lunes, 12 de octubre de 2026

CRÓNICA DE UN ROBO EN PRIMAVERA. El robo de "El huaso y la lavandera"

 

CRÓNICA DE UN ROBO EN PRIMAVERA

 

Museo Nacional de Bellas Artes, 10 de octubre de 1981

 

Son cerca de las 13 horas en el Museo Nacional de Bellas Artes, el principal recinto del país dedicado a las artes visuales. En el segundo piso, allí donde de manera permanente se exponen obras de artistas “consagrados”, dos alumnas de un liceo recientemente municipalizado —un establecimiento con número, como tantos— observan con atención una pintura de tamaño reducido, (Alto 42.5 cm - Ancho 35 cm) con una escena costumbrista, y que a esas alturas, sábado 10 de octubre de 1981, ya es un verdadero ícono de la pintura nacional. Quieren una buena nota. Ya hicieron el mayor sacrificio escolar: ir al museo. La ficha en la sala es brevísima, la tarea exige más. Se alejan unas decenas de metros hasta encontrar a un guardia. Le piden más información sobre el autor y aunque no es esa su función, amablemente se ofrece para conseguirles lo que necesitan. El funcionario baja a buscar un folleto que sabe que existe y las puede ayudar.

Las escolares continúan recorriendo el museo mientras esperan. A las 13:04, con los mayores antecedentes aportados por el guardia, regresan nuevamente a la sala. Pero esta vez el muro está vacío, “El huaso y la lavandera”, de Mauricio Rugendas, ha desaparecido.

Mauricio Rugendas, había nacido en Bavaria, en 1802 y especialmente bajo la inspiración de Humbolt, cuyos textos sobre América habían circulado extensamente en el mundo cultural de Europa, y mostrado un continente en el que una naturaleza grandiosa, dinámica y viva se integra plenamente con las culturas originarias, decide venir a conocer el todavía “Nuevo Mundo”.

Viajero incansable, recorrió América durante dos décadas. Estuvo en Brasil, México, Perú, Bolivia, Argentina y Uruguay; en Chile permaneció entre 1834 y 1842 y luego entre 1845–1847

Mientras la aristocracia local miraba a Europa, y los escasos pintores que había en el país les hacían sus retratos, Rugendas miró a la calle y al campo: escenas costumbristas, personajes anónimos, oficios, fiestas populares, paisajes urbanos, temas históricos y patrióticos, entre otros. También colaboró con Claudio Gay en la ilustración de dibujos naturalistas, de tipos y costumbres, así como de paisajes del país, para el Atlas de la Historia Física y Política de Chile que este escribiera.

Dentro de sus paisajes campestres, El huaso y la lavandera —una escena íntima del mundo rural— se volvió emblema de esa sensibilidad, y una de las imágenes más reconocibles del arte del siglo XIX en Chile. Se trata de una obra de pequeño formato -fácil de retirar y ocultar-, rectangular y de orientación vertical, En ella, una mujer arrodillada está lavando ropa, a la orilla de un río rodeado de vegetación. Viste blusa blanca y falda roja. Sostiene una tela cuya parte inferior se sumerge en el agua. A su lado, un huaso montado sobre su caballo la observa, mientras éste bebe agua del río. Lleva chupalla de paja trenzada y un poncho rojo que contrasta con el verde del paisaje. Al fondo, un puente y árboles completan la escena.

La popularidad del cuadro es tal en esta época, que su utilización publicitaria alcanza dimensiones grotescas. Así, es la pintura que ilustra la portada del folleto “200 años de pintura chilena. Exposición itinerante”, de 1977, organizada por el Departamento de Extensión Cultural del Ministerio de Educación… y no está entre las 40 obras que constituyen dicha exposición.

La popularidad del cuadro, el lugar del robo, y las características de éste, -a plena luz del día, en momentos en que el museo está abierto al público- contribuyen de manera decisiva a que la conmoción por el robo sea enorme.

La noticia tuvo de inmediato categoría nacional.

Chile vivía bajo la sangrienta dictadura cívico militar encabezada por Augusto Pinochet Ugarte. De acuerdo al discurso oficial, ese año parecía uno de consolidación y éxito: en marzo se había promulgado la nueva Constitución aprobada en el fraudulento plebiscito de 1980; el 1 de mayo había entrado en vigencia el sistema de AFP; el 15 del mismo mes se municipalizó la enseñanza; en agosto se instauró el 11 de septiembre como “Día de la Liberación Nacional”.

El robo se producía en un país que vivía con toque de queda, centros de tortura clandestinos, y cientos de detenciones arbitrarias que llevan, siempre a la tortura, pero además pueden hacerlo a la muerte o a la desaparición forzada de personas, con una prensa y un poder judicial serviles hasta la grosería frente al dictador y sobre todo, un clima de terror que el propio tirano se encargaba de profundizar. Tres meses antes, en entrevista con la Revista Qué Pasa, el dictador había afirmado: “en este país no se mueve una hoja sin que yo lo sepa”.

Y ahora no se había movido una hoja, se había movido mucho más que eso, un cuadro, y no cualquiera, probablemente el más reconocible de la pinacoteca nacional por el público no erudito.

El Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) uno de los principales centros de difusión de las artes visuales en nuestro país ha estado siempre vinculado a la tradición republicana. Fue fundado precisamente un 18 de septiembre, del año de 1880, bajo el nombre de Museo Nacional de Pinturas, y es el primer museo de arte que se crea en América Latina.​ Desde 1910, ocupa un edificio ubicado en el Parque Forestal, el llamado Palacio de Bellas Artes, obra del arquitecto franco-chileno Emile Jéquier, construido en conmemoración del centenario de la nación. Fue declarado Monumento Histórico en 1976. Su diseño está inspirado en el famoso Petit Palais de París. ​

El museo posee un patrimonio artístico compuesto por más de 3.000 piezas, tiene la principal selección de escultura chilena y la segunda de pintura nacional más completa del país, adquiridas por medio de compras, donaciones y premios de salones oficiales. La pintura El Huaso y la lavandera fue comprada en 1939.

De este modo, el museo de arte más importante del país—símbolo de continuidad republicana y cuya protección era (y es) obligación del estado— aparecía vulnerado a plena luz del día, a pocas cuadras del entonces edificio Diego Portales (hoy Centro Cultural Gabriela Mistral), epicentro del poder militar.

Las policías anunciaron que pondrían todos sus medios disponibles para identificar a los autores y recuperar la pintura, los tribunales iniciaron una causa y las autoridades administrativas del museo el correspondiente sumario.

El robo se tradujo en la mayor campaña de difusión sobre una obra de arte robada que había habido hasta ese entonces. La noticia y la imagen del cuadro apareció en toda la prensa de circulación nacional, y en todos los canales de televisión. La propia directora subrogante del Museo hizo llegar una carta a los directores solicitándoles “su colaboración en el sentido que a través de su medio de comunicación se publique la imagen completa del cuadro sustraído días atrás, a fin de que sepa reconocerlo la mayor cantidad de público posible”([1]).

