lunes, 4 de enero de 2016

EL HOMBRE DE COBRE

Fernando García Díaz 

(*) El presente texto forma parte de uno más extenso, llamado "Museo Robado", que describe, a través del paso por diferentes galerías, un Museo constituido sólo con piezas del patrimonio cultural chileno, robadas a nuestro país.

 

El grupo camina unos metros y justo antes de la entrada se detiene. Sólo cuando todos están en silencio vuelve a oírse la voz que comenta.

-       Probablemente todos ustedes recordarán que el 5 de agosto del año 2010, a las 14:05 hora chilena, un derrumbe en la mina San José, al noroeste de Copiapó, dejó atrapado a 33 mineros a unos 720 metros de profundidad. El 13 de octubre, a las 00.10 horas, y luego de permanecer más de 68 días bajo tierra, salió a la superficie Florencio Ávalos, el primer rescatado. Ese mismo día, a las 21:56 salió a la superficie Luis Urzúa, el último de los 33 atrapados.  Hasta la fecha, es el rescate a mayor profundidad, y el más exitoso de la minería mundial. Como evento mediático, se estima que fue visto por entre 1.000 y 1.300 millones de telespectadores, siendo superado sólo por el funeral de Michael Jackson, en 2009. Pero no siempre ha sido así-. Agrega con un tono de misterio.
-       Continúen avanzando por el costado izquierdo de la entrada, señala la voz.

La sala está en penumbras y a medida que van entrando a ella, una luz indirecta empieza a iluminar con más intensidad una vitrina ubicada en el muro del costado izquierdo. En su interior, recostado, el cuerpo de un indígena, perfectamente momificado, cubierto por una capa verdosa.

-      Lo que uds. ven ahí es el “Hombre de Cobre”-, señala el guía con solemnidad. Y agrega con el mismo tono,  -En octubre de 1899, en la zona que hoy corresponde al complejo minero de Chuquicamata, al norte de Chile, -dice como hablando a turistas extranjeros- y mientras se desarrollaban labores de excavación, se produjo un derrumbe en una ladera, que dejó al descubierto el cuerpo perfectamente momificado de un indígena, al parecer, víctima de otro derrumbe. “El suelo rico en cobre bruto dejó su cuerpo cubierto de una capa de costra verde, por lo que se le apodó el “Hombre de Cobre”([1]).

Los visitantes miran desconcertados la momia. Ninguno sabía siquiera de su existencia. 

Para la mayoría, momias eran sinónimo de egipcias, o a lo más, de la cultua “chinchorro”.

-      La América indígena, y nuestro territorio en particular, muestra una profunda conexión con la minería, desde tiempos muy remotos. Y esa conexión se refleja, de manera dramática en algunas oportunidades, -señala el guía. Y agrega casi de inmediato, -El encuentro de estos restos humanos, claramente indígenas, no sólo no motivó la necesidad de enterrarlos, como probablemente hubiera ocurrida si se hubiera tratado de occidentales, esto es, de darles “cristiana sepultura”, como se decía en la época, sino desencadenó la inmediata ambición económica de quienes creyeron poder obtener con ellos al menos una pequeña fortuna. La propiedad de estos restos fue discutida por Williams Mitchell Mattheus, propietario de la mina y por Mauricio Pidot, ingeniero e inversor francés que dirigía las excavaciones. En una muestra de ingenio y ambición, Pidot  sostuvo que al poseer el cuerpo un porcentaje de cobre, lo encontrado podía estimarse como mineral. Mientras el dueño afirmaba que esos restos nada tenían que ver con la producción minera.

Al costado de la vitrina, algunos de ellos leen la ficha que complementa la información.

“Robo del Hombre de cobre“
En 1900  la momia fue adquirida por José Toyos, quien pagó mil pesos chilenos y más tarde es vendida a Recaredo Santos Tornero, en sociedad “con un tal Torres”. Torres y Tornero partieron en junio de 1901 con la momia a Nueva York y gracias a sus contactos con diplomáticos chilenos pudieron ingresarla a Estados Unidos y exponerla, como era su deseo, en la Exposición Panamericana, (Pan-American Exposition) celebrada en Búfalo, estado de N.Y. Con publicidad de todo tipo trataron de vender esos restos humanos. Hubo museos y particulares interesados, pero nadie estuvo dispuesto a pagar lo que pedían, por lo que Torres y Tornero decidieron volver a Chile. En una sucesiva acción de engaños y fraudes entre los socios, la momia fue vendida más tarde, probablemente al banquero John Piper, quien finalmente la donó al Museo de Historia Natural de Nueva York, en donde aún se exhibe.

Al menos desde 1990 se han hecho gestiones para recuperar esos restos humanos, cuya carga simbólica, para un país minero como Chile, puede aportar una nueva mirada antropológica a la historia, ha dicho Magdalena Krebs. En nuestra opinión, dicho aporte también podría resultar significativo en cuanto a mirada histórica de la salud ocupacional, materia en la cual Chile está todavía en deuda con sus trabajadores, incluyendo los mineros, como lo demuestra el caso de la mina San José.

A mediados del año 2000, Lautaro Núñez, arqueólogo y Carlos Aldunate, Director de Museo de Arte Precolombino, viajaron a Nueva York, entrevistándose con las autoridades del Museo, pero nada consiguieron.  El año 2005 el Museo neoyorkino permitió la realización de un completo escáner del cuerpo, con el objeto de tridimensionarlo y así poder confeccionar una réplica de dicho cuerpo, que es lo que hoy tenemos en nuestro país.


A un costado del “hombre de cobre”, una vitrina mucho más pequeña  reúne diversos trabajos e investigaciones que dan cuenta, con detalle, de la historia y destino de esa momia. Destacan entre ellos, los de Liliana Núñez Orellana y Flavio Picasso.

La voz se silencia unos minutos, y luego, cuando la mayoría ha abandonado la preocupación por el hombre de cobre y miran hacia distintos lados, se empieza a iluminar una nueva vitrina, al costado derecho del hombre de cobre. Los espectadores miran asombrados, miniaturas de balsas decoradas, prendedores, cajas de madera, peines, bolsas de género y de cuero, artefactos de pesca, momias de fetos, adornos funerarios, arpones, boleadoras, lanzas, instrumentos de vientos y varios sombreros de cuatro puntas. Una vez más, todo robado, y esta vez, por un solo saqueador.






[1] NÚÑEZ ORELLANA, LILIANA y PICASSO, FLAVIO “La Historia del Hombre de Cobre o la momia de Chuquicamata”, disponible en  http://www.antargeo.cl/doc_arqueologia/La_Historia_del_Hombre_de_Cobre_o_la_Momia_de_Chuquicamata_(1899).pdf  (07.08.2012)