viernes, 30 de octubre de 2020

LA LUCHA POR EL DERECHO

 


Hace casi 150 años, Rudolf von Ihering, uno de los filósofos del derecho más importantes del siglo XIX, publicaba un ensayo que rápidamente se haría famoso, (al menos 23 ediciones antes de la muerte de su autor) y cuyo título, “La Lucha por el Derecho”, (1872), da cuenta de un fenómeno que con frecuencia se quiere negar. En él, nada más comenzar, expone lo que es la idea principal de todo el ensayo, “Todo derecho en el mundo debió ser adquirido por la lucha”.

Y nuestro pueblo y su historia, dan cuenta de la veracidad de esa afirmación. Ni la jornada de 8 horas, ni el derecho a vacaciones, ni la protección contra la enfermedad, ni el derecho a sindicalizarse, ni el derecho a voto femenino, ni nada, ha sido regalo desde la oligarquía dominante. Todos esos derechos y múltiples más, son resultado de la heroica lucha del pueblo, a menudo en las calles, y decenas de veces con muertos, por conseguir una vida más digna. Y hoy la situación no es distinta. Como es sabido, el plebiscito fue la consecuencia directa de la lucha iniciada por los estudiantes secundarios en octubre del 2019, a las que se unieron rápidamente millones de personas de todas las edades y condiciones. Como todos los logros de nuestro pueblo, este no ha sido ni fácil ni gratuito. Decenas de muertos, cientos de mutilados, miles de torturados (solo el Instituto Nacional de Derechos Humanos ha presentado más de 2.520 querellas por violaciones de los derechos humanos, referidas a 3.203 víctimas) son algunas de las cifras que esas jornadas nos han dejado.

Chile está en deuda con todos ellos, con las familias de los asesinados, con quienes perdieron la vista, con los cientos que sufrieron mutilaciones, con quienes sufrieron vejaciones, golpes y torturas. A ellos les debemos gran parte de lo que hemos avanzado en este último año, desde el retiro del 10% de las AFP, hasta el proceso de elaboración de una nueva constitución, desde el límite a la reelección de los políticos, hasta la reducción de su suelto.  La historia les reconocerá el lugar destacado que se merecen. Pero no basta con ello. Es preciso que hoy, no mañana, las sistemáticas violaciones a los DDHH realizadas por la policía se investiguen y sancionen, que las víctimas de la violencia estatal conozcan la verdad, se haga justicia y el Estado las repare por dichas violaciones. Pero aún no basta con ello, es preciso que a la brevedad se ponga término a ese encarcelamiento injusto en que hoy se mantiene a quienes fueron encerrados por luchar.

En verdad existen múltiples razones para pedir, en verdad exigir esa libertad. Y sin duda no es la menor el saber que gracias a la acción valiente y decidida de muchos de ellos hemos ido cambiando nuestra realidad y abriendo el camino a un Chile más digno. Hoy cuatro de cada cinco chilenos han dado fe que queremos y necesitamos una nueva constitución. Pero ésta posibilidad de exigir esa nueva carta magna sólo fue posible gracias a las movilizaciones sociales.

¿Qué los encarcelados actuaron con violencia en algún caso? Puede ser. Desde luego algunos son dignos representantes de la “primera línea”, esa heterogénea multitud de jóvenes, adultos, estudiantes, trabajadores, profesionales, cesantes, que unidos por el único afán de contener la represión, y permitir a otros que se manifestaran libremente, en el más ejemplar ejercicio del derecho a la legítima defensa de terceros, se enfrentaron directamente con los esbirros del sistema que querían impedirla. Pero ni siquiera eso es seguro. Con una policía para la cual la mentira y el montaje están en su ADN, como nos lo recuerdan los casos de Rodrigo Avilés, Camilo Catrillanca, Operación Huracán, por mencionar algunos pasados, el reciente caso del muchacho arrojado al río Mapocho, en que en cuestión de horas Carabineros dio tres versiones diferentes (Hasta El Mercurio hacía hincapié en ello, y el domingo 04.10.2020, en la primera página del cuerpo C, publicaba un recuadro bajo el título “Las Versiones de la Policía”), o simplemente la ridícula cifra de 25 mil personas que dio la institución para la concentración del 25 de octubre celebrando el triunfo del Apruebo), no podemos asegurar que las personas hoy presas por luchar efectivamente hubieren cometido algún acto de violencia. Si a ello le agregamos un Poder Judicial que envía a la cárcel a quien rompe un torniquete del Metro, y libera a quien totalmente borracho atropella a una persona por ser hijo de un senador, o manda a clases de ética a quienes se coluden para robaron cientos de millones de dólares a toda la población, con una jueza que en opinión de otro juez “… fundamentó su resolución “…en prejuicios, estereotipos, odio, sesgo (u) … otra consideración espuria…”, y no en los hechos de la causa que se le acababan de exponer, tampoco podemos confiar en ellos.

Hay también otra razón para exigir su libertad. Desde una perspectiva doctrinaria, debemos recordar que el derecho penal es la última ratio, es decir el último recurso a utilizar por el Estado, cuando no puede, por otros medios, conseguir sus legítimos objetivos. Pero aquí los objetivos perseguidos, impedir las manifestaciones populares, negar el poder constituyente a la ciudadanía, seguir lucrando con la educación, la salud o las pensiones, mantener los altísimos niveles de explotación a los trabajadores, etc., lejos de ser legítimos, son espurios. Pero además, teóricamente, si efectivamente hubiera actuado con las otras ramas del derecho, accediendo a las legítimas peticiones del pueblo, no habría sido necesario el recurso penal, (aunque sabemos, y von Ihering lo ratifica, que los derechos se consiguen luchando).

(Por otro lado, si alguien cree que con simples movilizaciones “pacíficas” se habrían obtenido estos resultados, debemos recordarles que esas movilizaciones multitudinarias y pacíficas ya se habían realizado (marchas por el derecho a la educación, por No más AFP, por los derechos de la mujer, …) y nada, absolutamente nada se había logrado).


             También te puede interesar: ¿Tú condenas la violencia venga de donde venga? Yo No, porque    lo estimo inmoral


No podemos olvidar tampoco que las personas privadas de libertad han sido sometidas a violaciones sistemáticas de sus derechos humanos. Desde luego han sido privadas de libertad sin que exista razón jurídica alguna, pues todas las investigaciones se podrían haber realizado sin necesidad de mantenerlos encarcelados. Pero además, en algunos casos, especialmente en quienes fueron detenidos durante las manifestaciones, porque el mismo hecho de la detención fue violento, y en todos, porque las condiciones de vida en todas las cárceles del país (a excepción de Punta Peuco, a donde por cierto no enviaron a nadie detenido en las manifestaciones), constituyen una permanente violación a los más básicos derechos humanos, como por lo demás lo señalan cada años los informes del propio Poder Judicial.

Von Ihering, de quien por supuesto nadie puede sospechar que era marxista, violentista o cualquier otro apelativo de los que se suelen utilizar para deslegitimar las manifestaciones populares, nos ilustró, hace casi 150 años, que luchar por el derecho no puede ser ilegal, sino más aún, que a menudo es en verdad un imperativo ético.  Plantea este autor, en el texto referido, que las personas tienen una especie de obligación moral de luchar contra la injusticia. De este modo, se parte luchando por una norma moral y se termina consagrándola como norma jurídica. Los actuales presos políticos han luchado contra la injusticia, nos corresponderá ir avanzando en transformarlas en normas jurídicas. Pero mientras tanto, debemos de luchar por la libertad de ellos.