La Nación, el diario de gobierno, tituló: “El robo del siglo: El huaso y la lavandera”, “Robo del cuadro de Rugendas afecta al patrimonio nacional”, “Control de aeropuerto por la policía para recuperar la obra”.

El Mercurio anunció: “Cuadro de Rugendas: Interviene INTERPOL”.

La Tercera informó: “Rugendas robado, vasta campaña para recuperarlo”.

Sin ninguna información concreta sobre cómo se efectuó el robo, quienes lo cometieron o cuales fueron los motivos, las hipótesis proliferan. La imaginación periodística compensa la ausencia de datos. En un país donde la información política se controla, un robo artístico permite desplegar fantasías sin riesgo.

·         “Extranjero en robo del Rugendas”.

·         “Conocedor del arte —y del Museo— es el ladrón del más famoso cuadro de Rugendas”;

·         “Autor del robo sería un sicópata”;

·         “¡Una mujer sería quien robó valioso cuadro del Museo! Se habría vestido de hombre para engañar a guardias”.

Esos fueron algunos de los titulares con que nuestra prensa, acostumbrada a esas alturas a inventar algo cuando no había información, fue haciendo más y más llamativo el caso.

Pero todo duró poco. Al cuarto día de perdido el cuadro, una llamada telefónica anónima señaló que la obra seguía en el edificio del museo, pero esta vez en una bodega.

La pintura fue recuperada en perfectas condiciones.

No hay detenciones. No hay responsables. No hay explicaciones.

La conmoción se tradujo en la mayor campaña de difusión sobre una obra de arte robada que había habido hasta ese entonces. La noticia y la imagen del cuadro apareció en toda la prensa de circulación nacional, y en todos los canales de televisión. La propia directora subrogante del Museo hizo llegar una carta a los directores solicitándoles “su colaboración en el sentido que a través de su medio de comunicación se publique la imagen completa del cuadro sustraído días atrás, a fin de que sepa reconocerlo la mayor cantidad de público posible”([2]).

El expediente quedó sin rostro y la prensa, sin material para seguir fabulando, pasa a otra noticia.

Hasta el día de hoy sólo hay interrogantes ¿Quién? ¿Cómo? ¿Por qué?

El robo de 1981 es, probablemente, uno de los episodios de mayor impacto público en la historia del museo (junto con el posterior robo de la escultura El dorso de Adela, de Rodin). Pero lo que distingue este caso no es solo el valor patrimonial de la pieza, es especialmente el clima de época: control absoluto proclamado desde el poder, reformas estructurales en marcha, optimismo oficial, y bajo todo ello, una vulnerabilidad silenciosa.

Desde entonces, El huaso y la lavandera ya no es únicamente una escena costumbrista del siglo XIX pintada por un bávaro fascinado con América, es también una escena del Chile de 1981.

Una obra que fue arrancada del muro en minutos y devuelta días después.

En la actualidad, se sigue exhibiendo en el mismo museo, con un poco más de seguridad adicional.

Un cuadro que, por un instante, dejó al descubierto que incluso en los regímenes que dicen saberlo todo, algo importante puede desaparecer, sin que nadie sepa quien lo hizo, por qué, o a donde fue.

 

 



[1] LA TERCERA, “En Santiago y Quinta Región rastrean el cuadro robado”, 22 de octubre de 1981.

[2] LA TERCERA, “En Santiago y Quinta Región rastrean el cuadro robado”, 22 de octubre de 1981.

miércoles, 30 de julio de 2025

¿POR QUÉ LA DERECHA CHILENA ES TAN CORRUPTA?

 


 

En los últimos años hemos estado plagados de casos de corrupción en los más diversos ámbitos y en especial el político. No puede llamar la atención entonces que muchos sostengan que todo el mundo político está en la misma situación, que todos son igual de corruptos. “Que se vayan todos” es un grito que de pronto se ha escuchado en alguna manifestación.

Pero nada más empezar a indagar sobre el fenómeno, se ve que esa no es la realidad.

Si bien es cierto que la corrupción es un fenómeno complejo, que se presenta en diversos escenarios, con múltiples formas y niveles en una sociedad, que sus causas son claramente multifactoriales, y que hay políticos involucrados de diferentes partidos, lo también cierto es que cualquiera sea el indicador que se utilice, (políticos condenados, formalizados, investigados por los tribunales, montos involucrados, etc.,) lo primero que se descubre, es que los casos de corrupción no están repartidos proporcionalmente al azar, esto es, hay sectores políticos en donde dicha conducta es muchísimo más frecuente que en otros. Y lo segundo, que la derecha, con la UDI a la cabeza, seguida de cerca por RN y ahora por el Partido Republicano, es lejos, y desde hace ya mucho tiempo, el sector político con más casos de corrupción.

No se trata de defender a unos corruptos y condenar a otros. NO, Ni desconocer que también ha habido corrupción en otros sectores políticos. Todos merecen la mayor condena. Lo que aquí simplemente queremos abordar es por qué en la élite política de la derecha se dan los mayores niveles de corrupción conocidos hasta ahora.

Cathy Barriga, Virginia Reginato, Daniela Peñaloza, Raúl Torrealba, Rodrigo Delgado, Felipe Guevara, Miguel Ángel Aguilera, Joaquín Lavín, Luis Hermosilla, Marcela Cubillos, Andrés Chadwick, Andrea Molina, Angela Vivanco, Daniel Sauer, Felipe Ward, Pablo Longueira, Jovino Novoa, Cristián Leay, Pablo Wagner, Jaime Orpis, Marta Isasi, Karen Rojo, Cristian Labbé, Daniela Peñaloza, Carolina Silva, son algunos de los políticos de derecha más conocidos e involucrados en casos de corrupción. Hay decenas más solo en municipios menos relevantes, como Mario Meza, en Linares, José Luis Yáñez en Algarrobo,  Nora Cuevas, en San Bernardo. Fernando Paredes en Puerto Natales, etc. etc. A ellos podríamos agregar también a los más de 70 involucrados en el fraude con facturas falsas ligados al caso de la plataforma SocialTazk que controlaba Joaquín Lavín León.

Algunos de ellos ya han sido condenados, como Jovino Novoa, Jaime Orpis, Marta Isasi, Karen Rojo, Felipe Arenas, Iván Moreira, otros están ya formalizados, como Cathy Barriga, Joaquín Lavín León, Raúl Torrealba, o Mario Meza y los más, siguen siendo investigados.

Surge entonces legítimamente la pregunta ¿por qué la dirigencia de la derecha es tan corrupta?

Entendida la corrupción como el abuso de poder para obtener beneficios de interés personal, habitualmente económicos, pero no exclusivamente, cuando se trata de conductas individuales, éstas se pueden explicar a partir de dos condiciones, un espacio de poder desde donde actuar, y una voluntad de querer hacerlo. Pero para entender la situación de la derecha surge un tema adicional y es que para que muchos, dentro de un mismo sector político y social realicen conductas de corrupción, no basta con estar en un espacio de poder y “tener ganas de ser corrupto”, se necesita algo más. Y como la respuesta genética (“nacen corruptos” diría Lombroso) hoy carece de sentido, la respuesta debemos buscarla en el entorno social.

