874, art. 10 N°12).

Y es que hasta hace poco la violencia contra la mujer era un dato de la realidad que no constituía un problema. Después de todo , los problemas sociales son una construcción social que se genera cuando ese dato de la realidad (incluso a veces ni siquiera es de la realidad) se transforma en intolerable para un parte significativa de la sociedad, es decir para una parte con el poder suficiente para mostrar esa realidad como problema.

Y en esta perspectiva, el femicidio por adulterio (real o imaginado) constituye una forma de violencia no sólo socialmente aceptada, sino incluso valorada.

Lucho Barrios, el popular cantante peruano, que se avecindara por años en Chile,  que cantara en el Olimpia de París, y recibiera entre otros premio de la OEA, popularizó la canción “Sr. Abogado”. En parte de ella se escucha:
……..
lo que vi esa noche no es para decirlo 
ella me engañaba con otro querer 
muy desesperado saque del ropero 
un arma de fuego, los acribille 

ella era mi vida, ella era mi todo 
y ahora que esta muerta para que vivir 
por eso le ruego señor abogado 
no quiero defensa...prefiero morir 

Muchos años antes, Juan Pedro López,  (1885-1945) uno de los poetas gauchescos más conocido, había narrado, en “La leyenda del parrón”, como se le llama en Chile([1]),precisamente el momento en que, décadas después de los hechos, un padre cuenta a su hijo como asesinó a su madre, y por qué.

“Yo jui m´hijo el que maté
A tu madre disgraciada
Porque en la cama abrasada
Con otro hombre la encontré”.

El hijo perdona al padre, la audiencia lo enaltece, y la obra alcanza tal éxito, que no sólo se recita hasta hoy (cierto que en los pocos lugares donde aún se recita poesía tradicional), sino que además es adaptada al cine y estrenada el 16 de noviembre de 1929.
La disposición que legitimaba el parricidio de la mujer adúltera fue derogada en Chile en junio de 1953, por ley 11.183. Ya no resultaba justificable; los tiempos habían ido cambiando. Su legitimación se insertaba en un discurso hegemónico sexista y machista exacerbado, en donde la cónyuge era prácticamente propiedad del marido, (por ello entre otras razones no había violación dentro del matrimonio). De este modo, el adulterio de la mujer no era una violación del compromiso mutuo de fidelidad, sino de una grave ofensa al “honor” del marido, que veía una “cosa” de su propiedad, “ocupada” por un tercero.

Ahora bien, esta tradición de asesinato de la mujer adúltera ni es nueva ni es neutra. Viene desde la tradición religiosa judeo cristiana y se mantiene a través de los siglos. Su origen escrito se remonta al tercer libro del Pentateuco, Levíticos (20:10), atribuido por la tradición a Moisés, y considerado sagrado tanto para todas las tradiciones cristianas, como para las judías. Allí se lee:

“Y el hombre que cometiere adulterio con la esposa de otro hombre, el que cometiere adulterio con la esposa de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente han de ser muertos.”
Y por si quedaba alguna duda, en el Deuteronomio (22:22-24) último libro de la Torá judía y quinto del Pentateuco se lee:

“Si se encuentra a un hombre acostado con una mujer casada, los dos morirán, el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer; así quitarás el mal de Israel.”

Hace un par de semanas la diputada Camila Vallejo presentó un proyecto de ley para eliminar la invocación a Dios al comienzo de las sesiones del Congreso Nacional, las que regularmente se abren “En el nombre de Dios”. Quienes manifestaron su oposición a ello, ¿sabrán que el dios al que invocan promueve el femicidio?

18 de octubre de 2016.
En recuerdo de Vanesa y Bernardita, asesinadas recientemente por el único pecado de ser mujeres





[1] El nombre original “La leyenda del Mojón”