En nuestro sistema existen mecanismos jurídicos que permiten, sin que nadie pueda cuestionar su legalidad, dejar en libertad a quienes millones de chilenos les deben parte de su tranquilidad económica en los últimos meses y sus esperanzas políticas. Instituciones como el indulto y la amnistía precisamente están para situaciones como éstas, pero por cierto ni el gobierno, ni la derecha jamás las utilizarán para liberar a quienes han ayudado a poner en riesgo sus múltiples privilegios. Tampoco podemos confiar en todos los políticos de oposición, aunque muchos de ellos se hayan subido al carro de la victoria iniciada con las movilizaciones, y pretendan profitar de ellas, cuando precisamente estuvieron por paralizarlas con ese acuerdo espurio que firmaron, pero que en definitiva, y por la presión del pueblo ha ido dando frutos.

El mantener encarcelados, a más de un año de las movilizaciones, a cientos de personas que participaron en ellas, es por sobre todo, un acto de venganza de un sistema político y económico que se resiste a dar paso a uno nuevo, en donde verdaderamente podamos tener una vida más digna. Luchar por la liberación de los presos por luchar no es sólo un acto de agradecimiento, es por sobre todo un acto de justicia.

 

Octubre de 2020

 

lunes, 26 de octubre de 2020

PINTARSE LA CARA, COLOR ESPERANZA...

 


Probablemente todos quienes tenían alguna relación con la realidad nacional sabían que el triunfo de la opción Apruebo era seguro. Probablemente nadie sin embargo dimensionó la magnitud de este triunfo. Prácticamente 8 de cada 10 personas se manifestaron partidarias de derogar la constitución del dictador, y esas mismas 8 personas nos dijeron que no querían que quienes redactaran el nuevo texto, fueran, ni siquiera en parte, actuales miembros del parlamento, votando en definitiva por la opción “Comisión Constitucional”.

La primera consecuencia de esta votación, fue la presencia de cientos de miles de chilenos y extranjeros en las calles de decenas de ciudades de este país, celebrando el triunfo del Apruebo. La fiesta democrática se manifestó de Arica a Punta Arenas, en grandes ciudades, en pequeños villorrios, en millones de casas y departamentos, y en todas las redes sociales, manifestándose una alegría que hacía muchos años no se veía en nuestra patria. Alegría cruzada, en toda su extensión, por una franca y sincera esperanza. Este 25 de octubre, así como hace 32 años, cuando ganó el NO, Chile se pintó “color esperanza”. Y hay motivos para ello. Desde luego, el más obvio, es que se trata del más duro golpe, en 30 años, propinado al modelo neoliberal impuesto por la dictadura, ese modelo que anuló el papel del Estado al asignarle un carácter subsidiario, y que sólo lo concibió como un organismo represor de las demandas populares. Pero hay más, ésta derrota es producto de una movilización popular, que con brutal represión y aún pandemia de por medio, se ha sobrepuesto a esas condiciones adversas, ha seguido en pie, aprendido de las experiencias, no tiene visos de terminar y en la que además, han jugado un papel determinante los jóvenes.

Pero nuestra esperanza debe tener historia. Y así, debemos recordar que luego del triunfo del NO, si bien desapareció la tiranía, la democracia volvió con severas limitaciones, y una Concertación que desmovilizó al pueblo y terminó administrando un sistema político y económico que había prometido cambiar, y contra el que la ciudadanía se había venido manifestando desde hacía años.

Así las cosas, la primera cuestión que los votantes del Apruebo debemos considerar, es que si bien se ha abierto un ciclo político que puede generar profundas transformaciones,  no podemos dejar pasar la esperanza y permitir que los mismos y desprestigiados políticos se apropien de este triunfo y terminen, como en El Gatopardo, cambiándolo todo para no cambiar nada. Se nos vienen enormes desafíos, la elección de los constituyentes con escaños reservados para los pueblos originarios, la elaboración de una nueva constitución que consagre una real democracia, amplíe los derechos sociales, etc.

Pero lo primero es, y sigue siendo, hacer crecer la conciencia social y mantener la movilización popular, esa que ayer impuso la discusión de una nueva constitución, hoy llevó al masivo triunfo del Apruebo y mañana, transformada en un movimiento social organizado, protagónico y deliberante, es la única que nos puede asegurar un país más justo y solidario.

 

Santiago 25 de octubre de 2020

 Te puede interesar


Derecha chilena ¿De qué libertad me hablan?

Longueira, oportunismo y demagogia

Nueva constitución y campaña del rechazo

 

lunes, 19 de octubre de 2020

COMUNA PEQUEÑA, ALEJADA DE SANTIAGO, POBRE Y AGRÍCOLA, POR QUÉ VOTAR APRUEBO

 

 

En una semana más, nuestro país vivirá un día histórico. Por primera vez en la historia de nuestro país, el pueblo podrá decidir si desea seguir con la vieja constitución elaborada durante la dictadura, o darse una nueva. Y si ese resultado gana, decidir cómo se conformará el grupo de personas que elaborará la nueva carta magna. Se trata, sin lugar a dudas, de un acontecimiento que puede resultar el más relevante para el futuro social y político de nuestro país en las próximas décadas. Como sabemos, las alternativas son dicotómicas, o te manifiestas por el Apruebo el cambio, o te manifiestas por el Rechazo el cambio. Frente a esta situación, no hay más alternativas.

Con toda la importancia que tiene este hecho histórico, hemos visto a algunos autodesignados candidatos a alcaldes de nuestro pueblo, negarse a responder si son partidarios de una u otra opción. Y lo que es peor, han dado como argumento, el que lo que se decida no es importante para los villalegrinos, que se trata más bien de un tema que tiene implicancias sólo para Santiago o para los “políticos”. Una respuesta de esta naturaleza, nos parece, sólo puede ser resultado de un oportunismo político de la peor envergadura, o más grave aún, de una ignorancia supina respecto de lo que se está decidiendo. Oportunismo hay en aquellos que siendo partidarios del Rechazo, y teniendo la convicción que su opción perderá, se niegan a reconocerlo precisamente para no partir su campaña como perdedores. Ignorancia, en quienes creen, de verdad, que optando a un cargo político como el de Alcalde, ellos no lo son.

Lo cierto es que, lejos de carecer de importancia, el Plebiscito del 25 de octubre adquiere una relevancia especial para los villalegrinos, en cuanto no sólo son habitantes de nuestro país, sino además, de una comuna alejada de la capital, pobre y agrícola.

De partida, la decisión de si se mantiene la constitución de la dictadura o se redacta una nueva afecta a todos los villalegrinos en su condición de habitantes de nuestro país. Los villalegrinos, al igual que la inmensa mayoría de los chilenos, queremos una constitución de derechos, con marcado énfasis en los derechos sociales, que garantice pensiones dignas, salarios justos, salud para todos, educación gratuita y de calidad, derecho a la vivienda, medio ambiente libre no contaminado, y un laaaargo etc., que la actual constitución no garantiza.

Pero además, vivimos en una pequeña comuna alejada de la capital, con una constitución centralista a toda prueba. Una nueva Constitución debe tener una mirada descentralizada de nuestro país, permitiendo que municipios y gobiernos regionales efectivamente gobiernen y no se limiten a la mera administración de lo que otros resuelvern. Los alcaldes deben tener facultades para que, con la participación directa de la comunidad, puedan decidir en materias locales relevantes para sus propias comunas.