El primer sociólogo que estudió seriamente las conductas delictivas desarrolladas desde el poder fue el norteamericano E. Sutherland. En 1939 presentó ante la Asociación Americana de Sociología su artículo titulado “Criminalidad de Cuello Blanco”, en el que desafiaba la idea, generalizada hasta entonces, de que el delito estaba asociado prácticamente de manera exclusiva a los sectores más bajos de la sociedad (criminalidad de “cuello azul”, por los overoles de ese color que generalmente utilizaban los trabajadores manuales). Diez años más tarde, el mismo autor, ampliando la información, publicó el libro “Delito de Cuello Blanco”, consiguiendo verdaderamente revolucionar el mundo de los estudiosos del delito, al exponer decenas de casos en que personas de alta posición social cometían delitos en el ejercicio de su profesión o actividad. Delitos de cuello blanco, delitos económicos, delitos de los poderosos, son algunos de los nombres con que hoy se conoce este tipo de crímenes. Se trata, en términos generales, de delitos cometidos desde situaciones de poder, económico y/o político preferentemente, en el ejercicio mismo de ese poder y vinculados a temas relacionados mayoritariamente con dineros, es decir, aquellas conductas que hoy podemos agrupar en la expresión genérica “corrupción”.

Pero Sutherland no sólo puso de relieve la conducta delictiva de muchos poderosos, también hizo presente que hay situaciones en que los delitos cometidos desde las organizaciones pueden ser sistemáticos y permanecer en el tiempo, incluso después de cambiar todos los mandos de esas organizaciones. Esto significa que los delitos no son el resultado de individuos inmorales aislados, sino más bien que forman parte de un patrón de conducta que se perpetúa dentro de la organización, debido a normas, incentivos y estructuras que facilitan o permiten este comportamiento. Sutherland fue, en estas materias uno de los primeros que propuso una comprensión más estructural de cómo las presiones sociales afectan a las personas. Hoy innumerables teorías sociológicas tratan de explicar la incidencia del entorno social en las conductas desviadas. Muchas de ellas, de una u otra manera plantean la idea de una “subcultura”, que en este caso, es una “subcultura de la corrupción”.

En términos generales una subcultura es un conjunto de personas, que dentro de una cultura más amplia, mantienen cierta identidad propia, comparten valores, creencias, comportamientos, intereses o estilos de vida propios, y a menudo códigos lingüísticos, formas de consumo, redes cerradas, y estructuras de socialización particulares que los distinguen del grupo mayoritario.

La dirigencia política y económica (a menudo se confunden) de la derecha, como subcultura, se manifiesta de múltiples maneras. Barrios como Vitacura, Lo Barnechea, las Condes, Colegios como el Grange, el Verbo Divino, Villa María, SS.CC. de Manquehue, el Colegio Alemán, (Alguien cree que es casualidad que Kast y Mathei hallan estudiado en el colegio Alemán de Santiago y Kaiser en el colegio alemán de Temuco) son algunas de las muestras más visibles de la condición de sector social diferente al resto. A ello podemos agregar una fuerte endogamia social: los matrimonios, las amistades y las alianzas empresariales se forman dentro de un círculo restringido. La élite derechista se relaciona, se casa y hace negocios dentro del mismo círculo. Los apellidos, los contactos familiares y las redes sociales cerradas, clubes, empresas familiares, fundaciones, funcionan como filtros de exclusión. La élite derechista consume productos y experiencias (ropa, arte, viajes, restaurantes) que no son accesibles a la mayoría, marcando una diferencia, que claramente las distingue del común de los chilenos. En síntesis, en una sociedad fuertemente segmentada, como la nuestra, ellos constituyen un sub grupo social, económico y cultural, una subcultura en términos sociológicos.

Pero no se trata de una subcultura cualquiera, es una subcultura de la corrupción.

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Estar situado en un espacio de poder constituye un requisito esencial para realizar actos de corrupción. El otorgar conocimiento privilegiado, y/o control y autoridad sobre decisiones, y/o la capacidad de influir en ellas, afectando recursos y personas, en definitiva ejerciendo un espacio de poder, es no sólo tierra fértil para la corrupción, sino un requisito esencial para que ella se produzca.

Respecto de este primer requisito, no resulta difícil comprender que la derecha, tienen “ventajas comparativas” al respecto. Más allá de quien esté en el gobierno, la derecha sigue controlando los mayores espacios de poder en nuestro país. En primer lugar, y el más importante pues desde aquí se logra controlar muchos otros, el poder económico, en prácticamente todas sus áreas, pero además, el mundo militar y policial, el poder judicial, los municipios más ricos, las universidades privadas y muy especialmente los medios de comunicación.

Pero como hemos señalado, es necesario algo más.

Recordemos, para empezar que los dos partidos históricos de la derecha surgen desde la corrupción misma, durante el gobierno del dictador, genocida y ladrón Augusto Pinochet, para defender dicha dictadura, (ambos partidos, en el plebiscito del 5 de octubre de 1988, apoyaron la opción "Sí", es decir, que Pinochet siguiera asesinando y robando desde el poder por 8 años más), de la que muchos de sus fundadores fueron activos integrantes. No olvidemos que es durante esta dictadura que la corrupción alcanzó los mayores niveles de la historia en nuestro país. Sólo el propio dictador se robó más de 16 millones de dólares según lo ha dictaminado la justicia recientemente.

La UDI surge desde el llamado “movimiento gremialista”, cuyos máximos dirigentes estuvieron involucrados ya en la estafa que significó la “Cooperativa de Ahorro, Crédito y Servicios Financieros "La Familia" Ltda.”, en los años 1976 y 1977 y que significó la condena de varios en 1982.

Renovación Nacional surge de la fusión del Movimiento Unión Nacional, liderado por Andrés Allamand, el Frente Nacional del Trabajo, vinculado a Sergio Onofre Jarpa, ministro del interior del dictador y responsable directo de centenares de muertos en las protestas, el Partido Nacional Renovado, y otros grupos menores.

Pero recordemos también que no sólo surgen para apoyar a un gobierno corrupto del que formaban parte. Hasta hoy, sus principales exponentes en este momento, Matthey, Kast y Kaiser, siguen defendiendo el gobierno más criminal, corrupto y asesino que ha conocido nuestra historia.

Sin embargo el elemento que mejor ayuda a explicar una subcultura de la corrupción probablemente sea el mantenimiento de forma sostenida en el tiempo, de una ética carente de principios, que hace de la corrupción una práctica más, que en algunos casos se esconde, en otros se apoya y en algunos se condena de los dientes para afuera.

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Tener principios morales significa adherirse a un conjunto de normas y valores que guían el comportamiento de una persona, que funcionan como una verdadera “brújula” interna que lo orienta ayudándolo a diferenciar entre lo que considera correcto e incorrecto, justo e injusto. En resumen, tener principios es actuar de acuerdo con un conjunto de valores que guían el comportamiento hacia lo que se percibe como correcto, promoviendo el bienestar propio y el de los demás. Se tiene principios no cuando en el discurso público se anuncian, sino cuando éstos orientan las decisiones y las acciones en la vida diaria, cuando existe una consecuencia entre el decir y el actuar.

Con la élite derechista pasa todo lo contrario. Por un lado presentan un discurso valórico muy rígido, en algunas materias con apego irrestricto al discurso católico conservador, en materia de corrupción a veces con un discurso vociferante, pero un gran número de sus más altos dirigentes hacen exactamente lo contrario, y ello con la condescendencia de sus organizaciones.

Sabido es que en materia sexual y matrimonial su discurso suele ser de una pacatería propia de Edad Media, pero defendieron a pedófilos como Paul Shafer, Karadima o Macaya. Marcela Cubillos, como muchos de su sector votó en contra del divorcio, pero nada más aprobada la ley, se divorció para casarse con Andrés Allamand. Kathy Barriga, alcaldesa de la UDI, el partido más conservador en su discurso moralizante, terminó haciendo pornografía y vendiéndola.

Jovino Novoa condenado como delincuente a una pena remitida de 3 años el 2015, continuó en el partido hasta su muerte, seis años después, el 2021.

Joaquín Lavin Infante reconoció en un programa de televisión haber lucrado con su inversión en la Universidad Del Desarrollo, lo que era, y es, absolutamente ilegal, pues por ley las universidades no pueden tener fines de lucro, y sin embargo siguió siendo militante de la UDi sin problema alguno por sus declaraciones.

Un caso paradigmático de este doble discurso es el caso del diputado Marcelo Ojeda, diputado del Partido Republicano, cuyo encendido discurso anticorrupción en el parlamento sigue circulando en las redes sociales. Hoy está preso por fraude al Fisco reiterado y fraude frustrado y la Fiscalía pide una condena a 19 años.

En donde sin embargo el cinismo, el doble estándar y la falta de principios alcanza niveles inconmensurables es en materia económica.

Toda la derecha dice defender el libre mercado, pero defendieron y representan a aquellos empresarios que no tuvieron escrúpulos para robar a todos los chilenos con la colusión de los pollos y del papel tisú (papel higiénico, servilletas, toallas de papel, pañuelos desechables, a los enfermos con la colusión de las farmacias, a los compradores de autos con la colusión de las navieras que los traían, a los jugadores con la colusión de los casinos, o a las empresas naviera comprando parlamentarios que aprueban leyes cuyos textos son redactados por las mismas navieras que se benefician con ellos. (Hoy deberíamos hablar del “ Tren de los Pollos” o el “Tren de las Farmacias”, aunque el daño económico causado a los chilenos por estos delincuentes es mayor, en monto y número de personas afectadas, que el ocasionando por los otros delincuentes a quienes si llamamos “Tren de Aragua”).

La corrupción en la derecha no es por cierto un tema individual, y no comprende sectores aislados de las esferas de poder en el país. El caso Hermosilla por ejemplo, permitió develar una compleja telaraña, en la que las redes de corrupción comprendían, entre otros a abogados, (Luis Hermosilla, María Leonarda Villalobos), empresarios (Daniel Sauer),  políticos (Andrés Chadwick, Marcela Cubillos), fiscales del Ministerio Público (Manuel Guerra), Ministros de Corte Suprema (Ángela Vivanco), Director General de la PDI (Sergio Muñoz Yáñez), y con la Escuela de Derecho de la Universidad San Sebastián como caja pagadora de favores políticos, financiada entre un 57 y un 60% con recursos públicos, (Aporte Fiscal Directo AFD, Aporte Fiscal Indirecto, AFI, fondos de gratuidad, becas, etc.), es decir de todos los chilenos.

Pero no sólo eso, incluso premian a los corruptos, conociéndose públicamente que son corruptos.

La médico María Luisa Cordero, cuya concepción política es pre revolución francesa, pre democracia, en donde el voto de las personas vale lo mismo para todos, (el voto de ella debiera valer 10 veces el de nana, dice ella ) fue sorprendida por un equipo de televisión vendiendo licencias, sin que existiera enfermedad, y luego fue premiada por la derecha con una candidatura a diputada, que le permite hoy ocupar un escaño como parlamentaria de la nación. Y no olvidemos que cuando estalló el escándalo de los viajes al extranjero estando con licencia médica, destapado por la Contraloría, salieron rasgando vestiduras y desprestigiando -una vez más- a todos los funcionarios públicos.

Hace unas semanas José Antonio Kast presentó con mucho orgullo a su “coordinador de toda la propuesta económica”, el “destacado economista” Jorge Quirós, quien fue la persona que diseñó el modelo económico que permitió que las principales empresas avícolas se repartieran el mercado mediante cuotas de producción, la colusión de los pollos,  coordinador de la colusión de los pollos, y más tarde el que defendiera a SalcoBrand, negando la colusión de las farmacias.

Como alcaldesa de Providencia, Matthey contrató a Manuel Guerra como “asesor de probidad” en la municipalidad, más tarde lo hizo Rodolfo Carter en la municipalidad de La Florida, para ejercer el rol de "defensor de la gente", hoy implicado en el caso Hermosilla.

Matthei contempla en su equipo de “expertos en seguridad” a Christian Alveal, ex funcionario de gendarmería, condenado por acoso laboral en 2023, y sancionado por la Contraloría por dejar sin efecto un sumario que lo involucraba a el mismo, por pago de doble remuneración.

Pues bien, no puede extrañar entonces que una historia de corrupción, y una práctica que lejos de condenarla, (más allá de los discursos), terminan minimizándola, o aún premiándola, generan una subcultura en que el soborno, el cohecho y en general la corrupción, se presentan como una realidad cotidiana, que no merece sanción social alguna entre los pares, o cuando estalla por la prensa, muy baja, (¿clases de ética?) pues al tener capturada buena parte de la institucionalidad, y ser dueños de los medios de comunicación, la impunidad es la regla.

Edwin Sutherland, el mismo autor que citamos al comienzo, plantea, en su teoría de la asociación diferencial, que el comportamiento delictivo se adquiere mediante contacto frecuente con personas que aprueban o practican el delito. Tal vez sea tiempo de tenerlo presente para entender la corrupción en la derecha.

Fernando García Díaz

Julio de 2025

miércoles, 7 de mayo de 2025

OCHENTA AÑOS DESPUÉS. A seguir luchando contra el fascismo

 

"¿Qué nos enseña el pasado para entender lo que está sucediendo ante nuestros ojos? 

No todo, pero tal vez algo".