Por otro lado, la nueva constitución debe garantizar que los ingresos municipales se repartan de manera equitativa entre las distintas comunas, considerando especialmente el número de habitantes que cada una de ellas posee, y no según la riqueza o pobreza de esos habitantes. No es posible que mientras el presupuesto por habitante de Vitacura es de $1.143.000.-, el de Villa Alegre en el mismo período sea de $117.000[i], es decir, casi una décima parte. Como tampoco es posible que mientras en Las Condes la mortalidad infantil es de 5,1 por mil, en nuestra comuna sea de 7,3. Algo similar ocurre con la seguridad. No es razonable que mientras más dinero tengan los habitantes de una comuna, más policías tengan para que los cuiden.

Por otro lado, Villa Alegre es una comuna agrícola, y la agricultura está sufriendo un enorme impacto con el cambio climático, pero nuestro país poco o nada nada se hace al respecto. Una nueva constitución debe promover una agricultura sustentable, motor del desarrollo local en comunas como la nuestra, debe impulsar la soberanía alimentaria, para lo cual necesita dar un fuerte impulso a la agricultura familiar. Una nueva constitución debiera también promover una salud preventiva, -no sólo reactiva como en la actualidad, (que es la que permite las mayores utilidades a los dueños de las Isapres)- lo que implica, entre otras cosas, la promoción de una alimentación saludable, política que también debiera incidir en nuestra comuna.

En fin, tenemos una constitución que no sólo es de origen ilegítimo, producto de una dictadura, sino que fue diseñada para defender a sangre y fuego un modelo de desarrollo neoliberal, en donde el más grande se come al más chico, … y nosotros somos chicos entre los chicos.

Los Villalegrinos tenemos éstos, y mil argumentos más para participar el 25 el plebiscito, y sin titubear, marcar primer APRUEBO, y luego CONVENCIÓN CONSTITUCIONAL.

Villa Alegre, 19, 10. 2020.

lunes, 12 de octubre de 2020

DERECHA CHILENA ¿DE QUÉ LIBERTAD ME HABLAN?

 


Desde que la Revolución Francesa levantara entre sus banderas a la “Libertad”, éste concepto se ha transformado en uno de los más recurridos en la lucha política e ideológica. Y nuestro país, no es una excepción. Desde hace ya varias décadas la derecha política ha ido intentando apropiarse de dicho concepto, (no así de los de Igualdad y Fraternidad) y mostrándose, en el discurso, como la gran defensora de la Libertad. Hoy lo hace a través de la franja política y de toda la campaña del Rechazo, acusando a la gente del Apruebo, precisamente de querer atentar contra esa libertad.

Y sin embargo no sólo no hay nada hay más falso que asociar la Libertad a la Derecha, sino que ésta tiene un verdadero prontuario en ése ámbito (y por supuesto también en otros). He aquí cinco ideas sobre el tema.

Recordemos en primer lugar que en sus orígenes, los conceptos de derecha política e izquierda política surgen de una manera absolutamente empírica al calor de la Revolución Francesa, ese alzamiento espontáneo contra el despotismo, la pobreza, la crueldad y la injusticia, a la que los reyes y la aristocracia francesa tenían sometidos a los campesinos y pobres de la ciudad. En septiembre de 1879, y cuando se iba a votar las facultades de la monarquía, a la derecha del Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, se instalan los partidarios del rey y de la aristocracia y a la izquierda, los partidarios de la soberanía popular, manteniendo dicha ubicación en elecciones posteriores. Son precisamente esos últimos, los que forman la izquierda, quienes enarbolan las banderas de la Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Recordemos también que en nuestro país el gobierno más sanguinario, aquel que privó al pueblo de todas sus libertades, prohibió los partidos políticos, y las organizaciones sindicales, persiguió a sus dirigentes, estableció la censura previa, quemó libros, destruyó obras de arte, y encarceló y torturó a miles de personas fue precisamente el de aquella derecha que hoy pretende dictar cátedra sobre libertad.

En tercer lugar señalemos que si la libertad es la posibilidad real de elegir, como hoy se estima (y no sólo la ausencia de prohibiciones), nuestro país, hoy víctima de un liberalismo brutal impuesto por la derecha, es un buen ejemplo de ausencia de libertad real para la inmensa mayoría de las personas. En términos legales, no hay coacción externa, no hay impedimento alguno para que una persona pueda elegir para sus hijos un colegio privado, el mejor plan de salud en una Isapre, o darse unas buenas vacaciones en el Caribe. Pero la realidad es otra. La inmensa mayoría de los chilenos vive una situación absolutamente diferente. El 90% de los chilenos carecen de libertad para elegir dónde vivir, la casa que quieren, el sistema de salud que desean, dónde mandar a estudiar sus hijos, y que decir de vacaciones en el Caribe. En verdad para la inmensa mayoría de los chilenos, esa libertad que hoy la derecha dice defender, no es más que una cruel ironía, que carece de la más elemental realidad, pues en definitiva la libertad hoy se mide en función del dinero que tienes.

                Más sobre el tema "La lucha por la libertad"

Señalemos en cuarto lugar que esta derecha supuestamente amante de la libertad, niega libertades básicas a los trabajadores, pues prohíbe la huelga de los trabajadores públicos, los sindicatos interempresas, impide formar federaciones y confederaciones y negociar por ramas de la producción, niega la libertad a los dirigentes sindicales para presentarse a elecciones de cargos políticos, impide la libertad de ingreso al país a los inmigrantes pobres  -a los ricos, los llama turistas, o inversionistas y los recibe con las manos abiertas-  y hecha de sus medios a los periodistas que trabajan que entregan una opinión discrepante a la línea política de los dueños.

Por último, agreguemos que, como la propia derecha lo promueve, ellos se dicen especialmente defensores de la libertad económica, del libre mercado. La “mano invisible” de Adan Smith o el “laissez faire”, de Gournay, son precisamente las metáforas más conocidas de esas ideas, en el ámbito económico. Pero tampoco es efectivo que defiendan esta libertad. Así por ejemplo contrarios a la libertad de mercado son los monopolios y las colusiones. Y la derecha empresarial chilena es responsable de ambas cosas, en niveles nunca vistos aquí y pocas veces en el mundo. La concentración del poder económico en nuestro país es brutal y múltiples monopolios como los relativos al uso de los medios de pagos, Transbank, servicios esenciales, energía eléctrica, agua potable, carreteras concesionadas, etc. son de los mejores negocios que hoy maneja la derecha.

Y cuando el monopolio no se logra, se coluden para fijar precios, o limitar la competencia. A partir del año 2008, y por diversas razones, todas ellas vinculadas a colusiones para fijar precios, repartirse el mercado, o impedir el ingreso de nuevos competidores, se ha sancionado a Falabella y París, la Asociación Gremial de Buses Interbus, las farmacias Ahumada, Cruz Verde y Salcobrand, las radioemisoras Valparaíso, Biobio y Corporación, la empresa internacional Whirpool, las empresas de buses interurbanos Pullman Bus, Atevil Mecánica, Alejandro Cabello, las empresas proveedoras de asfalto ACh, QLa, Dynal Industrial S.A. (Enex no fue sancionada por acogerse a la figura de delación compensada), Agrosuper, APA, Ariztía y Don Pollo, a tres de buses de la ruta Copiapó-Caldera, la CMPC y Kimberly Clark, SCA (Chile), los laboratorios Fresenius Kabi Chile y Sanderson (A Biosano no se le aplicó multa ya que se acogió a la delación compensada), Cencosud, SMU y Walmart . Y hay denuncias contra Faasa Chile Servicios Aéreos y Martínez Ridao Chile, contra 11 empresas de transporte público en Temuco y Padre Las Casas.