“Fascismos”,

Enzo Traverso

 

La II Guerra Mundial empezó, en Europa, en 1939, cuando Alemania invadió Polonia. Y terminó, también en Europa, cuando el calendario marcaba el 8 mayo de 1945, en países como Francia, Reino Unido y Estados Unidos, o el 9 de mayo en la URSS, cuando en Berlín el mariscal alemán Wilhelm Keitel, firmaba la rendición incondicional ante las tropas soviéticas. Hace de esto, ochenta años.

En esos casi seis años de guerra, la humanidad entera pudo conocer el fascismo en su expresión más brutal. Una Europa destruida, decenas de millones de heridos y mutilados, y sobre todo, entre 70 y 85 millones de muertos, dejó el conflicto en todo el mundo. Pero los heridos y muertos no se repartieron al azar. Tratándose de muertos, Francia tuvo uno 600 mil, Reino Unido unos 450 mil y Estados Unidos unos 420 mil. Entre 24 y 27 millones corrieron por cuenta de la Unión Soviética. Y ello no fue casualidad.

El 22 de junio de 1941 (pleno verano), comenzó la invasión de la Alemania nazi a la Unión Soviética. Se trató de la acción militar más grande en la historia de la humanidad, en soldados y maquinaria bélica. Más de 3,5 millones de soldados alemanes y unos 600 mil de países aliados (Rumania, Finlandia, Hungría Eslovaquia, …), más de 600 mil vehículos motorizados, entre 3.500 y 4.000 tanques y entre 2.700 y 3.000 aviones operativos para el ataque inicial. Los objetivos eran claros, derrotar a la Unión Soviética en pocas semanas, capturar Moscú, Leningrado y los campos de petroleros del Cáucaso, adquiriendo recursos naturales, especialmente petróleo y tierras agrícolas para el Tercer Reich, exterminar o esclavizar a la población eslava, considerada racialmente inferior por la ideología nazi y destruir la capacidad militar y el sistema comunista soviético. 

Y  había antecedentes para que los nazis soñaran con una rápida victoria sobre la URSS, Dinamarca se rindió en 6 horas, los Países Bajos (Holanda) en 5 días, Bélgica en 18, y el país mejor armado de esa ápoca, Francia, en 42 días.

Pero los objetivos nazis no se cumplieron.

La historia es conocida.  La Unión Soviética no sólo no se rindió, su resistencia fue heroica en prácticamente todo el territorio, alcanzando niveles épicos inimaginables en algunos lugares, como en Leningrado por ejemplo y en definitiva el rol de la Unión Soviética y el fracaso del Plan Barbarroja, fueron decisivos en la derrota del nazismo. Esta verdad es de tal envergadura que, en términos militares, algunos historiadores describen la guerra en dos capítulos, “De Berlín a Stalingrado” y “De Stalingrado a Berlín”.  

Hoy día, en una conducta que debiera avergonzar a sus responsables, políticos de occidentes, especialmente europeos, quieren olvidar precisamente esta verdad y para ello destruyen esculturas y homenajes a los soviéticos caídos y exageran el rol de acciones como el día en que los aliados lanzaron la invasión de Normandía, día D, que si bien constituyó un importante hecho bélico al abrir el segundo frente a Alemania, tuvo lugar el  6 de junio de 1944, esto es, cuando ya había empezado la derrota de Alemania más de un año y medio antes, con la derrota de Stalingrado (agosto del 42 a febrero del 43) y se había profundizado con la derrota en Kursk (junio del 43), esta última, la mayor batalla de tanques de la historia.

A ochenta años de la derrota del nazismo, una modalidad particular del fascismo, y conociendo las barbaridades que trajo a la humanidad, cuesta entender que movimientos de esta naturaleza, con las particularidades propias de los nuevos tiempos, vuelvan a crecer y a poner en riesgo la paz y la libertad en muchos países. Pero lo cierto es que, desde hace varios años, esto está ocurriendo. No es casualidad que la expresión fascismo, para referirse a determinados grupos políticos sea hoy de uso frecuente en el mundo del análisis político Ya sea sólo, fascismo, como parte de un neologismo, neofascismo, post-fascismo, o como expresión complementada “fascismos del siglo XXI”, lo cierto es que una ideología que muchos ingenuamente creyeron derrotada al final de la II Guerra Mundial, con la aniquilación de los gobiernos de Hitler y Mussolini, resurge con nuevas caras.

Si bien el fascismo clásico fue derrotado en 1945, importantes elementos de su ideología continuaron con los gobiernos de Franco en España y Salazar en Portugal. Y ya en los años 50 movimientos políticos con nombres como “nacionalismo identitario”, “derecha radical” o “populismo autoritario” presentaban claros rasgos fascistas. Por supuesto que si alguien busca hoy una copia, más o menos exacta de lo que fue el gobierno de Mussolini, o el de Hitler, claramente no la encontrará en ninguna de las propuestas signadas como “fascistas”. Tampoco encontrará grandes concentraciones de masas, marchas, uniformes y todo presidido por esos gigantescos estandartes que tan claramente hablaban de la estética fascista de los años 30. Lo que hoy encontramos son a sus continuadores.

Ahora si en los años 50 grupos de esa naturaleza resultaban en ese momento políticamente marginales, es especialmente desde el 2010 en adelante, luego de la crisis financiera del 2008, cuando el populismo neofascista empieza a tener fuerza. Lo verdaderamente peligroso de hoy, es que han adquirido un peso político e ideológico tal que pone en serio peligro todo lo alcanzado con la lucha de millones de seres humanos durante décadas y aún siglos, como el derecho a vivir en paz, la democracia, la libertad y los derechos adquiridos por los trabajadores. Centrados en provocar miedo, postulados como un nacionalismo excluyente, el rechazo a las minorías y los inmigrantes, un autoritarismo disfrazado de “defensa de la tradición y sus valores”, y aún el rechazo a la democracia liberal, se empiezan a constituir en elementos esenciales de un discurso político dirigido especialmente a sectores populares carentes de formación y experiencia política. A menudo los discursos contra la inmigración y con cierta frecuencia también contra la diversidad sexual y el feminismo, o los musulmanes, y hoy en Estados Unidos contra los latinos especialmente, constituyen temas esenciales en los planteamientos neofascista. El miedo al otro, que en la Alemania nazi se centró en el judío y en las supuestas “razas inferiores”, hoy se ha desplazado hacia nuevos actores.

Las últimas década  han conocido figuras como Bolsonaro, Bukele, Trump, Milei, Abascal y partidos y movimientos políticos como VOX, AfD, Demócrata de Suecia (hoy también una parte importante del Partido Republicano de EE.UU.) y otras organizaciones o movimientos de ultraderecha, como Oath Keepers, Proud Boys, Reichsbürger o Selbstverwalter, que están, definitivamente emparentados con el fascismo tradicional. Por supuesto que ninguno de ellos, ni las personas, ni los movimientos o partidos políticos se llaman fascistas, ni se reconocen como tales, por la carga negativa de la expresión. En nuestro país ocurre lo mismo. Ni Kaiser ni Kast, ni sus respectivos partidos se reconocen como fascistas, pero en política, como en todo, las cosas son lo que son, y no necesariamente lo que de ellas dicen sus propios partidarios.

El fascismo, hoy como ayer, aunque se presenta como ni de derecha ni de izquierda, es por definición una corriente política de la extrema derecha, una de cuyas características más visibles es precisamente su fuerte anticomunismo, militante, violentísimo en el pasado, (Alemania, Italia, España, Portugal), hoy menos significativo en los lugares donde las ideas marxistas tienen menos fuerza, pero igual de agresivo en países como Chile, en donde el PC es un partido relevante en la política nacional.

El fascismo, por supuesto no surge de la nada, sino al contrario, lo hace siempre bajo determinadas circunstancias, dos de las cuales se repiten en todos los escenarios. La primera, una crisis económica y/o política aguda, que muestra una realidad aparentemente sin salida. La segunda, una incapacidad de la izquierda para ponerle freno al fascismo.

Estas dos circunstancias hacen aún más peligrosa nuestra realidad.

Aquí, nadie seriamente duda de la existencia de una crisis política, social y económica. Los partidos políticos y las instituciones han perdido toda credibilidad. La corrupción, el incumplimiento de las promesas de campaña, han dado lugar a una falta de confianza como no habíamos conocido otra en décadas. Las pensiones miserables, una salud cada vez más cara, sueldos que no permiten llegar a fin de mes, configuran un panorama más que complejo. El estallido social de 2019, cuyas peticiones aún están sin ser satisfechas en su mayoría, es un buen ejemplo de todo ello.

La incapacidad de la izquierda, que permitió el ascenso del fascismo histórico se caracterizó a su vez por dos elementos esenciales. Por un lado, una fuerte división, que abarcaba partidos y agrupaciones sindicales y por otro, una izquierda, política y orgánicamente desarmada, sin un discurso común que le hiciera ver los peligros que presentaba el fascismo, y las medidas a asumir para enfrentarlo.

A ochenta años desde el triunfo de los aliados sobre el nazismo, prodigar honor y gloria a quienes lo combatieron y lo derrotaron en 1945, constituye un imperativo moral y un deber histórico y especial atención nos deben merecer los soldados y el pueblo soviético, que fueron, sin duda, quienes más aportaron, en sacrificio y en vidas humanas para permitir que el mundo se viera libre de la bestia fascista.,

Y la mejor manera de hacerlo, es siguiendo su ejemplo y luchando contra él. La unidad de la izquierda, y de las más amplias fuerzas democráticas y populares en torno a un programa transformador, que consagre el derecho de cada país a la libre determinación, que profundice la democracia y los derechos humanos, que haga frente a los problemas provocados por el neoliberalismo, como la crisis alimentaria y sanitaria, las migraciones forzadas, las zonas de sacrificio provocadas por el extractivismo y la destrucción ambiental, se presentan como elementos esenciales en lo que debe ser hoy, ochenta años después, nuestra lucha contra el fascismo.

Fernando García Díaz

8 de mayo de 2025


jueves, 26 de diciembre de 2024

ABORTO, HIPOCRESÍA DE LA DERECHA Y FALSEDAD DE LA IGLESIA

 


El aviso que se postergaba hasta enero la propuesta de ley que amplía los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres estableciendo el aborto libre hizo una vez más saltar a los representantes de la derecha política y del mundo conservador en lo moral, (que a menudo van de la mano). Como no podía ser de otro modo, el arzobispo de Santiago, Fernando Chomali salió a condenar esa posibilidad y políticos de la UDI, RN y la DC a señalar que el gobierno no tiene los votos para avanzar con el proyecto, o peor aún, que no era un tema relevante y que no se podía legislar para las minorías. (¡Como si no se tratara de miles de mujeres que cada año deben decidir entre realizarse un aborto clandestino o no, decisión que considera aspectos como la significación de la muerte, la valoración de su sexualidad, la calidad de vida, el derecho a la autodeterminación de sus cuerpos, en definitiva, su propia dignidad!)

Ya habíamos visto una pataleta de niños malcriados en la derecha cuando entre los anuncios de la Cuenta Pública rendida por el Presidente Boric este 1° de junio de 2024, señaló que iba a proponer un proyecto de ley que ampliara los derechos sexuales y reproductivos de la mujer, estableciendo el aborto libre. Bastó que mencionara el tema, para que, algunos diputados de la extrema derecha nacional, olvidando lo que debiera ser su principal actitud, estar dispuestos a discutir democráticamente los temas, en definitiva, a parlamentar, (para lo cual es básico oír al interlocutor), hicieron abandono del salón.

Nadie discute la importancia de penalizar el aborto sin o contra la voluntad de la mujer embarazada. El tema conflictivo es el aborto consentido. Desde hace ya varios años y especialmente desde después del estallido social, la legalización del aborto libre se ha venido planteando como demanda, en numerosos foros, en el propio parlamento, en el mundo del feminismo, en las manifestaciones callejeras, en definitiva, en instancias de todo tipo.

 De manera permanente y obstinada, la derecha se ha opuesto a discutir el tema, y cuando no ha podido eludir la discusión, ha votado en contra. Al hacerlo, siempre se ha insistido en que ellos están en contra del aborto porque se trataría de un crimen horroroso, contra los más desvalidos suelen agregar, y que por ello debe mantenerse y sancionarse como delito. Mirado desde afuera el discurso puede parecer incluso coherente, pero a poco de analizar surge verdaderamente como un acto de suma hipocresía,

 Desde luego, estar en contra del aborto debiera significar en primer lugar estar dispuesto a movilizar acciones y recursos para prevenir su ocurrencia, para disminuir su realización al mínimo posible. Y aquí aparece el primer acto de hipocresía.

 Sabido es que la gran mayoría de los abortos consentidos, y sólo a ellos nos referimos aquí, son resultado de un embarazo no deseado. Por ello, no puede extrañar que lo que efectivamente disminuye el número de abortos, es precisamente la reducción de los embarazos no deseados. De este modo, el primer objetivo a tener en cuenta en una política contraria al aborto debiera ser la disminución de dichos embarazos. Ahora bien, la experiencia y la investigación internacional demuestran, sin ninguna duda, que entre los factores que más ayudan a disminuir los embarazos no deseados se encuentran:

·  La educación sexual y reproductiva

·  La planificación familiar

·  Los servicios anticonceptivos fácilmente al alcance de quienes tienen una vida sexual activa.

·  El aumento del poder de las mujeres en la capacidad para tomar decisiones sobre aspectos sexuales y reproductivos.

Un caso paradigmático de lo que estamos planteando lo constituye Países Bajos (Holanda) que posee la mayor libertad para la práctica del aborto y sin embargo presenta una de las tasas más bajas de la Unión Europea, como consecuencia de un exitoso plan de educación sexual.

En nuestro país en cambio, un plan de educación sexual y reproductivo a hombres y mujeres, que efectivamente empodere a estas últimas, que fortalezca la planificación familiar y permita acceso fácil a métodos anticonceptivos no ha podido implementarse, principalmente porque los mismos parlamentarios que tanto se escandalizan porque se va a colocar en discusión el tema del aborto, se han opuesto y se siguen oponiendo de manera sistemática a esto.