En verdad la única libertad que la derecha conoce y es capaz de respetar, es aquella que le permita esquilmar al pueblo, explotarlo hasta las últimas consecuencias, es decir, esa libertad que hasta el día de hoy mantiene la constitución del dictador. Y un cambio de constitución, podría empezar a cambiar las cosas… Por eso, y por mucho más, YO APRUEBO.

Santiago 12 de octubre de 2020.



Más sobre el Rechazo "

NUEVA CONSTITUCIÓN Y CAMPAÑA DEL RECHAZO




 

domingo, 27 de septiembre de 2020

 

EL NEGACIONISMO COMO DELITO

“Para nunca más vivirlo, nunca más negarlo” (*)

 

Recientemente, la Cámara de Diputados despachó al Senado, un proyecto de ley que modifica el Código Penal y establece sanciones para conductas como la incitación a la violencia física y al odio y además, a aquellas que configuran el llamado delito de “negacionismo”.

Carlos Peña, en su columna de este domingo 27 de septiembre en el diario El Mercurio,(pág D 5), se manifiesta contrario a la creación del “negacionismo” como delito. Para ello, argumenta que esta figura atentaría en contra de la libertad de expresión. Así, señala textualmente:

“El derecho a la libertad de expresión deriva de la igual capacidad de discernimiento que los miembros adultos de una sociedad democrática se reconocen recíprocamente. De esa igual capacidad se sigue que ninguno de ellos posee el derecho de controlar lo que cualquiera pueda querer decir o escuchar”.

Y poco más adelante agrega:

“El control de la expresión equivale entonces a negar una misma condición de igualdad a los miembros adultos, hombres y mujeres, de una sociedad democrática”.

La libertad de expresión entonces, en la argumentación de Peña, resulta de tal envergadura que cualquier intento de control constituye un atentado inaceptable contra ella, y de paso contra el principio de igualdad de los seres humanos.

La verdad es que lo primero que llama la atención en este artículo es la profunda contradicción que existe entre los textos citados y lo que el mismo autor señala párrafos más adelante, cuando sin ninguna explicación razonable ahora nos indica que:

“La incitación al odio, en cambio es ilícita porque supone la intención y la idoneidad de los medios empleados para promover la hostilidad o la agresión violenta hacia un cierto grupo.”

A menos que no entendamos bien, Carlos Peña estima que si yo sanciono a quien niega cierta realidad histórica comprobada y comprobable, es atentar contra la libertad de expresión y negarle la condición de igualdad a quien lo hace y por tanto es inaceptable; pero si sanciono a quien se expresa incitando al odio, no atento contra la libertad de expresión ni le niego la condición de igualdad y por tanto si lo puedo hacer. Ello es, a nuestro entender, claramente incomprensible.

Es interesante por otro lado recordarle a Carlos Peña que la libertad de expresión ha estado en nuestro país limitada desde tiempos inmemoriales. Y no me refiero a las limitaciones que medios de comunicación como El Mercurio mantienen regularmente respecto de quienes no comparten sus ideas, sino a algo tan elemental como los delitos de injurias y calumnias, contemplados en nuestro Código Penal desde su origen, (arts. 416 al 431 C.P.), y en la legislación española desde mucho antes. Como es sabido, dichas figuras penales precisamente lo que hacen es sancionar penalmente expresiones, verbales o escritas la mayoría de las veces, pero también mediante actos.

En resumen, la idea que se debe rechazar la figura del delito del negacionismo porque no es posible establecer límites a la libertad de expresión, pues ello constituye una negación de la condición de igualdad de los miembros de la sociedad, parece simplemente carecer de sentido, o al menos de realidad.

Pero por otro lado tiene razón Carlos Peña cuando plantea que se puede discutir la legitimidad de esa figura penal, sólo que su argumentación fue por mal camino. Y eso, porque si bien la libertad de expresión puede limitarse, como lo prueban las figuras existentes y las que él acepta como legítimas, dichos límites si necesitan fundamentos sólidos, respecto de los cuales se puede debatir. Y en el ámbito de la filosofía se ha debatido y se sigue debatiendo. Y no obstante las dificultades y las opiniones discrepantes, los autores está de acuerdo en que es necesario establecer una correspondencia entre los fundamentos teóricos de la tolerancia y la acción política.

En términos genéricos, el negacionismo dice relación con el rechazo a aceptar una realidad comprobada y comprobable empíricamente, ya sea científica, como la evolución, el VIH, el Covid 19, el calentamiento global, o una realidad histórica, como el holocausto nazi. Se trata de una postura carente de racionalidad, cuyo fundamentos se encuentran más bien en posiciones religiosas, políticas o ideológicas. El delito conocido como “negacionismo” se refiere a la negación de realidades históricas específicas, de genocidio, de crímenes de guerra, de crímenes de lesa humanidad.

                También te puede interesar  ¡CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD!

En relación con el derecho comparado es necesario señalar que esta figura existe en numerosas democracias que vivieron períodos de horror. El propio Peña señala que la figura existe en países como en Francia y Alemania, referido al holocausto, atribuyéndolo él “a la culpa que han sentido” dichos países, lo que al menos respecto de Francia resulta curioso.

Desde el punto de vista valórico, o si se prefiere desde la perspectiva de los bienes jurídicos protegidos, es interesante recordar que nuestro Código Penal, en su artículo 416 dice que “Es injuria toda expresión proferida o acción ejecutada en deshonra, descrédito o menosprecio de otra persona”, y a esa conducta le atribuye una pena.

Es decir, una expresión proferida o una acción ejecutada en deshonra, descrédito o menosprecio de otra persona, en nuestro ordenamiento jurídico merece una sanción penal. ¿Y qué es negar las violaciones a los derechos humanos cometidas por agentes del Estado durante la dictadura cívico militar ocurrida en Chile entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990, si no una expresión proferida o acción ejecutada en deshonra, descrédito o menosprecio de las decenas de miles de chilenos que fueron víctimas de delitos de lesa humanidad, secuestros, torturas, ejecuciones o desapariciones?

Celebrar crímenes de lesa humanidad no es una legítima manifestación de libertad de expresión, es no sólo un insulto, un agravio a la memoria de las víctimas, de sus familiares, es un abuso contra toda la sociedad, y como el mismo Carlos Peña lo señala, es además una enseñanza inaceptable:

“Despues de todo, tolerar que se nieguen, justifiquen o aprueben los crímenes es una manera grave de decir que bajo determinadas circunstancias sería correcto que se  repitieran. Si usted dice que la desaparición de rivales políticos se justificó por tal circunstancia, entonces usted está afirmando que cuando esa circunstancia ocurra de nuevo será admisible que la desaparición se reitere”

Fernando García Díaz

Profesor de Derecho Penal

* Título del Prólogo del “Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura”,



jueves, 10 de septiembre de 2020

LA LUCHA POR LA LIBERTAD



VILLALEGRINOS DE AYER, PARA EL CHILE DE HOY


(Sobre villalegrinos que ya no están con nosotros, pero cuyo ejemplo puede servirnos hoy, no sólo para comprender mejor el mundo en que vivimos, sino por sobre todo, para luchar por cambiarlo)


Septiembre, para los chilenos, es un mes cargado de simbolismos, entre los cuales destaca, por sobre todo, la celebración de nuestra independencia nacional, que conmemoramos el 18 de septiembre. En esa fecha se celebra un aniversario más de la constitución de la Primera Junta Nacional de Gobierno que inició el proceso emancipatorio, que nos liberó del imperio español. Más allá de discusiones sobre los verdaderos alcances de esa Junta, lo cierto es que todo el proceso estuvo marcado por la idea de libertad. Un buen ejemplo de ello lo dan las sucesivas letras que ha tenido nuestro Himno patrio.