El segundo elemento a considerar es que si yo rechazo el aborto porque lo considero un delito grave, debo velar seriamente porque se sancione con la pena penal que corresponda tanto a las mujeres que se realizan un aborto, o consienten en que un tercero lo haga, como a dicho tercero. Y aquí vuelve a resurgir la hipocresía.

No tenemos cifras mayoritariamente aceptadas sobre el número de abortos ilegales que cada año se realizan en nuestro país. Un trabajo de Molina y cols. del año 2013 estimaba la cifra entre 72 mil y 148 mil. Cifras más recientes oscilan entre 60 mil y 300 mil. Cual sea la cifra, impacta saber que entre octubre de 2017 y octubre de 2021, sólo 366 mujeres fueron imputadas por el delito de aborto.

Más allá de que la experiencia señala que la sanción penal es ineficaz para reducir la incidencia del aborto, quienes la sostienen, sabiendo que la cantidad de abortos realizados anualmente es cientos de veces superior a la que se condena en tribunales, nada hacen porque ello cambie. No hacen proposiciones legales para mejorar la persecución del delito, no piden más recursos para perseguirlo, ni la creación de brigadas especializadas, ni nada que busque efectivamente disminuir la cifra negra de casos no conocidos, ni menos condenados. En definitiva, no hay ningún interés real en que efectivamente se sanciones a quienes cometen el delito de aborto. Sólo les basta el discurso. No les preocupa que sólo tenga efectos simbólicos, pero no reales.

De este modo, en estricto sentido, la “penalización” del aborto en nuestro país no pasa de ser una mera ficción, afortunadamente.

Es decir, en la práctica la disposición penal es simplemente simbólica, y sólo busca satisfacer la conciencia de aquellos antiabortistas que quieren dormir tranquilos, sabiendo que “en nuestro país está prohibido el aborto”, pues no sólo no se aplica, sino que nada se hace por aplicarla. ¿Será porque en verdad su aplicación es imposible? ¿O alguien cree seriamente que tendríamos policías, cárceles, tribunales, guardias, y en definitiva sociedad para perseguir, enjuiciar y encarcelar cada año a varias decenas de miles de mujeres que abortan? ¿Y para dejar cientos de miles de niños huérfanos de madres?

En el caso de la DC, sus parlamentarios olvidan que durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964-1970), no sólo no se prohibió el aborto que contemplaba el Código Sanitario desde 1931¸ sino que se facilitó aún más su realización.


            PRO-VIDA. NI A FAVOR DE LA VIDA NI EN CONTRA DEL ABORTO


La situación de la Iglesia católica es aún más compleja. Desde luego porque hoy comparten mucho de lo señalado anteriormente, pero además porque hoy se oponen a todo tipo de aborto y declaran, reiteradamente, que esa ha sido la posición invariable de la Iglesia a lo largo de la historia, lo que es absolutamente falso.

Recordemos brevemente que de acuerdo a los planteamientos de la propia Iglesia Católica, los católicos sustentan su fe en tres grandes depositarios, la Sagrada Escritura, la Tradición Apostólica y el Magisterio Eclesiástico.

Sin duda la más importante de las tres debiera ser la “Sagrada Escritura”, esto es “La Biblia”.

La primera gran sorpresa que suelen experimentar los católicos cuando empiezan a indagar sobre su posición, es al enterarse que ni en el pentateuco, ni en los libros de los profetas, ni en los cuatro Evangelios, ni en Los Hechos de los Apóstoles, ni en ninguna de las 19 epístolas, es decir, ni en el Antiguo Testamento([7]), ni en el Nuevo Testamento([8])([9]), hay un solo versículo que sostenga la posición antiabortista que ellos sustentan. Es decir, no existe una sola condena al aborto consentido en ninguno de todos los textos a los que judíos o cristianos atribuyen origen divino. (La única referencia (Éxodo 21) trata de un aborto provocado contra la voluntad de la madre, es decir, de una materia absolutamente distinta a la planteada en la discusión actual, y que por lo demás, como única sanción merece la multa que el marido exija, pues probablemente se estima que se atentó contra su derecho a tener descendencia).

Recordemos también que el aborto es una práctica frecuente en la antigüedad, y particularmente en el mundo romano, en donde fue materia de referencia legal. Es decir, durante todo el tiempo que cubre el Antiguo y el Nuevo Testamento, el aborto es una conducta ampliamente difundida entre la población, una práctica acostumbrada, podemos decir incluso que usual, y aún más, que, junto al infanticidio, constituyen los dos métodos de control de la población que se emplean.

La segunda reflexión, que si el aborto hubiera tenido las valoraciones que le atribuye hoy la Iglesia Católica, “homicidio”, “crimen nefando”, etc., no resulta razonable pensar que simplemente “se les olvidó referirse a él”. Y menos aún si se trata de textos inspirados directamente por Dios.

No tenemos competencia para profundizar en lo que pueda estimarse como Tradición Apostólica”, pero si podemos recordar que de las epístolas integradas al Nuevo testamento y atribuidas a los apóstoles Santiago, Pedro, Juan y Judas, ninguna hace referencia al aborto.

En cuanto a los “Padres de la Iglesia”, sin duda el primero es Pablo de Tarso, cuyas epístolas, (13), también integradas al Nuevo Testamento, tampoco hacen referencia al aborto.

Antes de seguir parece necesaria una aclaración previa. El tema del estatuto jurídico del aborto,  refiere en la tradición católica en lo esencial a dos situaciones, cuándo comienza el individuo humano, y si esto se determina que ocurre antes de nacer, cuáles son los derechos que se le atribuyen.
Desde la tradición católica incuestionada, y siguiendo ideas griegas sobre la materia, el hombre se ha definido como la unión de cuerpo y alma. Es el alma inmortal la sustancia espiritual que constituye la esencia del ser humano, y es el momento en que el alma informa al cuerpo, llamado animación, lo que da origen al ser humano.

¡Antes de que ello ocurra no hay ser humano!

El instante en que se produce la animación ha sido uno de los temas teológicos más recurrentes en la historia del pensamiento cristiano.

Entre los Padres de la Iglesia ocupa un lugar destacadísimo la figura de  Agustín de Hipona, San Agustín. En el decir de Paul Johnson, “Agustín fue el genio sombrío del cristianismo imperial, el ideólogo de la alianza entre la Iglesia y el estado, y el creador de la mentalidad medieval. Después de Pablo, que suministró la teología básica, hizo más que ningún otro ser humano por plasmar el cristianismo”. Pues bien, aquel hombre que “hizo más que ningún otro ser humano por plasmar el cristianismo”, estimaba  que no debía considerarse homicidio el aborto de un feto aún no formado, y señalaba que la animación (la infusión del alma al cuerpo) ocurría en el feto en el día 45 después de la concepción.

Pero no solo Agustín de Hipona tiene una visión en ese sentido. “San Buenaventura afirma también que el alma no puede existir en el embrión antes que este se encuentre debidamente organizado, y San Alberto Magno sostiene que el alma es infundida al varón a los 40 días de gestación, a la mujer a los 90 días.

Si de la tradición teológica se trata, y aún cuando su existencia es varios siglos posteriores a los de Agustín, sin duda una figura descollante es Tomás de Aquino, que no sólo ha sido declarado santo, sino además investido de apodos como Doctor Angélico o Doctor de la Humanidad, por la propia Iglesia católica. Se trata sin duda del principal representante de la escolástica, y una de las mayores figuras de la teología. Tomás de Aquino no sólo cree en la animación tardía, sino es uno de sus principales exponentes.

Esta posición se ha seguido sosteniendo en la historia del pensamiento eclesiástico. Así por ejemplo, Tomás Sánchez de Ávila, teólogo español que vivió entre los años 1550 y 1610, y una de las mayores autoridades en teología moral, autor entre otros textos de uno con el ilustrativo título de “De sancto matrimonii sacramento”, elogiado por el Papa Clemente VIII, consideraba legítimo el aborto de diversas circunstancias.

                DESDE EL MOMENTO DE LA CONCEPCIÓN: ERRORES, IMPRECISIONES Y CONCLUSIONES ABSURDAS

De este modo, si bien existe una tradición oficial que se impone desde el Vaticano, primero a partir de la encíclica Apostolica Sedis, de Pio IX, en 1869 y luego de la Encíclica “Casti Connubi”, del Papa Pío XI, el año 1939, la verdad es que, la “Sagrada Palabra” no contiene ni un solo sílaba de condena al aborto consentido, la Tradición Apostólica presenta una diversidad de opiniones, y sus máximos exponentes, justifican el aborto hasta determinados momentos, y por último, el propio Magisterio ha mantenido una actitud fluctuante en su actuar, -como lo acredita la historia chilena del período de vigencia del aborto.

En la actualidad, un número creciente de católicos, entre los que hay respetables teólogos, (sacerdotes y monjas) sacerdotes y laicos, acepta la posibilidad de que el aborto sea legítimo en determinadas circunstancias. En lo esencial fundamentan su posición en la aprobación de la teoría de la animación tardía (hilemoformismo), rechazo a la fecundación como inicio del individuo y revalorización de la autonomía de la voluntad en el ámbito moral.

            ABORTO E IGLESIA CATÓLICA: OTRO MUNDO ES POSIBLE

Hoy, como ayer, podemos concluir que las conductas abortivas se dan en todos los estratos sociales, sólo que en los más bajos, a veces, a lo lejos, se castiga algún caso, y con frecuencia doblemente. Primero, pues las maniobras abortivas se suelen realizar por personal no profesional y sin condiciones de higiene y seguridad, aumentando los riesgos de enfermedad, esterilidad y muerte y segundo, pues para que el simbolismo efectivamente funcione, cada cierto tiempo, una ruleta invisible determina que alguna mujer pobre debe irse presa por el delito de aborto, para satisfacción de los antiabortistas.

En su simbolismo brutal, esa realidad es dramáticamente injusta, clasista y antidemocrática, y sólo se sostiene gracias a una derecha hipócrita, que en lo esencial es injusta, clasista y antidemocrática y a una jerarquía eclesiástica que no respeta ni siquiera su propia tradición.

 

Santiago 26 de diciembre de 2024

 

 

 

miércoles, 18 de diciembre de 2024

RECABARREN, PENSAMIENTO Y ACCION. A 100 AÑOS DE SU MUERTE

                                                                 ...

                                                    Nuestra meta final
                                                    Recabarren, tu palabra será,
                                                    Acuñada por el pueblo
                                                    Se agiganta tu verdad.

                                                    ...

                                  Himno de las Juventudes Comunistas de Chile

El 19 de diciembre de 1924, a la temprana edad de 48 años moría trágicamente Luis Emilio Recabarren considerado el padre del movimiento obrero y socialista en Chile.

Nacido el 6 de julio de 1876 en el seno de una familia muy humilde, desde muy joven empezó a trabajar como obrero tipógrafo, oficio que le permitió entrar en contacto con el mundo del pensamiento político y la prensa.

Ya en su juventud Recabarren se interesó por las ideas socialistas y la lucha por la justicia social, uniéndose en 1894 al Partido Democrático, fundado en diciembre de 1887 por el político y líder social villalegrino Malaquías Concha Ortiz. Este fue el primer partido político de carácter popular en nuestro país, representando especialmente a los trabajadores urbanos, que hasta entonces estaban marginados de la política tradicional chilena. En su seno se formaron dirigentes como el propio Recabaren, Luis Peña y Lara y otros.

Como pocos dirigentes obreros, y ningún otro en nuestro país, Recabarren fue capaz de unir pensamiento y acción.

Recabarren dedicó gran parte de su vida a la difusión de las ideas socialistas, ya sea mediante conferencias, sus propios escritos, publicados en decenas de periódicos, o la creación y dirección de periódicos obreros cuya labor esencial fue siempre la difusión de ideas socialistas y la educaban a la clase trabajadora. Algunos de sus periódicos más importantes fueron: El Despertar de los Trabajadores, La Voz del Obrero, El Socialista.

Su trabajo periodístico fue crucial para organizar a los trabajadores y darles herramientas políticas.

Gracias a su esfuerzo, y a partir de la Gran  Federación Obrera de Chile (1909), en su origen sociedad mutualista, surge con posterioridad la Federación Obrera de Chile F.O.CH., primera gran central sindical que existió en nuestro país.

Desilusionado con su enfoque reformista, junto a otros obreros y a su compañera de siempre Teresa Flores, en 1912, en la ciudad de Iquique, fundó el Partido Obrero Socialista (POS), que en 1922, y luego de adherir a los postulados de la III Internacional, pasaría a ser el actual Partido Comunista de Chile.

Convencido de que la solidaridad internacional es un deber, fue un gran defensor de la Revolución Rusa de 1917.

Hoy, a 100 años de su muerte, aún están vigente sus principales ideas, aquellas sobre las que escribió, pero sobre todo, las que fue llevando a la práctica como el incansable y consecuente luchador social que siempre fue:

1.- Necesidad de un cambio profundo en las estructuras sociales y políticas con el objeto de poner fin a la explotación de los trabajadores.

2.- Unidad, organización y educación de los trabajadores como herramientas fundamentales en la lucha por mejores condiciones de vida.

3.- Inclusión y participación de las mujeres en la lucha social.

4.- Necesidad de un partido político de los trabajadores, en defensa de los intereses de los trabajadores

5.- Necesidad de unos medios de comunicación de masas que permitan llevar la voz de los trabajadores a los distintos lugares del país

6. Solidaridad internacional, apoyando a los trabajadores y a los pueblos que lucha contra el colonialismo y la explotación.

 

                                                                   Santiago 19 de diciembre de 2024