Así por ejemplo, entre otros textos, ya en el Coro, que escribió Bernardo Vera y Pintado en 1819 se lee:
“…que o la tumba serás de los libres
o el asilo contra la opresión…”

Y en el primer coro escrito años después por Eusebio Lillo se dice

“Libertad invocando tu nombre,
La chilena y altiva nación,…”

Pero septiembre no es sólo el mes de la independencia, es también el mes de la tragedia, de la noche negra de la dictadura, por ello y porque por la libertad se debe seguir luchando día a día, este mes también traemos a la memoria a otros hombres y mujeres que dieron su vida por la libertad.

Como ocurre con la gran mayoría de las palabras con complejos contenidos, lo que ha de entenderse por “libertad” ha ido variando con la historia.

Durante prácticamente toda la Edad Media, con la hegemonía indiscutible de la ideología cristiana, hablar de la libertad humana era hablar del “libre albedrío”, entendida éste como un “don de Dios”, en virtud del cual se consideraba al hombre, cualquiera fueran las circunstancias de la realidad, pues éstas en la práctica no tenían ninguna relevancia, capaz de elegir entre el bien y el mal. Era en definitiva esa condición la que le permitía elegir el pecado, y ser responsable de ello.

Con el pensamiento ilustrado el concepto de libertad empezó a tener un significado distinto, ligado en parte a las condiciones vitales del ser humano, y caracterizada ésta en lo esencial por la ausencia de coacciones externas. Se entiende que el individuo es libre en cuanto nada ni nadie restringe su posibilidad de actuar, tenga o no la intención y sobre todo, el poder de hacerlo. Y la lucha por la libertad está dirigida precisamente a eliminar restricciones o prohibiciones. Es esa libertad que en muchas imágenes se ilustra rompiendo cadenas, y que, con su gorro frigio, heredero de la revolución de 1789, guía al pueblo en la inmortal imagen de Delacroix, referida a los sucesos de Francia en 1830. Es esta la libertad que reclaman los burgueses a fines del feudalismo. En este caso se trata de cesar las obligaciones para con el señor feudal, y a las que estaban adscritos por el sólo hecho de nacer en sus territorios. Y esta la libertad por la que se lucha en nuestra independencia, se trata de cesar la ataduras al imperio español. A esta libertad se le suele llamar “libertad negativa”, y se inserta en la más clásica tradición de liberalismo político, económico y filosófico. La “mano invisible” de Adan Smith o el “laissez faire”, de Gournay, son precisamente las metáforas más conocidas de esas ideas, en el ámbito económico. Y es esta la concepción que la derecha chilena levanta como la única libertad concebible, identificando al Estado que interviene en la vida económica como el principal elemento capaz de atentar contra la libertad,

Desde esta perspectiva de libertad negativa, es la “tiranía”, el gobierno de quien no respeta las más elementales libertades humanas, el que más atenta contra la libertad de las personas.

En la tradición socialista del siglo XIX se empieza a identificar una nueva perspectiva, la llamada “libertad positiva” y que en lo esencial significa que efectivamente hay libertad sólo cuando la persona “puede” concretar su elección. Es decir, para ser libre, para poder efectivamente elegir, no basta con la ausencia exterior de coacciones, es necesario además que la persona tenga las posibilidades reales de conocer diferentes alternativas, y las condiciones materiales para poder materializar la alternativa elegida.

Nuestro país, ejemplo hoy de liberalismo brutal, es también un buen ejemplo de libertad negativa y ausencia de libertad positiva. Así, por ejemplo, en términos legales, no hay coacción externa, no hay impedimento alguno para que una persona pueda elegir para sus hijos un colegio privado, el mejor plan de salud en una Isapre, o darse unas buenas vacaciones en el Caribe. La realidad de la inmensa mayoría de los chilenos nos muestra una situación absolutamente diferente. El 80% de los chilenos carecen de libertad para elegir su sistema de salud y se ven obligado a incorporarse a Fonasa; tampoco pueden elegir donde mandar a sus hijos y se ven obligados a enviarlos a un colegio público. El 95% de los chilenos no puede soñar siquiera con unas vacaciones en el Caribe. Para la inmensa mayoría de los chilenos, la libertad que nuestra constitución proclama no es más que un conjunto de mitos que carecen de la más elemental realidad.

Esta concepción de libertad, que podemos rastrear hasta el siglo XIX, a fines del siglo XX, y por sobre todo ahora, en el siglo XXI, identifica a la pobreza como la falta más radical de libertad. Y es que la pobreza no es solo la falta o escasez de recursos, la pobreza es en verdad la más radical imposibilidad de elegir. La pobreza significa imposibilidad de elegir en los aspectos más elementales de la vida, como en la alimentación, en la educación propia o de los hijos, en materia de salud también propia o de la familia, de trabajo y seguridad social, de vivienda, entorno, etc. Quien es pobre, carece de la más mínima posibilidad de elegir en prácticamente todas las áreas de su vida. 
Así entendido, las principales fuentes de privación de libertad para los seres humanos son la pobreza y la tiranía.

Y Modesta Carolina Wiff Sepúlveda, villalegrina de nacimiento, (1941), luchó decidida y esforzadamente, primero contra la pobreza y luego contra la tiranía.

Carolina, tal vez sin tener toda la claridad para ello, al salir del liceo ya tenía decidido luchar por la libertad. Y es así como ingresó a la universidad a estudiar Servicio Social, esto es, una carrera que por definición trabaja con personas pertenecientes a sectores carenciados y que busca fomentar cambios sociales que deriven en mayores niveles de bienestar y libertad para dichas personas. El trabajador social interactúa directa y especialmente con familias, mujeres, niños, cesantes, en definitiva con personas carentes de posibilidades reales de elegir, buscando actuar sobre ciertos factores que permitan que sus interacciones con el medio y con otras personas tengan los mayores niveles posibles de autonomía, para que efectivamente puedan satisfacer de la mejor manera sus necesidades. En condiciones de pobreza, el trabajo del trabajador social es particularmente importante, pues para vivir la libertad real no basta siquiera mejorar los ingresos, es fundamental el empoderamiento que te permite llevar adelante los planes de vida que previamente definiste.

Primero se matriculó en la Universidad de Concepción, carrera que dejó en 1964 por la necesidad de trabajar. Algún tiempo después reinició sus estudios de Servicio Social en Santiago, en donde llegó a ser Presidenta del Centro de Alumnos. Su profundo compromiso con los más pobres, que ya se había manifestado en la elección de su carrera, la llevó a hacer su práctica en un programa piloto de la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, en la comuna de Quinta Normal.

Pero pronto Carolina entendió que más allá de su labor profesional, las únicas posibilidades reales de contribuir a superar las condiciones en que se encontraban millones de chilenos, -analfabetismo, hacinamiento, alcoholismo, miseria-, y que en definitiva limitaban de forma absoluta sus reales posibilidades de elegir, era cambiando la estructura política y social que daba sustento a esas situaciones de miseria. Su experiencia, y la influencia de sus compañeros de trabajo, la llevaron a ingresar a las filas del Partido Socialista, en donde rápidamente destacó por su trabajo y compromiso. Durante el gobierno de la Unidad Popular se desempeñó en la Junta de Jardines Infantiles, a cargo del Programa para Poblaciones Marginales de esa institución. Más tarde fue Jefa del Programa de Capacitación para Mujeres Proletarias, cargo que desempeñó hasta el día del golpe de estado.

Pero las condiciones políticas y sociales del país cambiaron drásticamente con el golpe militar. Los partidos políticos fueron disueltos, lo mismo las asociaciones sindicales, y hombres, mujeres y niños que ayer circulaban libres por las calles empezaron a ser perseguidos, perdieron no sólo las más elementales libertades, de opinión, de reunión, de circulación, sino que además empezaron a ser secuestrados, torturados, masacrados. Era el fascismo en su versión más grotesca.


En noviembre del 73 Carolina se integró a trabajar en la rearticulación del Partido Socialista, en actividades cercanas al Comité Central. Desde allí, en diferentes tareas, varias de altísima responsabilidad partidista, día a día arriesgó su vida, luchando por un Chile democrático, solidario, humano y con libertad.

Tenía 34 años cuando el 25 de junio de 1975 fue detenida por la DINA y sus esbirros. Fue vista por última vez en “Villa Grimaldi” y hoy es una de las mujeres “detenidas desaparecidas”. Cuesta releer, por dolor y repugnancia, los métodos de tortura utilizados allí. A los “clásicos”, la parrilla eléctrica, el submarino, colgamiento, se sumaban, entre otras, cual más cruel, las violaciones masivas delante de esposos, padres, hijos o compañeros, las violaciones con perros amaestrados, el uso de un camarote metálico de dos pisos, amarrando al primero a un prisionero, mientras en el segundo se torturaba a su padre, hermano, amigo o compañero. Y así, … para que seguir.


No sabemos en concreto qué de todo esto sufrió Carolina, pero sí que una detenida allí la reconoció más tarde y dijo que estaba en malas condiciones, pero además, sabemos que ninguno de los sobrevivientes de Villa Grimaldi declara no haber sido torturado. Y ella ni siquiera sobrevivió. Tampoco sabemos con certeza el nombre de sus torturadores. Sí sabemos el de algunos de los que allí estuvieron, Marcelo Moren Brito, Osvaldo Romo, Miguel Krasnoff, Cristián Labbe (si, el ex alcalde de Providencia), Ingrid Olderock, (la que adiestraba perros para violar mujeres), y así un lista de los peores criminales de nuestra historia.

Este año, a 45 de su secuestro y desaparición, cuando nuestro país pasa por la peor crisis sanitaria que jamás hayamos tenido, dejando al descubierto ante el mundo entero una realidad de miseria y hacinamiento que por décadas se había intentado ocultar y para millones de chilenos, el hambre se transforma en la peor cadena, aquella que transforma cualquier idea de “libertad” en una palabra absolutamente vacía, el recuerdo y el ejemplo de nuestra coterránea, Carolina Wiff Sepúlveda, se agiganta, y nos obliga a seguir luchando por la libertad.

Por eso, y por más, yo APRUEBO.

Villa Alegre, 11 de septiembre de 2020

Sobre otros Villalegrinos de ayer:


lunes, 31 de agosto de 2020

LONGUEIRA, OPORTUNISMO Y DEMAGOGIA



La actual Constitución fue redactada por el fundador de la UDI pensando precisamente en impedir, o dificultar al máximo su modificación, para así eternizar un modelo de sociedad que, como ninguna  otra, satisfacía los deseos de poder de la clase dominante, de concentración de la riqueza en poquísimas manos, transformando todo en vil negocio –salud, educación, pensiones,…- y de sometimiento de las más amplias mayorías a la explotación y la miseria, quitándoles todo poder negociador a los sindicatos, entre otras cosas.

Sus herederos políticos fueron por décadas fieles perros guardianes de ese engendro jurídico antidemocrático que es dicha Constitución. Y así lo han manifestado la mayoría de ellos en los últimos meses, que han esgrimido diversas y variadas razones para evitar el plebiscito, o hacerlo perder toda eficacia.

“…dada la violencia imperante, no están dadas las condiciones para el plebiscito”, dijo hace unos meses la Presidenta de la UDI. Y de paso ofrecía mantener una constitución aprobada bajo una dictadura criminal, que dejó más de tres mil asesinados, cientos de desaparecidos, más de 30 mil torturados y que se aprobó en un plebiscito sin registros electorales, sin oposición y con votos trasparentes. Algunos argumentaron que no se justificaba cambiar una Constitución que nos dio prosperidad, desarrollo y tranquilidad durante décadas. ¡Claramente no quieren entender lo que está pasando hoy en Chile! Precisamente contra esa “prosperidad”, ese “desarrollo” y esa “tranquilidad” es que se Chile se levantó. Otros han pretendido argumentar que los verdaderos problemas que viven los chilenos, pensiones, salud, educación, salarios, etc., no dicen relación con la Constitución, sino más bien con simples leyes que se pueden cambiar sin modificar siquiera la ley fundamental. (Bastaría con pedirles que miraran los últimos fallos del Tribunal Constitucional para que vieran que la gran mayoría de ellos si dicen relación con cuestiones cruciales para el día a día de los chilenos). Más recientemente han esgrimido que era muy caro implementar el plebiscito, o que la situación de pandemia obliga a postergarlos, o aún que las modificaciones las debía efectuar el mismo congreso, etc.

Es en este contexto político, y luego de haber fracasado estrepitosamente en su llamado a rechazar la entrega del 10% de las AFP, cuando resurge la figura de Longueira, pero curiosamente “aprobando” la redacción de una nueva Constitución.

Esto podría parecer patético o simplemente ridículo, pero no, en verdad es eso y mucho más, es oportunismo y demagogia política llevada a su máxima expresión.

En verdad Longueira no sólo ha captado lo que cualquiera con dos dedos de frente ya percibe, que el “Apruebo” ganará ampliamente y ante la realidad indiscutible de una derrota escandalosa ha intentado “…aprovechar al máximo las circunstancias que se ofrecen y sacar de ellas el mayor beneficio posible”, como dice la Real Academia de la Lengua para definir “oportunismo”, aunque para ello tenga que adorar lo ayer aborrecía.

Pero no sólo es oportunismo, también es demagogia en su expresión más pura.

Desde luego, Longueira, como toda la derecha pinochetista, y con mayor razón la UDI, no tienen ningún interés real en modificar la obra de su fundador, pero sí están preocupados por perder el poder que aún mantienen, por ello, si la demagogia es el camino, no temen transitarlo.

Y para hacerlo, nada mejor que un razonamiento que va de mentira en mentira. Primero, como en la mejor campaña del terror, Longueira nos advierte que “La izquierda no democrática nos quiere llevar a todos los chilenos a una noche negra el 25 de octubre”, lo que obviamente es falso, entre otras cosas, porque no es la “izquierda no democrática” la que está por el Apruebo, sino la inmensa mayoría de los chilenos. Luego llama a votar “Apruebo, pero no desde cero”, alternativa que, como le han dicho desde su propio sector, también es falsa, porque simplemente no existe. Y por último, nos quiere convencer, en un acto de verdadera magia, que “Si todos votamos Apruebo, -o sea si la derecha le hace caso a él- será una gran noche de unidad. Todos celebraremos y no habrá derrotados…”. Una mentira detrás de otra.

En verdad no nos puede extrañar, la derecha y Longueira no es la excepción, carecen de principios, salvo que se estime que proteger el bolsillo propio pueda estimarse “principio”. Votar Apruebo es claramente abandonar lo que defendieron durante décadas, la Constitución del Dictador, elaborada por ellos mismos, para esta vez tratar de unirse al carro de la victoria, al carro de aquella inmensa mayoría que desea reemplazarla.

Hoy Longueira, con infinita menor simpatía, parece un claro discípulo de Marx, pero no de Karl, sino de Groucho, que en una de sus producciones nos ilustraba : “estos son mis principios, y si no le gustan, … tengo otros”.

Pero se equivocan, ese mismo pueblo que no permitió políticos corruptos y vendidos en las masivas manifestaciones pidiendo Dignidad, el 25 de octubre tampoco se dejará engañar, y celebrará alborozado una victoria que no le podrán quitar, una victoria que será precisamente la derrota aplastante de quienes, como Longueira, han sido parte de esa casta que ayer rodeó al tirano, y hoy buscan de cualquier modo mantener un poder que el pueblo les empieza a arrebatar. La victoria no será de los camaleones políticos, sino de aquellos que hoy tienen la conciencia que se puede, y se debe, construir otro Chile.

Santiago 31 de octubre de 2020.

lunes, 10 de agosto de 2020

INVITACION A CONSTRUIR MEMORIA COLECTIVA. No nos olvidemos de nada ni de nadie



Durante siglos, la historia la escribieron los vencedores, los dueños de las grandes fortunas, o los empleados que estaban dispuestos a ensalzarlos y ellos decidían financiar. Y así, las historias tradicionales nos hablaban de reyes, príncipes, presidentes, obispos, batallas, generales, … pero nada, o muy poco, de la vida y sufrimiento de quienes morían como carne de cañón en las batallas, en las hambrunas, o simplemente extenuados por la mala alimentación, las miserables condiciones en que vivían y los trabajos agotadores a los que eran sometidos. Una situación paralela se daba en las diferentes manifestaciones artísticas.

Y era difícil que fuera de otra manera. Para escribir la historia, había que saber escribir, pero además tener estudios y por sobre todo, tiempo, condiciones que no reunían ni los esclavos, ni los siervos, ni los obreros, ni los campesinos, ni los mineros, ni los pescadores, … De este modo, la historia escrita, esa oficial, terminó invisibilizando la existencia de todos aquellos que por una u otra razón no interesaban a los dueños de las grandes fortunas. Y así ocurrió en primer lugar con las clases desposeídas, los pueblos colonizados, los indígenas, pero también con las mujeres y los disidentes. Era normal ver en los museos comentarios como “Hermoso mueble en caoba, estilo barroco americano, perteneciente a la familia…..”, o “Vestido de fiesta, bordado con hilos de oro, utilizado por doña…” y ni un solo comentario respecto del artesano que fabricó el mueble o las costurerasque hicieron el vestido.

Esta realidad empezó a cambiar recién en el siglo XX, cuando se conjugaron varios factores, entre los que es posible destacar: a) nuevas concepciones teóricas sobre la historia, que proponen desde un rol protagónico de los trabajadores, a la necesidad de describir la vida cotidiana de las diferentes culturas, b) un acceso a la educación universitaria de millones de simples hijos de empleados, obreros, campesinos, indígenas, afrodescendientes, como de mujeres, que buscan, y no encuentran en los textos su propia historia, ni la de su familia y por tanto deciden emprender ellos la construcción de esa nueva historia, y c) mayor acceso a las fuentes donde investigar, especialmente con la difusión del libro y de las bibliotecas, y por supuesto hoy de la red.

Y esta realidad, con pequeñas variantes, se da de forma paralela en las historias locales, como la de muchos de nuestros pueblos. Sólo que como no tenemos reyes, ni príncipes, ni nada que se le parezca, a menudo resulta más patética, y ensalzamos a los alcaldes, a los dueños de fundos y a alguno que otro personaje, las más de las veces de dudoso valor histórico o aún moral.

Pero así como la gran historia comenzó a tener también otros protagonistas, la pequeña historia, la historia local, también lo empezó a hacer. Y aquí, desde la limitada realidad de un pueblo pequeño, de fuerte tradición campesina, hemos visto con alegría aparecer, especialmente en los últimos años, textos que hablan de nuestros lugareños, de nuestros artesanos, de nuestros obreros, pobladores, cantantes, futbolistas,…

A propósito de la conmemoración que se viene, en Villa Alegre, pueblo al que después de casi 50 años volví por unos meses con motivo de la pandemia, iniciamos, junto a un par de amigos de la infancia, y hace unos días, la búsqueda de nombres y de información sobre las víctimas directas de la dictadura, sobre aquellos villalegrinos que sufrieron la tortura, la muerte o la prisión, por su compromiso con la vida, la libertad o la democracia. Allí apareció Daniel, detenido al salir de La Moneda y desaparecido desde el regimiento Tacna, Carolina detenida en 1975 y vista por última vez en el centro de torturas de Villa Grimaldi, Don Julio, detenido y torturado con sus 83 años a cuesta, Fanny, que debió abandonar a sus ancianos padres y exiliarse,…


Te puede interesar también  CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD

La experiencia, que tampoco ha sido sencilla, pues no siempre llegas donde debes, sino a menudo sólo donde puedes, nos ha obligado primero a buscar en la memoria de parientes, amigos y conocidos y luego insistir, una y otra vez, especialmente por las redes asociadas directamente al pueblo, ha ido dando fruto.  Y el sacrificio, que tampoco es tanto, ha valido la pena.

Los asesinados, desaparecidos, torturados de mi pueblo, del tuyo, de tu barrio, tu colegio, no sólo son números en las estadísticas o nombres en los interminables listados de víctimas que las diferentes comisiones establecieron, son personas que recorrieron nuestras calles, compartieron el patio de nuestros colegios, estuvieron en nuestras casas, alentaron a nuestros clubes deportivos, rieron y lloraron con nosotros o con nuestros padres o abuelos. Ellos son nuestros héroes más cercanos, aquellos a los que debemos salvar del anonimato. Cercanos a cumplirse un año más de la fecha en que la felonía y la traición enlutaron a nuestra patria, te invitamos a construir memoria colectiva, para que efectivamente se haga realidad que NO NOS OLVIDAMOS DE NADA NI DE NADIE.

Villa Alegre 11 de agosto de 2020

villalegrinos para recordar hoy, te puede interesar:

Abate Molina, CIENCIA CONOCIMIENTO Y CONSPIRACION

Malaquías Concha LA POLITICA Y LOS PARTIDOS POLÍTICOS

domingo, 2 de agosto de 2020

CONTROL DEMOCRÁTICO, ¿HACIA UNA NUEVA REALIDAD?

La semana laboral comprendida entre los días lunes 20 y viernes 25 de julio de 2020, podría pasar a la historia más reciente de nuestro país, por darse simultáneamente un estricto y eficiente “control democrático” sobre los tres poderes clásicos del Estado.

Durante los 3 primeros días, el Presidente de la República y los parlamentarios más recalcitrantes de la derecha, se jugaron sus últimas cartas para impedir que el propio parlamento aprobara un proyecto de ley que golpeaba en su esencia uno de los pilares básicos del modelo neoliberal impuesto a sangre y fuego por la dictadura, las Administradoras de Fondos Previsionales, y que era deseado por alrededor del 80% de la población. La oposición por si sola no tenía los votos suficientes. Así y todo, no lo lograron. Con los votos de la oposición, pero también de un número relevante de parlamentarios de la coalición gobernante, que esta vez votó contra su propia coalición,  se aprobó la norma. Al día siguiente el Presidente anunció que no sólo no cuestionaría dicha norma de ninguna manera (veto o requerimiento al Tribunal Constitucional), sino que la promulgaría de inmediato y le dio máxima rapidez.

En esa misma semana se procedió a la formalización de Martín Pradenas, denunciado como autor de dos abusos sexuales y tres violaciones, incluyendo la de Antonia Barra, quien luego de estos hechos se suicidó. El Tribunal de Garantías declaró prescritos dos de los cinco delitos, sólo inició causa por el delito de violación de Antonia y a continuación decretó como medida precautoria el arresto domiciliario del imputado, en su propia casa, medida ampliamente repudiada. Al día siguiente el tribunal de apelación modificó la resolución y ordenó la prisión preventiva.

En síntesis, nos parece, en la misma semana, el parlamento aprobó una modificación constitucional para la que políticamente no le alcanzaba el quorum, el Presidente de la República aprobó de manera urgente una ley respecto de la cual hizo todo lo posible por impedirla, y los tribunales superiores de justicia modificaron una resolución de un tribunal inferior, a todas luces impopular.

Por supuesto nada de esto fue casualidad. O tal vez la coincidencia de fechas si lo fue, pero nada más. Y es que desde un tiempo a esta parte ha habido un proceso en marcha que está marcado por el creciente control democrático de las autoridades y de su quehacer.

Tradicionalmente el concepto de “control” se ha referido al poder del estado para dominar, dirigir a las personas, y particularmente a aquellas que, esencialmente por su carácter de clase, son susceptibles de realizar o han realizado algunas conductas previamente definidas como “desviadas” por el mismo Estado. La máxima expresión del “control” estatal lo constituye el sistema penal. En él se integran, de manera simultánea y con diferentes pero complementarios roles, el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial.

Hace casi 20 años, David Garland, uno de los sociólogos más prestigiosos en estudio del delito y la reacción social, publicó un libro, “La cultura del control”, que casi de inmediato se transformó en indispensable para todo aquel que quisiera comprender la historia de los últimos 30 años en materia de política criminal, en el mundo occidental, y muy especialmente en Estados Unidos y Gran Bretaña.

En el libro mencionado, el autor muestra cómo desde una política centrada en el delito como fenómeno complejo, que en lo esencial buscaba investigar en la sociedad los factores asociados a su génesis, destinar la pena a rehabilitar a los delincuentes, desarrollar una política criminal que disminuyera los múltiples factores intervinientes, y que incluso llegó a soñar con la abolición del sistema penal, se pasó a una visión esencialmente represiva, centrada en el delincuente, dirigida a combatir factores desencadenantes del delito, sin importar sus verdaderas causas, especialmente mediante más policía, más delitos, mayores pena, en definitiva, más represión. En la práctica, su “éxito” más destacado ha sido aumentar el índice de personas privadas de libertad por cada 100 mil habitantes, a cifras desconocidas, al menos desde que esos índices se han registrado. Por supuesto las características de la población penal no han variado, pobres, negros, jóvenes, …. Esta política, llamada de diferentes maneras -neoclasicismo, ley y orden- surge desde el movimiento conservador, encabezado en su momento por Reagan y Thatcher, y se traslada, con variable intensidad, a diferentes países del mundo. En Chile el cambio también se produjo. Y aunque no pareció muy notorio, entre otras razones porque la realidad penitenciaria importa a muy poca gente, se tradujo también en una hemorragia legislativa en relación nuevos delitos, más penas, más altas, más policías, más cámaras de vigilancia, más seguridad privada, etc.

Pero este fenómeno del “control”, esto es, de alguna manera el “dirigir” la conducta de un tercero, hoy parece abrirse a nuevas perspectivas, y particularmente a una, el control democrático de nuestras autoridades.

A partir de la dictadura cívico militar que se impuso en 1973, se inició un proceso de desprestigio de la política que comprendió todos caminos posibles. Primero fue el discurso dirigido a desprestigiarla realizado por la dictadura, luego vinieron gobiernos democráticos, que nada más llegar al poder procedieron a “despolitizar” a una ciudadanía que venía teniendo una participación relevante, creciente incluso, desde la primera mitad de los años 80, y cuyas principales actividades fueron los paros y las manifestaciones contra el Dictador. Paralelamente se difundía la idea que la mayoría de los problemas eran más bien de naturaleza “técnica”, y que por tanto sólo los expertos tenían derecho a pronunciarse sobre múltiples materias. Así, conocimos decenas de “Comisiones de Expertos”. Pero el mayor desprestigio sin embargo vino desde los propios políticos, que una vez en el poder, se olvidaron de los requerimientos y necesidades del pueblo, se dedicaron a administrar un régimen que se habían comprometido a cambiar y todo ello acompañado de niveles de corrupción como no se recordaban en nuestro país, en tiempos de democracia.

Sobre el desprestigio de la política  La Política y los Partidos Políticos

Todo esto generó un alejamiento de la política, cuya máxima expresión la constituye el cada vez menor número de personas que participan de los procesos eleccionarios y de este modo se fue dando un círculo vicioso, en el que los políticos hacían su voluntad (sus sueldos son un muy buen ejemplo de ello) y el pueblo (democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, en la definición clásica de A. Lincoln), brillaba por su ausencia.

Pero la paciencia tiene un límite, y ése, para nuestro “pueblo”, parece haberse acabado claramente el 18 de octubre del año pasado. Por supuesto que ese movimiento no surgió de la nada. Hay una historia detrás, como la hay en el proceso de control democrático que hoy comentamos, dentro de la cual el desarrollo de las redes sociales ocupa uno de los principales lugares (la aprobación de la ley de trasparencia constituye un hito importante, que aún no logramos utilizar en toda su extensión). Lo cierto es que hoy, con diferente intensidad, el pueblo empieza a ejercer un control que no se había visto antes. Hoy, el pueblo observa, y por ello no es casualidad que la votación parlamentaria que aprobó la ley del 10% se trasmitiera directamente por la televisión abierta, o que la audiencia de formalización de Martín Pradenas, trasmitida on line por el Poder Judicial, presentara más de un millón de conexiones. Pero no sólo observa, manifiesta su voluntad de múltiples maneras, en las redes sociales, en los caceroleos, en las protestas en las calles, como lo hemos podido ver en las últimas semanas en prácticamente todo el país. Y esa voluntad está siendo tan poderosa, que al menos en algunas oportunidades, como las mencionadas, logra su voluntad.

Por supuesto que todo esto no asegura ni que se repita, ni menos que se consolide; pero muestra un camino, y da esperanzas.

Villa Alegre 1 de agosto de 2020